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La de ahora y la de siempre
Invisible, muestra de Milagro Torreblanca. Curaduría por Juan Carlos Romero. En Arte-blogarte. Av. Alem 790 piso 12.Desde el 27 de mayo y hasta fines de julio. Entrada gratuita.



Arte-blogarte presenta desde el 27 de mayo y hasta fines de julio, Invisible, la octava muestra individual de la artista Milagro Torreblanca, curada por el excepcional Juan Carlos Romero. Doce obras, entre objetos y una instalación, algunos de ellos producidos especialmente para la muestra, esperan agresivos en impolutos muros blancos.

Torreblanca tematiza desde hace varios años en su obra la violencia. La impartida y la padecida. La de género y la de raza. La de ahora y la de siempre. No es de extrañar entonces, que sus motivos sean indefectiblemente punzantes: alfileres, clavos y puñales se amontonan en sus trabajos con el objetivo de desgarrar o herir las superficies desde atrás del bastidor, pero también, con la intención de seducir al espectador tanto como para que sienta deseos de tocarlos. Y se pinche.

La artista busca representar la repetición incansable de ciertas matrices antropológicas que nos atraviesan en tanto seres humanos. “Matrices que no logramos reconocer”, dice, “y volvemos a reproducir exactamente una y mil veces”. Sin embargo, su propuesta no se presenta como una actividad discursiva compensadora, no es su objetivo brindar soluciones fantásticas a las contradicciones e injusticias de la humanidad. En palabras del antropólogo Claude Levi-Strauss no busca ser una mediación imaginaria.

Lejos de ello, esta serie de trabajos repone desde un recorrido occidental y con una lectura actual aquello que el filósofo Mircea Eliade ha denominado en su investigación de las comunidades “primitivas”, el mito del eterno retorno, en el que define nuestros actos como mera repetición arquetípica de hechos primordiales que existieron desde siempre. Entre ellos, la violencia entre iguales.

Ahora bien, la constante, repetida y casi rítmica disposición de los elementos hirientes no es al azar, performan desde palabras, que dan al lenguaje un papel fundamental dentro de la producción de la serie, hasta las huellas dactilares de la propia artista que cobran forma a través de alfileres o de balas reales calibre 38. La doble articulación se potencia con el juego metafórico y el universo de sentidos posible se amplía hasta interpelar incluso al espectador más incrédulo.

Realizada especialmente para esta muestra, la única instalación expuesta es una mesa. Pero no una cualquiera. Es una mesa de bar que cuelga del techo desde sus patas y está atravesada con puñales en todas las direcciones. Siniestro juego metonímico con incisiones que prometen amores asfixiantes y eternos. En la misma sala inquietan “Desidia” y “Algo habrán hecho, dos cuadros objetos.

Finalmente, un punto de inflexión en el discurso de Torreblanca es “Homo Sacer”. Cuadro objeto en el que una vez más alfileres conforman el concepto, pero esta vez, clavados de manera tal que simulan desaparecer. En el mundo romano homo sacer era el condenado que podía ser asesinado sin que el verdugo fuera acusado de homicidio. En nuestros días, es aquella víctima de la violencia impune que anulada en su identidad se vuelve invisible.

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