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Críticos en primera persona
Entrevista a Eduardo Rojas

Multifacético, Eduardo Rojas pospuso su métier, la abogacía, para dedicarse a escribir sobre aquello que lo apasiona desde siempre: el cine. Hoy por hoy colabora la revista El amante y en el blog Hacerse la crítica.




Docente y escritor de ficción, en el 2008 debuta con su libro Puma Cebado y otros cuentos. Quizás esta ductilidad para combinar diferentes intereses se encuentre en sus críticas: su estilo de escritura metaboliza lo cinematográfico con otras artes, atando cabos con el poder que ya de por sí tiene su asociación de ideas. En clave cruda y corrosiva, las respuestas de Rojas impactan como un cross en la nariz. Frente a tanta indefinición, he aquí un hombre que parece tener claro (o por lo menos, muy decidido) de qué va la crítica de cine.  
 
-La crítica de cine pensada como disciplina, ¿qué es hoy en día y que debería llegar a ser?

-Yendo de lo más simple a lo más complejo, como el cine, como su misma historia, la crítica de cine es la mirada de un espectador, también una parte de la materia que hace al cine, aquella que está del lado, llamémosle, terminal de su elaboración: la de su llegada al destinatario final, el que le dará su elaboración última, el espectador. E insisto; el crítico y la disciplina que éste encarna son y deberían llegar a serlo cada vez más, una parte necesaria del fenómeno que es el cine. Un lugar en donde se cierra el circuito que supone la factura de un film. No hay cine, ni obra de arte, ni forma de comunicación alguna, sin destinatario. Esto, y no otra cosa, es o debería llegar a ser la crítica de cine.

-¿Cree que la crítica de cine es necesaria? ¿Cumple alguna función que otra disciplina no podría cumplir?

-Más que necesaria la crítica es inevitable porque es una parte del fenómeno del cine. La historia y la teoría del arte se confunden con la crítica. Creo que nadie puede ejercerla sin conocer la historia del cine. Creo, en cambio, tal vez en defensa de mis limitaciones al respecto, que sí se puede hacerlo sin el auxilio de la teoría. En el ejercicio de la crítica cada uno pone en juego su propia historia y su personal relación con el cine; esta puede no incluir a la teoría cinematográfica, aunque puede tomarse esta distancia como parte de un prejuicio personal.

-¿Qué tipo de relación cree que existe entre la industria/mercado del cine y la crítica cinematográfica?

-En el mejor de los casos es un matrimonio por interés. A la industria sólo le interesa la crítica en tanto sirva como vehículo de difusión o propaganda de sus productos. La crítica no debe –o por lo menos no debería– contemplar el carácter industrial, independiente o lo que fuere de una película, como tampoco su destino en el mercado.

-¿Qué piensa de lo que se denomina peyorativamente como “la crítica de los jueves”? ¿Existe una crítica académica y una crítica menos especializada? ¿Con cuál de las dos se siente más identificado?

-Existe esa diferencia. En nuestro medio y en tiempo presente domina de forma abrumadora la llamada “crítica de los jueves”, entendiéndose por esto la ligereza, la mera información en lugar del análisis, es sabido, la venalidad. En realidad, es el término “académico” el que tiene un sonido peyorativo. Diría que no existe en la actualidad en los medios masivos. En los años ’60 y ’70 ese lugar lo ocupaban críticos respetables con cuyo gusto y práctica de la crítica yo no concordaba, como José Agustín Mahieu u Homero Alsina Thevenet. Quien más los reivindica en la actualidad es Fernando Martín Peña, quien no obstante, tiene en mi criterio una mayor comprensión de lo que es la narración cinematográfica, aunque sea más investigador que crítico. En los términos planteados no puedo identificarme plenamente con ninguna de las dos. No me siento capaz de integrarme a ninguna academia, tal vez sí a un formato de crítica más rápida que no deje de lado el análisis y la argumentación.

-En el panorama nacional, ¿cuáles cree que son los aciertos y errores más comunes en las críticas de cine?

-Un error en mi criterio es estar pendiente de lo que diga cierta crítica internacional, los Cahiers du Cinéma, Andrew Martin o Roten tomatoes, por ejemplo, y para citar solo algunos, y luego construir la propia opinión y elegir las prioridades en base o en contra a esas guías. Eso no significa no estar al tanto de lo que se hace y escribe en el mundo. Pero en mi caso, mi ideal como crítico es ver cada película en un estado de inocencia lo más cercano posible al absoluto. En la práctica pretendo que nadie me fije su agenda.

-¿Qué piensa de la crítica impresionista, esa en la que el “yo” está muy presente?

