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El encanto de la vía negativa
Vicio Propio (Inherent Vice, Estados Unidos, 2014). Dirección y guión de Paul Thomas Anderson. Con Joaquin Phoenix, Katherine Waterston, Josh Brolin, Eric Roberts, Joanna Newsom, Benicio Del Toro, Owen Wilson, Reese Witherspoon, Martin Short. 
 
Paul Thomas Anderson mantiene el espíritu de un niño, un niño precoz. Descontento con lo que las reglas del juego le proponen, destruye y re-construye un nuevo orden, entregando una película como Vicio Propio. Basada en la novela de Thomas Pynchon Inherent Vice, la película mantiene el espíritu laberíntico que caracteriza a la narrativa del escritor. Por tanto Anderson toma prestado el tablero y las fichas, para ponerlas en juego ahora en imagen y sonido, construyendo un nuevo mundo: complejo y críptico, pero independiente y sólido.
 
La película transita la soleada California de finales de la década del sesenta y tiene como  protagonista a Doc Sportello (interpretado por Joaquin Phoenix), detective hippie de barba y pies sucios. Doc es sacado del sopor en el que se encuentra mediante la inesperada visita de una ex novia que reclama su ayuda. Mediante esta aparición y posterior desaparición de la ex novia, la trama se dispara en una búsqueda que deriva en una serie de múltiples eventos y una catarata interminable de personajes. Neo-nazis dialogando con afroamericanos, un cartel chino que negocia heroína a través de dentistas, prostitutas, drogadictos y policías; todos dispuestos en las más disparatadas y verosímiles secuencias. Aun así, la seguidilla de acontecimientos puede resultar extenuante para aquel espectador que pretenda seguir la trama recolectando toda la evidencia que el camino de Doc desata.
 
El hecho es que la película no se presenta como un relato lineal de causas y consecuencias, más bien es el retrato de la vivencia del propio protagonista. Doc se constituye en su presente a través del pasado, aquel que es invocado por la voz en off, quizás como consecuencia de la aparición de la ex novia, que como un fantasma se hace presencia en la ausencia y se revive a través de la apelación a los recuerdos del pasado. 
Esta experiencia es posible gracias a la gran plasticidad actoral que ha obtenido Joaquin Phoenix a lo largo de su carrera; ya lo veíamos trabajando con Anderson en The Master donde interpreta a un misterioso y entrañable personaje, como también en la última de Spike Jonze, Her, en la que todo parece quedarse corto ante tamaña actuación. Es que la cámara, tanto en estas películas, como en Inherent Vice, parece detenerse incansablemente sobre la cara de Phoenix, se acerca o se aleja pero sobre todo se detiene, en una actitud inquisitiva ante la densidad material y psicológica que dicho rostro adquiere.
 
La falta o el exceso de luz, como la presencia constante del humo, en casi todos los planos, construyen una mirada algo nublada, como si un manto de humo y nostalgia impregnara cada uno de ellos, restándoles del componente plenamente narrativo. Anderson logra componer una experiencia estética que no teme en detenerse el tiempo necesario para que la actuación y lo mostrado se carguen de belleza.
 
Vicio propio es una película rebelde, no quiere darle la satisfacción al espectador de ser encasillada en una fórmula ni en una suma y resta de eventos, rompiendo con el esquema de previsibilidad, esa tabla de multiplicar con la que se leen los relatos en el cine. Y aunque el gesto parece muy “posmo”, Anderson muestra que el espectador aún no se encuentra, como cree, tan libre de un vicio propio. No mientras siga sin atender a una banda de sonido excepcional (realizada por Jonny Greenwood), que oficia de gran guía en el mosaico de los recuerdos de Doc y conduce al espectador entre estos y la acción en presente, porque el presente que el protagonista nos enseña solo puede entenderse mediante la configuración latente del pasado. El eterno retorno de una mente (y un cuerpo) con recuerdos.
Daniela
dice:

Estas palabras, tan bien entrelazadas, tejen el manto de incertidumbre que, entre las oquedades del hilo, solo pueden despertar al lector para convertirlo, también, en espectador. Excelente!
10.06.15


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