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Amor agridulce
Schatzi, morir con la mano en el corazón, de Los Vienos. Puesta en escena de Marco Alvarez. Dirigida por Matias Nan. Con Esteban Real, Ana Manterola, Damián Travaglia. En NoAveztruz. Humboldt 1857. Funciones: viernes 0.15 hs. Entrada: $50.



Schatzi
es el resultado de un trabajo del Laboratorio Escénico de Rítmica Viena. Este espacio de experimentación propone una indagación sobre la voz, la música y el movimiento a partir del elemento común del ritmo. El suelo sobre el que estos diferentes lenguajes se asientan es el cuerpo del actor y en esta obra está presente en todo momento.
 
Cada una de las escenas es sostenida por una serie coreográfica o, por lo menos, por una serie de movimientos bien definida que potencia el texto y multiplica sus significados. Al cuerpo se lo pinta, se lo desnuda, se lo viste, se lo violenta, se lo acaricia. Funciona también como escenografía: mientras un actor lleva adelante una escena los demás están a su alrededor haciendo de muebles, objetos, fieras, espejando estados de ánimo, etc. Los momentos de movimiento grupal resultan muy potentes cuando se logra que circule entre los actores la misma energía.
 
Con una muy buena utilización espacial la atención se mantiene durante todo el trabajo. Las escenas pasan de ocupar, al inicio de la obra, todo el espacio para ir desprendiéndose hacia el proscenio, luego hacia las paredes laterales y generando por momentos un contrapunto entre el fondo y el borde del escenario.
 
En alemán, cuenta el programa de mano, 'schatzi' significa 'amorcito'. Diminutivo que puede transmitir la dulzura de un amor compartido y la ternura de la compañía, pero que de modo burlón e irónico también puede hablar de lo agrio del cariño no correspondido, del odio por el abandono del otro, de la desesperación por una pasión violenta. Todos estos “amorcitos”, y varios más, están plasmados en este trabajo. La relación del deseo con el objeto de amor, la insatisfacción, la conexión entre el sexo y el afecto, el rol que juega la locura.
 
Interviniendo un cuerpo masculino tirado en el piso, dos mujeres pelean por quién fue más maltratada por ese hombre, festejan su agresividad y la justifican; una mujer describe a su enamorado y repite frenéticamente una serie de movimientos mientras otra, al fondo, la muestra como una caso de desequilibrio mental, sin estar ella exenta de la misma enfermedad; un hombre relata una desilusión.
 
En esta obra montada por Los Vienos y Marco Alvarez, no hay un cuento que contar. No se trata de seguir la historia individual de una persona por su devenir amoroso. No interesa aquí quién la protagonice sino qué es lo que sucede. Cada momento aparece a modo de parche o retazo de una vida, cualquiera, la de ellos, intérpretes, pero también la de nosotros, espectadores. De este modo, los roles se intercambian, ayudados por un permanente cambio de vestuario, los personajes no tienen nombres, ni hablan un único idioma: aparece el alemán, el inglés, el castellano indistintamente,  para mostrar quizás que el amor es universal (¿o sus conflictos lo son?).
 
Las escenas de Schatzi nos muestran, entonces, principios felices, enamoramientos de cuentos de hadas, relaciones prometedoras que sin embargo, muy de a poco, casi imperceptiblemente, se desvanecen, se desdibujan, se van transformando en graves tragedias contemporáneas. Y aunque no faltan los toques de humor, bastante ácido por cierto, para descargar algunas escenas potentes de contenido, el drama no deja de estar presente. Porque irremediablemente y a pesar de todo el amor reaparece en otra forma, en otro lugar, en otra persona y trágicamente sabemos que nos vamos a volver a lanzar al abismo.
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