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Pensar el arte hoy
Reflexiones sobre la construcción del relato.
El antropólogo argentino Néstor García Canclini publicó La sociedad sin relato (2010), un trabajo acerca de la situación del arte, en especial de las artes visuales, en la actualidad.



El autor aborda aquí diversas problemáticas artísticas planteadas a partir del último siglo pero, sobre todo, la que se desprende del mismo título: la sociedad sin relato. Sin embargo, al tratar de comprender el nuevo lugar que ocupan las manifestaciones artísticas, la cuestión resulta más compleja. Por lo que puede leerse en algunos pasajes de su obra, ese mundo sin relato no parece construirse tan así. Por un lado, García Canclini opina que el mundo actual, no sólo el del arte, se construye sin relato. A simple vista, esta postura lo diferenciaría de otros teóricos del arte, por ejemplo de Arthur Danto. Dicho autor plantea que, a partir de la caída de un relato hegemónico, el arte hoy se vale de muchos relatos que conviven y coexisten a través de los cuales la sociedad construye su presente y también construirá su historia. Pero, por otro lado, el autor reconoce en la complejidad del arte, tanto del siglo XX como del XXI, la aparición del entramado de la red social que, por supuesto, involucra a lo artístico como agente estructural de una nueva narrativa. Así, ambos podrían coincidir en que ya no existe un relato único. La diferencia radica en que el norteamericano considera que no existe uno como sinónimo de hegemonía sino que los relatos se han pluralizado. Por otro lado, el argentino, desde el título de su libro, hace pensar que la sociedad carece de tal, algo que resultaría difícil de sostener en plena era de las comunicaciones y que el propio autor se encarga de relativizar en el desarrollo de su texto.
 
Cuando García Canclini escribe: “Desde principios del siglo XX la sociología mostró la necesidad de entender los movimientos artísticos en conexión con los procesos sociales” está planteando una insuficiencia de la sociología para abordar el arte del último siglo. Tal vez, su postura crítica derive de una actitud a veces forzada por encontrar rebotes artísticos a momentos culturales como si el juego causa-efecto debiera darse de manera lineal e inevitable. Sin embargo, no parece ser del todo irreconciliable su visión con quienes ven el entramado social -o la red de semiosis, al decir de Eliseo Verón- como factor operante también en el campo artístico. Por esto, no llama la atención que sea el mismo García Canclini quien menciona a Bourdieu o a Becker para realizar un trabajo de comprensión, aunque sea iniciático (y nuevamente insuficiente, según su parecer), sobre las interdependencias disciplinarias.
 
En otro orden, el autor trabaja como hipótesis que “el arte es el lugar de inminencia” ya que considera que las obras no sólo “suspenden” la realidad sino que se sitúan en un momento previo, según él, “cuando lo real es posible”. Para comprobar esta idea, García Canclini plantea atender cómo los límites entre realidad y ficción fueron demarcándose en distintas áreas. En cuanto al campo estrictamente artístico no sólo en los ámbitos tradicionales, como el museo o las galerías, sino también fuera de su hábitat natural. Por tanto, el arte de hoy no se define sólo por lo que es sino en “relación con”. Como cuando relata el autor: “decenas de activistas de Greenpeace escalan edificios de Expal –una empresa española vende bombas de racimo- (...) entregan un video de niños de Camboya mutilados (...). Realidad y ficción se confunden, los límites se han vuelto difusos.
 
Desde la aparición de Duchamp con su gesto artístico y la creación y posterior aceptación del ready-made como obra de arte, los teóricos se han visto en la obligación de cambiar sus preguntas. Probablemente por este motivo, sea oportuno mencionar a Nelson Goodman con su “¿Cuándo hay arte?”, un texto que invita a la reflexión desde otro interrogante y ya no desde el tradicional: ¿Qué es arte?. Si bien esta pregunta continúa con presencia sobre todo en los ámbitos de aficionados -herencia de una tradición que en las artes repetía como valor las nociones de mímesis y representación- ya no resulta apropiada para los ámbitos académicos. En estos últimos parecería ser que ya no existen dudas acerca de que el arte contemporáneo se define a partir de sus interrelaciones. Así como los espacios dedicados al arte ya no son únicamente los tradicionales ni el artista necesariamente es el genio creador.
 
La transgresión y la provocación han sido las metodologías recurrentes en el último siglo. Sin embargo, García Canclini entiende que esta postura revela la existencia de un doble juego, una paradoja en la que termina encerrado el propio arte: la búsqueda de independencia de un campo propio y la intención permanente de transgredir ese campo y transladarlo a otros ámbitos. El autor considera que ambos accionares se ven superados por la realidad actual en la que el arte se volvió “postautónomo”. Concepto que remite a que las prácticas estéticas hoy inevitablemente están atravesadas por la era de la digitalización y por el poder mediático y, como consecuencia de esto, dejaron de definirse a partir de sus objetos y lo hacen a partir de sus contextos.
 

En este sentido entiende que, aún en el arte más empeñado por deconstruir, subyace la idea de que esas “estructuras y esas narrativas (tradicionales) mantienen vigencia”. Tal vez por esto sea central seguir atendiendo, como es el caso de García Canclini, a una reflexión en el campo del arte que se ajuste a los nuevos requerimientos que la propia disciplina impone.

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