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La suma de las partes

Figuración de Gabino Betinotti, de Brian Chambouleyron. Intérpretado por Brian Chambouleyron, voz y recitado; Santiago Segret, bandoneón; Diego Schissi, piano; Juan Pablo Navarro, contrabajo; Mirta Wymerszberg, flauta. Música de Pablo Di Lisia. Letras y glosas de Oscar Steimberg. BAU Records, 2010.




El cantante Brian Chambouleyron es el encargado de ponerle voz a las canciones y los recitados (glosas) que integran Figuración de Gabino Betinotti, Di Liscia es el autor de la música que compone el disco, mientras que Oscar Steimberg aporta sus textos -provenientes de su libro homónimo. El primer logro de este trabajo es la cohesión que logran sus elementos. Las tres partes se integran de forma fluida y natural.
 
Chambouleyron es dueño de una voz con un timbre y un registro similares a los de Juan Carlos Baglietto, aunque con más solidez y más oficio para el tango, además de evitar la característica que roza lo molesto del trovero rosarino en la que “deja el alma” en cada nota. Chambouleyron pasea su voz por el repertorio, que incluye tangos, valsecitos y milongas; y combina acertadamente prolijidad y arrogancia tanguera.
 
La música es responsabilidad de Pablo Di Liscia -a excepción de “Vals de la glosa” en el que comparte la autoría con Darío Steimberg-, quien también se hace cargo de la guitarra y hace un gran trabajo en “Te evoco por el percal”. El compositor se mueve con soltura dentro de un género tan transitado como el tango. Por un lado respeta la historia. En sus temas incluye muchos de los yeites tangueros y hasta todos los tangos terminan con el clásico “chan-chan”. Los arreglos de bandoneón (ejecutado por Santiago Segret) remiten a Piazzolla, especialmente en las dos versiones de “Cerrazón”. La nostalgia del tango está presente pero por otro lado logra que la música suene atemporal. En sus canciones se reconoce el género, pero no la época. Gracias a los intrincados arreglos de piano (Diego Schissi), las disonancias y los cambios de ritmo -que aparecen en “Auto viejo” o el crescendo constante en “Vals de la glosa” (quizá la canción más lograda del álbum, donde Gardel es el protagonista)- el disco se tiñe de modernidad. La banda se completa con Juan Pablo Navarro en contrabajo y Mirta Wymerszberg en flauta. La interpretación de los músicos como conjunto es impecable, con arreglos cuidados y diferentes momentos en los que optan por destacarse como solistas o conformar una banda sólida.
 
Los textos del disco pertenecen a Oscar Steimberg, están tomados de su libro Figuración de Gabino Betinotti y adaptados al formato canción y glosa. El semiólogo y escritor argentino se anima a contar una posible historia del tango a través de la vida de su personaje, que toma su nombre de dos payadores, Gabino Ezeiza y José Betinotti. Combina su prosa elegante con el lenguaje tradicional del tango y pasea con comodidad de un lado a otro, mostrando su versatilidad como escritor. Y la nostalgia nuevamente. Se mira con extrañamiento el lugar del tango, que no termina de encajar en la modernidad.
 
La estructura de Figuración de Gabino Betinotti queda conformada por diez canciones entre las que se intercalan glosas recitadas que explican el contenido temático de la obra, reminiscente de cosas como “Balada para un loco” de Piazzolla-Ferrer. El concepto que atraviesa el disco logra una ilación tal que sería la envidia de cualquier rockero sinfónico de los 70's. La historia no se presenta de forma obvia, es el oyente quien la descubre a medida que avanza la grabación.

Se suele decir que “el todo es más que la suma de las partes” y este disco lo demuestra. Los elementos que lo integran conviven orgánicamente y conforman un trabajo que no le resultará ajeno a clásicos ni modernos.
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