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Semilla andina
Ruiseñora (2012), de Andrea Echeverri. Discográfica Nacional Records.



Ya decía Simone de Beauvoir, “Mujer no se nace, se hace”. De algún modo, Andrea Echeverri propone reivindicar el lugar de la mujer desde su voz. Echeverri, antes vocalista de Aterciopelados, llega esta vez, en su trabajo como solista con Ruiseñora (2012). El disco incluye 13 canciones, que se centran en temas de desigualdad e indiferencia machista, contrargumentos que sirven para refutarlos dando espacio a la reflexión. Musicalmente, la obra es entendida por la autora como “rock semilla” con bases de góspel, folk, blues y música ranchera. No es una melodía que pueda encasillarse en los géneros ya existentes, su música explora nuevos modos de ligarse con formas musicales variadas. Agrega muchos elementos de percusión, acompañados de guitarras e instrumentos de vientos típicos de las zonas andinas como la ocarina y el runcuyo.
 
Su disco retoma los pensamientos de Conversaciones con Violeta, libro de Florence Thomas, escritora francesa radicada en Colombia, quien dedica sus obras a ubicar como protagónica la vulnerabilidad de ser mujer dentro de una sociedad falocéntrica. De sonidos telúricos y apocalípticos, entre resonancias de panderetas y maracas, Echeverri toma un pasaje para un éxodo de notas ancestrales y, en ese viaje musical, enfatiza cada tema con alturas agudas y graves pronunciadas que emanan de su guitarra y su voz.  Los suaves aromas regionales titilan en las mujeres que, a  lo largo de la historia, comenzaron a forjar un camino de visibilidad. Se puede decir que Echeverri regresa al pasado con el propósito de no anestesiar la memoria, haciendo emerger a la mujer luchadora, como semilla naciente de las fases feministas.
 
“Es importante seguir hablando de feminismo en el siglo XXI, porque el machismo existe, aplasta, viola, mata y pega diariamente”, afirma la cantante en tiempos donde tantas verdades aparecen silenciadas por una cultura que parece estar de acuerdo con golpes y maltratos de género. La artista acusa a una contemporaneidad hipersexualizada, donde las mujeres exigidas que visten ropas ligeras abanican la mirada de muchos hombres y los tabúes perversos suelen salirse de los límites.
 
El disco recorre, de alguna manera, los crecimientos de un ser que se entiende mujer. Desde Florence”, tema que más ligado está a la reflexión a la que invita Thomas, la música rica en variedad instrumental parece mecerse como en un canto de cuna. Desde allí es donde las mujeres deben cobrar existencia en lejanía a los cuentos de hadas y príncipes azules. “El fusil y la corbata” se vuelve más funk. La guitarra rasgueada revalida potente y convencida las tácticas de protesta, etapa que puede asemejarse a una juventud revolucionaria al grito de “Sexualidad desbordada, violencia descontrolada, no nos sirve para nada”.
 
“Ruiseñora” es el tema que más sabores locales convoca. La voz de Echeverri en semejanza con el trinar de un ruiseñor cautiva la melodía, y ésta se da el placer de acompañarla. Pero este pájaro, bien lo define la artista, es una ruiseñora, ave hembra de “todo terreno”, mujer que ya ha transitado parte de la vida y a lo que todo se anima.
 
Mientras “Tregua” es una invitación a abandonar las agresiones de género, “Bacanos” enfatiza esa pausa ajena a la violencia e incita a recitar “todos los días el conjuro del amor” casi a modo de ritual.
 
En “Amparo” Andrea tiene el privilegio de cantar con su madre Amparo Arias de Echeverri. Se trata de un bolero con matices agridulces, donde la melodía y la voz de Amparo endulzan una letra amarga y justiciera. Como todo bolero, da amor y también la muerte de quien se va y no se queda con ese yo lírico. También “Cuando yo sea chiquita” es un pasaje musical que la inspira a pensar en su entorno en la convivencia y como madre.
 
El modo de protesta no es ya el mismo que el conocido. Esta forma nueva intenta tomar identidad femenina. No implica esto rearmarse en dos campos diferentes, Echeverri reúne toda la armonía musical para abrir las perspectivas y desperdigar ramas de igualdad desde todas las aristas posibles, lo que hace que Andrea se vuelva mítica y poderosa.
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