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Su espíritu vive en la muestra
Homenaje al arquitecto-artista Clorindo Testa, en el C.C. Recoleta, edificio que él mismo rediseñó. Sala Cronopios. Del 20 de setiembre al 13 de octubre. Martes a viernes de 14 a 21 hs. Sábados, domingos y feriados de 12 a 21 hs. Entrada gratuita.



Colores primarios, dibujos y maquetas inundan la atmósfera de la sala Cronopios del CCR, en un espacio que con su dinamismo y esencia se reconoce la marca distintiva del artista. A casi seis meses de la muerte de Clorindo Testa, la vitalidad de la muestra-homenaje inaugurada en el marco de la XVI Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, se presenta como un contrapunto al resto, poniendo énfasis en el proceso proyectual y no en el proyecto terminado y exitoso.

El curador y arquitecto Juan Fontana, socio e íntimo de Testa, evoca en la muestra al espíritu libre del taller-estudio de Santa fe y Callao, que compartieron por 20 años. En la sala Cronopios se siente el auténtico proceso creativo que reflexiona sobre el espacio y su relación con el hombre que lo habita, sin importar el resultado final, reproduciendo el espíritu de esa fábrica de ideas. Ahí se exponen una selección de los 60 años de la obra arquitectónica y artística del autor con el hincapié en la dimensión lúdica del estudio y sus proyectos.

Al ingresar, una serie de croquis de trazos sugerentes y recortes específicos permiten realizar un recorrido mental por alguna de sus obras más reconocidas, sin develarlas por completo. Con un orden no-cronológico, admite una suerte de espontaneidad intencionada. El espacio se encuentra estructurado a partir de un eje central, que se materializa con unas mesas llenas de maquetas de papel y madera pintadas de colores y sus Apuntalamientos. Una serie de intervenciones espaciales, que Testa inició en los años '60, realizadas con vigas de metal o de madera y que con intenciones críticas convierte la arquitectura en una instalación que interviene en la traza urbana. Reconoce así, su figura de arquitecto-artista plástico.

El eje comienza con un habitáculo blanco, semejante al espacio original en el estudio, donde descansan los archivos de las obras del artista. Pero a la vez, se genera el paralelismo con un santuario por la disposición del mismo, los colores y los tubos contenedores de sus planos. Remata -ese eje imaginario- en el fondo de la sala con Habitar, trabajar, circular, recrearse, 120 paneles de 70x70cm pintados en aerosol (1974) y nunca antes expuestos en su totalidad, pensados como una critica a los postulados del Movimiento Moderno. Específicamente al proyecto urbanístico del Bajo Belgrano, que él mismo participó 20 años atrás. Allí manifiesta con una técnica espontánea, el hacinamiento y la imposibilidad para llevar a la práctica las utopías modernas.

Se muestran también referencias a sus obras clásicas y consagradas como el Banco de Londres, la Biblioteca Nacional, el Forum de Tokio, la Universidad Di Tella, Ciudad Cultural Konex y como no podía faltar, el Centro Cultural Recoleta.

Al terminar el recorrido se lo puede ver y escuchar en un documental corto, filmado por algunos de los colaboradores jóvenes de su estudio. Su intensidad creativa, que oscilaba entre la libertad del juego y la precisión, por sus resoluciones proyectuales, se puede vivir y admirar en toda la muestra. Es ahí cuando se vuelve a recordar la entrañable pérdida de uno de los iconos de la arquitectura contemporánea argentina.
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