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Una odisea cósmico-ancestral
 
Vol. II, Cholo Visceral/Arturo Quispe: guitarras, ruido, teclado y voces. Israel Tenor: guitarras y ruido. Manuel Villavicencio: bajo, guitarra acústica/eléctrica y voces. Joao Orosco:batería.  Silvana Tello: theremin, voz y percusiones. Max Vega: saxofón alto. Fonoteca Studio. 2016.

En esta segunda entrega la banda peruana parece darle un fuerte apretón de manos a su primer álbum homónimo lanzado en 2013, como si forjase un pacto de identidad sonora. De este modo, en “Vol II”, el rock pesado y progresivo vuelve a confluir con el folclore andino -elemento que no solo subyace musicalmente sino que también se manifiesta en el arte de tapa y en los títulos de las canciones-. Una fusión que parece darse de forma natural, en parte, gracias a la versatilidad con la que cuentan los músicos a la hora de zapar, acto motor y médula central de todo su repertorio.
Es interesante como casi todas las piezas se amoldana la misma ecuación y no por eso pierden originalidad. Las composiciones suelen ser extensas, con subidas y bajadas bruscas bien crimsoneanas. La melodía se multiplica y condensa cada vez más hasta generar texturas de gran espesor, casi catárticas, que sumidas en una maraña de distorsión lindan con el noise. Por ejemplo, mientras la viola chilla con hipnóticos punteos, un saxo en clave free-jazz puede ser capaz de irrumpir sin aviso y desviar el tema hacia terrenos más anárquicos y vanguardistas, como aquellos cultivados por Ornette Coleman y Sun Ra.

Sin embargo, el exceso de experimentación puede asfixiar y resultar contraproducente, más aún en unabanda instrumental. Por suerte, es en esta línea en donde sorprenden condosgestos inesperados para el oyente. A mitad del discolos cables se desconectan y la distorsión se apaga de golpepara dar lugar a “Jargacha”, un folk psicodélico con aires de ritual. Aquí las raíces andinas brotan con fuerzade la tierra y toman mayor protagonismo, en especial, gracias al canto (o a las onomatopeyas) de Silvina Tello quien parecer invocaralguna deidad sepultada en los escombros de la colonización. Un respiro casi necesario que baja un poco la espuma entre tanto eclecticismo y avalancha de instrumentos. La otra novedad aparece recién al final en forma de coda siniestra. En “El paso entre las lomas” las teclas de un lúgubre piano rebotan solitarias junto algunos ruidos inclasificables que terminan conformando una despedida entre fantasmagórica y nostálgica.
 
Salvo excepciones, los vientos, la intensidad de las guitarras  y los cambios de ritmo frenéticos de la batería son el verdadero armamento de la banda, el tridente perfecto para la elaboración de atmósferas y transiciones pendulantes. Aunque, si bien en menor medida, los efectos de sonido también cumplen un rol importante al configurar ambientes cercanos al space-rock de Hawkwind y del prematuro Pink Floyd que alimentan el imaginario de lo cósmico y lo ancestral, lo indígena y lo futurista, lo tradicional y lo moderno. Lo que a fin de cuentas es Cholo Visceral: un híbrido entre mundos sonoros donde lo único que rige es la libertad musical.
 
Bandcamp: https://cholovisceral.bandcamp.com/album/vol-ii
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