Búsqueda
artículos
Veinte años no es nada
A veinte años de su fallecimiento, la influencia y popularidad de Astor Piazzolla continúan en ascenso como si un pacto con el tiempo lo protegiera del olvido.



El 4 de julio de 1992, no hacía falta ser un gran melómano para darse cuenta de que el fallecimiento de Piazzolla nos llevaría a una revalorización de su obra, a la profundización de sus polémicas y a potenciar su prestigio. Es uno de esos casos donde la muerte inmortaliza, sus opiniones pasan a ser frases célebres y esa gran obra que fue marca de su tiempo deviene ahora atemporal.
 
Como hijo predilecto de una época de grandes cambios, cuestionó los límites del tango, de la música clásica y del jazz, gracias a lo cual se ganó tantos seguidores como detractores. Un cantante de tango le llegó a gritar: “¡Vos componés música para cuatro franceses!”, intentando, de esa manera, expulsarlo tanto del género como de su condición de música popular. Pero lo cierto es que se ganó su lugar en el tango a fuerza de talento. “Adios nonino”, “Balada para un loco”, “Fuga y misterio”, “Libertango”, “Triunfal”, “María de Buenos Aires” (la primera ópera-tango), el “Concierto para Bandoneón y orquesta”, “Las cuatro estaciones”, “Oblivion” o la “Suite Troileana” son ejemplos de una inmensa obra tanguera sin precedentes en nuestro país.
 
 
Su música
 
En 1996, se le realizó un gran homenaje en el teatro Ópera denominado Astortango, y nunca mejor puesto el nombre. Músicos de tango, de jazz y de música clásica se reunieron para representar todas las facetas de este prisma único que logró unir lo aparentemente irreconciliable.
 
Astor Pantaleón Piazzolla, hijo de inmigrantes italianos, de Nonino y Nonina, comenzó a los 13 años acompañando a Gardel en “El día que me quieras”. Más tarde, estudió con Ginastera y Nadia Boulanger al mismo tiempo que adquiría experiencia en la Orquesta de Troilo y escuchando a Julio De Caro. Admirando a Gobi, Salgán, Pugliesse, Bill Evans y Miles Davis, Piazzolla logró descubrir a Piazzolla.
 
Se caracterizó por un aumento en la complejidad de la música instrumental Así como otros compositores de tango habían sido influenciados por grandes autores del siglo XX, Piazzolla utilizó armonías de Bartok, estructuras de Bach y escalas de Gershwin. Esa intención de innovadora es la que, según él, lo alejó de los cantantes. Alegaba que “siempre querían cantar lo mismo”.
 
Alguien dijo una vez que la obra de un gran compositor es fácilmente reconocible con sólo escuchar los cuatro primeros compases de cualquiera de sus temas, pero que en el caso de Piazzolla, basta con escuchar sólo dos. Esa es la fuerza del estilo. Ese es el fruto de la forma en la que logró combinar una orquesta clásica con un bandoneón, la armonía moderna con ritmos arrabaleros, a Troilo con Gershwin o a la Buenos Aires de los barrios con la del centro. Son los rasgos de un artista tan vanguardista y provocador como fiel guardián de un género que ya se encontraba en crisis al final de los años cincuentas.
 
 
La vanguardia
 
Obviamente, todo este ímpetu innovador no surgió de la nada, para entender a Piazzolla hay que entender su época. El boom literario latinoamericano liderado en Argentina por Cortázar, las vanguardias artísticas nacionales alentadas por Romero Brest y el Instituto Di Tella, y la formación de un nuevo espacio joven de participación política daban cuenta de un creciente movimiento intelectual. A este movimiento se debe el crecimiento de Piazzolla.
 
Pero incluso dentro de la vanguardia también fue diferente ya que todas ellas implicaban ruptura, se vanagloriaban de cortar con las tendencias del pasado mientras que Piazzolla quería hacer ese corte sin dejar de pertenecer al género. Buscaba un cambio de mentalidad, una resignificación del tango que no implique su destrucción. De todas formas, con discos como El tango (realizado junto a Jorge Luis Borges) o la ópera María de Buenos Aires se ganó el respeto y la aceptación de la intelectualidad porteña.
 
A raíz de esto, la relación con el público siempre fue viceral, lo tomaba o lo rechazaba. A pesar de que otros músicos de tango llamados de “la renovación” eran aceptados por el público tradicional (como Salgán y Garello), Astor quedaba vinculado más a una necesidad de un cierto grupo intelectual que al proceso histórico del tango. Su música se pasaba poco por las principales radios tangueras, no grababa en los sellos discográficos del género y no tocaba en el circuito típico del tango. Si bien la radio y las discográficas lo fueron aceptando con el tiempo, las milongas continúan excluyéndolo hasta el día de hoy.
 
También hay que tener en cuenta que las fuertes declaraciones de Piazzolla contra los músicos que no intentaban innovaciones, le generaron más problemas y antipatías con el público que su propia música. Pero todo esto comenzó a revertirse a finales de los '60 gracias a temas como “Chiquilín de Bachín” o “Balada para un loco” por medio de los cuales Piazzolla comienza a ser un poco más difundido desde los programas de tango, firma con una discográfica típica del género y también consigue algunos seguidores en una parte del público que hasta ese momento le era adverso.

 
La consagración
 
Pero más allá de las características personales, su obra editada cuenta con más de 1000 títulos y todos ellos lo respaldan como un símbolo de la vanguardia de Buenos Aires. Incluso llegó a ser un recurso muy repetido del cine nacional el utilizar su obra para darle a la película una atmósfera citadina.
 
Durante los últimos 10 años de vida, el boom de Piazzolla se potenció. Grabó más de 300 tangos, se realizaron más de 40 versiones de Adios Nonino y escribió la música para más de 50 películas. Los problemas circulatorios que lo afectaban no pudieron frenar la creatividad de este artista, las polémicas que generaba y la expansión de su experiencia estética. “Violentango” y “Persecuta” reflejan al Buenos Aires posmoderno tanto como a su obstinada búsqueda por lo nuevo, por reflejar, paradójicamente, que el siglo XX es un cambalache problemático y febril.
 
Este ecléctico músico de tango que disfrutaba rompiendo límites y polemizando con sus colegas, dijo una vez: “Tengo una ilusión, que mi música se escuche en el 2020 y en el 3000 también”.
Nombre
Email
Comentario