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Kraftwerk y el comienzo de una nueva tendencia



Sintéticos y electrónicos sonidos, ritmos industriales alrededor del mundo. Será ir siempre más allá, con la música como vehículo de Ideas”                      

“Techno Pop”, Electric Café, 1986.


 

Casi todas las bandas que se hicieron mundialmente famosas durante la década del ’70 son, en su mayoría, americanas o británicas. Kraftwerk no es uno de esos casos. Surgidos en Alemania a fines de los ’60, en un contexto en el que la mayoría de los conjuntos se dedicaban a un pop comercial o a reversionar temas de música popular que dominaban el mundo, dos compañeros de la Academia de Artes de Remschied se reunieron y comenzaron a pensar nuevos estilos,  nuevos modos de construcción musical.
 
Florian Schneider y Ralf Hütter se conocen y, bajo un mismo tipo de educación musical -clásico ya que asistían al conservatorio Düsseldorf-  forman un grupo llamado Organisation, el cual básicamente encarnaba un sonido bien primitivo, con mucha mezcla de ruidos y ritmo. Era algo muy experimental, a la deriva, sin una concepción –si se quiere- de lo que hoy denominamos canción popular (“Silver Forest”, “Rhythm Salad” y “Milk Rock”, son algunos ejemplos). Este tipo de tendencia experimental en Alemania fue etiquetada por la prensa nacional bajo el nombre de krautrock (en alemán, kraut significa repollo, apodo que se les asignó a los alemanes durante los períodos de guerra).

Fue para el otoño de 1969 que nacía Kraftwerk, en alemán “fábrica de energía”. Con sus únicos dos integrantes originales -Florian y Ralf-, entre los años 1970 y 1974 la banda  tuvo distintos músicos (entre otros, el guitarrista Michael Rother y en batería Klaus Dinger) y experimentó un significativo cambio cuando el productor/ingeniero Konrad “Conny” Plank se unió al grupo y coprodujo los cuatro primeros álbumes de Kraftwerk.
 
Ya para los años 1972 y 1973, el interés en el Reino Unido por la música alemana había crecido abruptamente; estaba claro que el éxito de Kraftwerk no iba a ser algo pasajero, lo que se debía a su innovador y único sonido, el cual se situaba muy lejos de los parámetros tradicionales del pop y del rock. Además, fue en esos años también que la banda realizó su primer concierto fuera de Alemania e incorporó el electro-violinista Eil Schult, encargado además de la estética definitiva del conjunto gracias a sus estudios en medios visuales como la pintura, la fotografía y el cine. En octubre de 1973, su tercer disco Ralf and Florian salió a la venta y su sonido comenzaba a definirse, a tomar forma propia. Sin embargo, el radical cambio sucedería con Autobahn (1974), disco que les proporcionó el salto a la fama y en el cual se apostó a nuevas tecnologías musicales como el minimoog (aparecido en 1971). El minimoog era compacto y resistente –a diferencia del moog original, que era enorme y pesado-, por lo que era de fácil traslado a la hora de una gira. Estos instrumentos eran de carácter monofónico -sólo sonaba una nota por vez- y aún no disponían de memoria para guardar sonidos, lo que requería que fuesen creados en el momento. Es en esta producción de Kraftwerk que se puede notar una diferencia en cuanto a lo musical: lo experimental ya perdía algo de peso y el “hilo conductor” dentro del tema se hacía presente, mientras que, aún con el innovador uso de los instrumentos electrónicos a la cabecera, el violín, la flauta y la guitarra también aportaban lo suyo.
 
En octubre de 1975 se lanzaba su quinto disco de estudio, Radio-Aktivität (Radio Activity, en inglés) el cual estaba focalizado en un tópico en particular: la comunicación radiofónica. Si bien Radio-Acitivity no fue el disco de mayor repercusión mundial, les permitió entrar a Europa en general. En este trabajo pueden notarse unas rítmicas mucho más establecidas que en sus comienzos, una música concretamente electrónica pero más “bailable” que, junto con imponentes proyecciones de fondo, generaba un ambiente ciertamente novedoso para la época, precursor absoluto de lo que en los ’80 sería la famosa corriente de la música disco.
 
1976 fue un año decisivo. En el estudio Kling Klang, donde la banda realizaba sus trabajos, buscaban la forma de diseñar y construir un secuenciador musical de dieciséis pistas. Este secuenciador controlaba el minimoog del grupo, creando el sonido rítmico de su siguiente álbum, Trans Europe Express, el cual marcó definitivamente la transformación del grupo hacia un pop electrónico (como por ejemplo “Metal on Metal” o “Endless Endless”). Sin embargo, fue su siguiente disco –Die Mensch-Maschine, en inglés The Man Machine (1978)- el que los consagró para siempre gracias al famoso hit “The Model”- número uno en el Reino Unido.

También la parte lírica de sus temas tenía una temática marcada: apuntaban a los intereses materiales y económicos del mundo, yendo desde la superficialidad de la publicidad y la impronta de la computación (sobre todo en su disco Computerwelt, “mundo de computadoras”, de 1981) hasta la contaminación nuclear por parte de las guerras. Casi que podría hablarse de cierta fusión entre un estilo futurista y otro “ambientalista”: por un lado, la exploración en el universo tecnológico y la creación de nuevos sonidos; por el otro, un mensaje en contra de las guerras, la alienación de los medios y el consumo masivo. Pero, más allá de todas estas letras con mensajes tan evidentes, es de esperarse que tales palabras quedasen relegadas a un segundo plano en relación a la sonoridad tan pegadiza, bailable y novedosa que ostentaban.

Se consagraron como pioneros del género hoy establecido y conocido como música electrónica, más allá de las diferencias que puedan hallarse entre los comienzos y el presente. De hecho, los alemanes no se quedaron atrás y también eligieron adaptarse a los diferentes avances tecnológicos: en su pasada visita a la Argentina como teloneros de Radiohead para la primera jornada del Quilmes Rock en el año 2009, los secuenciadores ya eran historia: los cuatro muñecos aparecieron parados con sus netbooks de avanzada y con una inmovilidad casi total -por momentos parecían estar embalsamados. Y es que un nuevo camino se dio a conocer, una manera diferente de encarar y promocionar a la música que va más allá de las posibilidades de un instrumento. Lo que Kraftwerk se permitió fue ir en búsqueda de algo que quizá no era, en principio, comercialmente exitoso, pero que finalmente establecería una nueva alternativa en los modos de construcción de la música popular.
CenCattycotly
dice:

necesidad de comprobar:)
12.06.12


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