 -La subjetividad es muy importante, debería estar implícita y ser constitutiva de la crítica. Pero el “yo” también necesita de argumentos. Me gustó/no me gustó es un capricho infantil, y en tal sentido la subjetividad puede ser la enfermedad infantil de la crítica, como diría Lenin. Exhibir el propio yo es arduo, está lejos de ser un ejercicio de egolatría y debería ser en todo caso, una forma de coraje y humildad.  

-En el último tiempo, muchos medios gráficos en donde se desarrollaba la crítica de cine pasaron a ser digitales. Uno de los casos más emblemáticos es el de la revista
El Amante. A su vez, hubo una proliferación de sitios web y blogs especializados en crítica. ¿Qué posibilidades/limitaciones cree que trae aparejadas este pasaje del papel a lo digital? ¿Es negativo o positivo?

-No es negativo ni positivo, es inevitable. Ningún medio independiente y sin sostén externo (subsidios, fundaciones, etc.) subsistirá en el mediano plazo. La web es el destino de la mejor y la peor crítica. No veo limitaciones al ejercicio de la crítica a través de ese u otro medio electrónico salvo, tal vez, la falta de límites que supone la inmediatez. En lo personal es una pérdida no compensable. La gráfica es parte de una poética del pasado al que yo pertenezco, aún cuando soy consciente de que es como defender a los incunables frente a la imprenta.

-¿Cuál piensa que debería ser la formación de un crítico de cine? ¿Cómo ve el campo de enseñanza de la crítica hoy en día?

-Toda formalización de la enseñanza es buena. La formación a medias autodidacta que caracterizó a la generación de críticos a la que pertenezco era buena porque suponía una enorme libertad, pero había que superar los vacíos de información, la historia del cine era una utopía que se suplía con imaginación y mucha atención a todas las programaciones de TV, ciclos en el pequeño circuito de cines arte o los insustituibles cines de clase B hoy desaparecidos. La paradoja es que existiendo en la actualidad tantos medios y facilidades para ver cine parezca haber una tendencia en los alumnos a ver pocas películas o limitar la visión a aquello que le es indicado y/o impuesto por la cátedra. Algo así como la tristeza de los niños ricos. También una tendencia –es cierto, es responsabilidad de los docentes– a anteponer la lectura de textos teóricos a la visión de películas, con lo cual el cine puede terminar siendo un fenómeno anexo a la crítica o la teoría. En todo caso, cualquiera que privilegie la fascinación por el hecho de ver cine de cualquier época en cualquier momento y lugar ya estará aprendiendo algo.

-Pensar a los críticos como gremio, ¿es posible? ¿Qué piensa de la actividad que lleva adelante FIPRESCI? ¿Faltan espacios de debate sobre la escritura de crítica de cine?

-Pensarse como gremio es posible pero poco interesante. No veo posibilidades de que se ponga en vigencia un convenio Colectivo de Críticos de Cine o cosa que se le parezca. Desconozco las actividades de Fipresci luego de su constitución, que formalicé en sus aspectos legales, dado que soy abogado, más allá de sus premios anuales y su semana de estrenos. Tengo noticias de que los debates internos son en extremo apasionantes, pero no me siento capaz de participar de ellos.

-¿Cuál es la modalidad de su escritura y análisis a la hora de hacer una crítica sobre una película? Por ejemplo, ¿hay alguna diferencia entre escribir para el blog Hacerse la crítica y escribir para El Amante?

-Mi modalidad es escribir a partir de ideas o sensaciones. Trato de ver las películas más de una vez cuando me es posible. En la mayor parte de las veces, tanto si la película me gusta como si no, busco una frase o palabra de inicio; de ahí suelen venir las ideas, que se van modificando con el proceso de escritura hasta llegar, cuando se llega, a desentrañar las ideas y sensaciones que se tenía al principio. Cuando esto ocurre uno tiene la sensación de que logró transmitir algo de lo que experimentó al ver la película, y que recién en ese momento se ha completado para uno mismo. Es un proceso de descubrimiento que resulta lo mejor de la escritura crítica. Es por esto que no encuentro diferencias entre escribir para Hacerse la crítica y El amante.

-Haciendo un poco de predicción, ¿cuál cree que es el futuro de la crítica de cine en nuestro país?

-Creo que, por un lado, continuará el proceso de crecimiento en progresión geométrica de la cantidad de personas que la practican, y al mismo tiempo, se irá encapsulando en un público muy específico perdiendo, si es que alguna vez la tuvo, importancia dentro de la discusión socio-cultural.
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