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La dama monstruo que se convirtió en arte

Actriz, cantora, poeta, docente, escritora, militante, artistatrans sudaca, Susy Shock hizo de sí misma su gran obra de arte. 

El día de la nota, Susy Shock atendió a la periodista y el fotógrafo del diario en batón y pantuflas. Estaba en su casa, un martes de otoño al mediodía y sí: batón y pantuflas. El pelo (la peluca) recogido. Los ojos, maquillados. “Vení, pasá, acomodate”, invitó, mientras señalaba una silla alrededor de la mesa, el mate y las galletitas. “Prefiero que primero hagan las fotos así después podemos charlar tranquilas − sugirió la cronista−. Me gusta hacer las entrevistas con tiempo”. Susy, entonces, se instaló en un sillón frente al ventanal, abrazó una de sus cajas bagualeras y se puso a tocar para la foto: “Hacés muy bien. Le ganás libertad al sistema cuando hacés tu propio tiempo. El sistema es eso: tiempo. Te regula desde ahí. La autonomía del tiempo es lo más parecido a la libertad”, casi cantó desde esa esquina del living, con el sol que le pegaba en la cara y le hacía fruncir un poco el ceño.  Y entonces esa cronista entendió que nada, nada en Susy Shock funciona al azar. Cada movimiento, cada postura, cada palabra, cada gesto que surge de su persona contiene uno, dos, tres significados. Nada debe pasar inadvertido. Nada está vacío. Nada sobra.
 
Hace ya un tiempo que Susy Shock decidió que ella es su mayor obra de arte y actúa consecuentemente con ese postulado. “Yo soy arte”, amenaza desde su poema “Soy”. Y toda duda queda saldada, aplastada, ¿quieren saber más? Escuchenlá, préstenle atención. Silencio. Susy Shock.
 
“Yo, pobre mortal, equidistante de todo, yo DNI 20598061, yo primer hijo de la madre que después fui, amazona de mi deseo, perra en celo de mi sueño rojo, yo reivindico mi derecho a ser un monstruo, ni varón, ni mujer, ni XXY ni H2O”. Así comienza su manifiesto “Reivindico mi derecho a ser monstruo”, su credo, su Madrenuestro. La explicación, la línea histórica, la biografía de esta artista se funda en estas palabras, y en todas las demás que fue dejando y pariendo a través de todos sus años de carreramilitancia. Sí: “carreramilitancia”, porque una cosa es inseparable de la otra. Como es inseparable en ella la vida artística y la social. ¿Cómo separarlas si ella misma es su propia obra? ¿Acaso deja de ser arte cuando va al supermercado? Imposible. “Sin arte, sería una plantita seca”, suele asegurar. Y claro: el arte la salvó. El arte la deshizo y la hizo. El arte la forma y la deforma. Cada día. Todos los días.
 
Susy nació en Balvanera. Y nació Daniel. Susy creció en el seno de una familia amorosa que entendió su realidad desde muy temprano y que la acompañó desde el cariño y la comprensión. Siempre. Una familia que fue aprendiendo con ella y aprehendiéndola a ella. Al ritmo de ella. Y fue ésa su gran salvación: su familia. Y el arte. Otras dos caras de una moneda indivisible en su vida. La moneda que la sacó del irremediable destino que sufre la mayoría de las personas trans: la persecución, la discriminación, la criminalización, la prostitución. Ella pudo ser arte, germinar y crecer para, entonces, transformarse en una voz. Pero para eso haría falta tiempo.
 
Todo comenzó como un juego, en la adolescencia.  “Mis viejos fueron laburantes que tuvieron la sabiduría cotidiana de acercarnos al arte y dejarme empezar a los catorce años a ser parte niñita de un mundo de soñadores que creía que estar en una obra de teatro o cantar una canción era cambiar el mundo. Lo más maravilloso que te puede pasar”, relata. Esa “parte niñita” fue ocupando cada vez más espacio en la vida artística de Daniel, que todavía era Daniel. Todavía era Daniel… Susy empezó a aparecer medio a escondidas, como un disfraz, un personaje de los veinte cuando, con un grupo de amigos, “se montaban” para subir a algún escenario del under porteño. Susy era un personaje hecho de retazos, como un poema, como un cadáver exquisito. No respondía a una estética en particular. No copiaba: era. Y su voz era su voz de siempre. La voz que mantendría para siempre. ¿Por qué “Susy Shock”? “Pensaba en la Susana pre milicos, pre Monzón y pre platinado, un nombre de patria (sí, patria mediática), como ponerse Maradona, de lo mejor y lo peor que nos representa”, explica. Su Susy quiere ser una Susy que puedan entender todos o, al menos, la mayor cantidad de personas. Una Susy del Pueblo. Nacional y Popular.
 
Así nació la Susy Obra de Arte. Y así Daniel fue quedando cada vez más relegado hasta llegar a casi desaparecer bajo esa peluca color caramelo, el delineador de ojos y las pestañas postizas de papel.  Casi, sí. Porque Daniel está ahí. No se fue del todo. Está en la voz, está en lo profundo de su mirada. Y está en cada palabra de ese manifiesto del yo que representa Susy Shock: “ni varón, ni mujer, ni XXY, ni H2O”. Repite. Repite.
 
Entonces, con la consagración de Susy Obra de Arte vino lo que es más visible de su carrera artística. Lo más palpable, se diría: la edición de tres libros de poemas, el primero, de 2007, Revuelto Sur, firmado como Daniel Ricardo Bazán Lazarte, y Poemario Transpirado y Relatos de Canecalón, (los dos de 2011) y el disco de folklore Buena vida y poca vergüenza (2014). “El escenario fue mi primera editorial. Me tomó mucho tiempo plantearme poner en un libro todo esto que hago desde los catorce años. El proceso fue largo porque, en realidad, yo nunca necesité el hecho físico del libro o del disco: yo tenía el escenario. Yo soy artista del escenario: lo que escribo ¡ya está!, es para el viernes, para el sábado. Lo escribo y ya está ahí, cotejándose con el público”, aclara. Es en esos objetos que no son ella donde se puede reponer la poética y la militancia de una artista consagrada a hacerse ver y hacerse oír como la voz de tantas que callan y que luchan o, simplemente, intentan sobrevivir. No hay una sola palabra, un solo verso de esos poemas/canciones que no se haga carne en la persona de Susy Shock. Es indivisible porque forma parte de una sola cosa, y es por eso que resultaría absurdo intentar contar a Susy a través de su obra separándola de su cuerpomilitancia: porque no existiría uno sin la otra.
 
Sus poemas, sus músicas, sus manifiestos. Su amistad con Fernando Noy, Lohana Berkins y Marlene Wayar; su participación en las Noches Bizarras; su protagónico en la película Andrea. Un melodrama rioplatense, de Édgar de Santo; sus colaboraciones para el suplemento Soy, de Página/12; su activa militancia a favor de las leyes de Matrimonio Igualitario y de Identidad de Género; su micro Crianzas, en la revista MU;  sus incontables presentaciones en escenarios de todo el país. Su pareja por más de 25 años, su hija Anahí, su andar urbano, su tradición tucumana, la ciudad, el folklore, las tetas, la caja, la peluca y la voz. Actriz, cantora, poeta, docente, escritora, militante, artista trans sudaca. Cruda y femenina. Masculina a ratos. Género colibrí. Todo eso es Susy Shock.
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