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La silla vacía de Arthur Danto

La imagen del patio central del Museum of modern art (MOMA), luminoso, con dos sillas, en una de las cuales está la artista Marina Abramovic y en la otra el espectador, llega a resignificar el arte y la función del publico en la obra. O, por lo menos es así, para el filósofo y crítico Arthur Danto, quien cuenta su experiencia en un artículo publicado el pasado mes en The New York Times y en Clarín.




El modo de participación que propone esta performance se centra en la decisión del espectador al sentarse en una silla frente a Marina por el tiempo que éste decida. Para el autor, esta propuesta rompe con el rol pasivo del público frente a la obra artística. Sin embargo, se puede considerar que ya las vanguardias –entre las cuales resultan interesantes los casos del Vivo Dito de Alberto Greco o el arte interactivo- habían acentuado esta posibilidad y otros modos de relación en el arte.
 
Pero es tal vez el hecho de que la institución de lo moderno, en el corazón del mundo occidental, acceda a romper sus límites y adhiera estas experiencias lo que resulta más sorprendente para el crítico. Es como si efectivamente se confirmara lo que parecía ser un gran anhelo o más bien un presagio -para lo que él mismo llamó arte post-histórico en su polémico libro Después del fin del arte (1984). Es este el momento en el cual un museo de arte rompe con lo que su nombre indica. Así, cruza los límites del propio modernismo y sus formas para comprometerse y, de esta manera, con Marina Abramovic y su obra The artist is present, asumir “el arte después del fin del arte”.
 
De esto parece estar satisfecho Danto, que no oculta su deleite, y una vez más cuenta su experiencia, la suya, como crítico que indaga sobre la obra al igual que un explorador, sin descartar sus dudas ni su propia realidad. Causa una mezcla de sorpresa y desconcierto su llegada a la muestra y como en vez de ocupar la silla vacía, esta es retirada para dar lugar a la silla de ruedas en la que se encuentra hoy. O como luego frente a Marina crece su admiración y casi devoción, espacio donde nace cierto misticismo. Sin embargo, lo que en un principio describe como “un diálogo de sordos” deviene en una contemplación cuando la artista entra en lo que ella llama “estado performático”. La pregunta que surge es si acaso esa “contemplación” no devuelve nuevamente al espectador a esa participación pasiva frente a la obra, es decir, si la obra es a partir de ese momento: Marina que mira al infinito. Tal vez la participación del público es vista desde afuera, por otros espectadores, los que están en la fila a la espera por ser parte de la obra. Es otro nivel espectatorial que se despliega y, podría decirse, que confirma el título de la obra, pues efectivamente el artista es / está presente.
 
Si bien la descripción minuciosa tanto de ella como de la situación es envolvente, Danto se encarga de aclarar que esa fue su experiencia, y su función como crítico lo llevó incluso a indagar sobre la experiencia de los otros antes de escribir el artículo y, como era de esperarse, en cada caso fue siempre diversa. Lo interesante es descubrir en su narración actual, dónde pone en juego su propia historia, la esencia que atraviesa su obra: la pregunta filosófica por la naturaleza del arte.
 
Su mirada sobre el arte es desde su percepción de filósofo, donde la exploración de los límites, la toma de autoconciencia, el indagar sobre el arte mismo, son los ejes que marcan su historicidad. En ella, la pregunta filosófica hace que el carácter visual se desdibuje en el arte o, al menos, deje de ser prioridad y que los cánones de valoración a través de lo bello y la forma -tan propios del modernismo- tengan que enfrentarse al hecho de que el no-objeto o que cualquier objeto puedan ser arte. Siguiendo su discurso, atravesando los cambios en el arte y llegando a su “fin del arte” -donde la filosofía es central y la pluralidad surge- el autor da una mirada paralela a la política y a la propia cultura que también desencadenan una multiplicidad. Es entonces la pluralidad no sólo el lugar del arte sino también el del hombre.
 

 “Nuestra experiencia de arte es nuestra experiencia de vida” dice el autor antes de concluir  este artículo. Ya los historiadores del arte se encargarán de informar con exactitud de períodos y trazos que los distinguen. Danto da su visión desde, por y a través de la filosofía, donde lo que muere permite solo un gran nacimiento.

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