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El olvido permanente
Mau Mau o la tercera parte de la noche, de Santiago Loza. Dirigida por Juan Parodi. Con Eugenia Alonso, Gaby Ferrero y Juan Manuel Casavelos. En el teatro El extranjero. Valentín Gómez 3378. Funciones: Lunes 20.30hs. Entrada: $100 y $70.



Los ‘60, la dictadura, es mejor no hablar, mejor no opinar, mejor dejar la dignidad para otro momento y mearse de miedo. Pronto vendrá el mundial, la guerra de Malvinas, la democracia y el nacionalismo en su mayor esplendor. Las masas superficiales, encarnadas en Rita y Mecha, las sombras de la historia, las primeras en pisar Mau mau y las únicas que siguen… bailando.
Mau Mau o la tercera parte de la noche,  la nueva obra dirigida por Juan Parodi y escrita por el dramaturgo Santiago Loza, es una invitación al imaginario del recuerdo. El dúo teatral Acido carmín (Gaby Ferrero y Eugenia Alonso) representa esta vez a  Rita y Mecha, dos tilingas efusivas atravesadas por los acontecimientos más grandes de la historia del país. Cuando las luces se apagan lo único que cambia es la música; si hay guerra, desaparecidos, jueces, milicos o el pueblo, ellas siguen bailando. Mau Mau abre todas las noches como una suerte de refugio de una realidad que las somete. Bailar es mejor que pensar, aunque se cansen (quizás a esto se refiere Loza con la tercera parte de la noche).
 
Rita y Mecha son dos personajes que esquivan de derecha a izquierda cualquier postulado político y social; están evadidas por el conformismo y la corriente que las lleva de un lado a otro y las mantiene al margen de la banalidad. El boom informativo, la guerra que se gana y después se pierde, el tiempo que sigue pasando, y ellas entre mentiras, frases hechas, tambores, más tiempo y cantos patrios;  tiran siempre para el mismo lado, el templo de Mau Mau. ¿Qué mejor que el alcohol, el humo y los hombres para enfrentarse a ellas mismas?  Refugiadas una en la otra, Rita y Mecha parecen desaparecer tras las luces difuminadas. Son más de esos fantasmas que bailan con la muerte, que también las olvidó.
 
En un espacio reducido del teatro independiente El extranjero, Parodi a través de su dirección, pone en escena a estas dos mujeres como únicas protagonistas de una multitud imaginada. Anécdotas e imágenes son traídas por palabras y expresiones corporales que hacen al espectador entrar en un mundo que no ve, y conoce de memoria. Con una barra,  dos sillones y el uso de una “escenografía humana” (Juan Manuel Casavelos) que es, quizás, otro fantasma;  la puesta testifica, junto al público, la presencia de esa masa silenciosa. La obra es una producción de una económica simpleza estética, donde el cambio de década es una nueva cortina musical armónicamente fusionada, con tres simples cambios de vestuario que constan en  quitar un vestido para ver otro, unas gafas y un abrigo de piel que nos ubica en  la determinación de una  clase social. La magia de la obra está en las imágenes que se crean sin ser vistas desde el contar y la ausencia de personajes como Fermín, una sutileza de Santiago Loza para presentar un postulado crítico sobre la historia. Este ser inanimado simple y tímido,  según las descripciones de Rita, funciona como otro espectro que flota en el aire, pero no baila, esta al costado de la barra ¿disconforme? Seguramente la presencia “real” de Fermín hubiese sido incómoda ante la mirada insípida de las protagonistas.
 
La “tercera parte de la noche son los fantasmas perdidos en el olvido permanente de las puertas cerradas de Mau mau. El  pasado es solo la magnitud de los acontecimientos que crearon la identidad argentina en el puro sometimiento. Mau Mau no fue sólo un movimiento revolucionario africano, fue la boite bailable testigo de los acontecimientos más importantes de la historia argentina, el epicentro de la noche porteña, el templo donde todo pasa.  Es 1994, Rita y Mecha están solas en la pista soñando todavía con Miami, burlándose del pasado sobre el que como siempre no opinan, mejor siguen calladas, superficiales. Lo importante es seguir bailando, aunque el tiempo se estanque en el no ver  y el recuerdo efímero de la gloria pasada.
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