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Lo que dice un cuerpo
Dínamo, de Claudio Tolcachir, Melisa Hermida y Lautaro Perotti, dirigida por Claudio Tolcachir, Melisa Hermida y Lautaro Perotti. Con Marta Lubos, Paula Ransenberg y Daniela Pla. Música de Joaquín Segade. En Timbre 4, México 3554, Sábados 21 y 23 hs. 
 
Dínamo es una máquina, una máquina teatral que transforma la energía mediante la rotación de los cuerpos en un campo magnético: la escena. La potente teatralidad que construye esta obra cataliza soledades en encuentros y aprehende el cuerpo en un idioma que es acción y palabra desnuda.  El teatro de Tolcachir, Hermida y Perotti es, por lo tanto, un teatro de la experiencia: explora sus bordes, visibiliza sus procedimientos y amplia “lo decible” en este lenguaje.
 
En este sentido, la apuesta de estos directores se concreta en el plano de la enunciación: al carecer la obra de “diálogo”, la comunicación parece fragmentada  y, por efecto compensatorio, busca asidero en el cuerpo, en el gesto, la mirada, el movimiento y la voz desarticula. Sus personajes – las tres mujeres– viven juntas, pero jamás se han visto,  hablan poco y en lenguas incomprensibles, sufren solas, y han perdido a alguien. Perdidas también ellas en el corazón mismo de una escenografía inteligentísima, la acción se sublima en un encuentro impostergable y el sentido que se creía perdido se recupera en un acuerdo entre actores y espectadores, que se renueva cada vez que se cierra el telón.
 
Dínamo es una obra de y para el cuerpo. La destreza actoral de Marta Lubos, Daniela Pla y Paula Ransenberg se despliega en pequeñas islas de sentido, que en su conjunto se resuelven en un archipiélago de paisajes y emociones que el espectador atraviesa, cruzando los límites en una escena arpegiada y vibrante como la música en vivo del compositor Joaquín Segade. Alejada del tono hiperrealista de La omisión de la familia Coleman, El viento en un violín  o Emilia, esta obra se acerca al terreno del absurdo buscando compensar la ausencia de diálogo con la interacción corporal de los personajes en una espacialidad compleja. El espacio enunciado en la intimidad compacta de un cuerpo, se abre y se parte como un útero cuando las tres mujeres se miran. Hermosa y dolorosa como un parto, la primera mirada inaugura una consciencia espacial que las comunica sin decir una palabra.
 
La estética de esta terna de directores interviene la realidad de tal forma que de ella nace una nueva teatralidad, que se contempla más que es contemplada, que pone al hombre frente al hombre para preguntarse, mirándose a los ojos: “¿ahora qué?. “Bienvenidos al desierto de lo real”, el absurdo y lo documental conviven en una suerte de arreglo paradójico que arroja al espectador a la soledad más extrema. No hay que ser filólogo para advertir un profundo sentimiento de angustia en el uso indiscriminado del pronombre, por la misma razón que no se le exige a la música un diccionario. Dínamo se proyecta sobre la escena actual del teatro porteño como una propuesta a indagar esos espacios de indeterminación que transita la experiencia contemporánea y se convierte, de esta forma, en un manifiesto  del cuerpo diciendo lo que pasa cuando lo que pasa no tiene nombre.
            
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