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Un viaje nostálgico y pop
Malviaje, sobre textos de Gael Policano Rossi. Actúan: Ana Capalbo, Tomás Deías Spreng, Marcela Dojtman, Gianluca Zonzini. Iluminación: Compañía De Producción Lumínica, Rocío Caliri. Asistencia de dirección: Noelia Lorena Ferrario. Dirección: Alberto Antonio Romero. La Casona Iluminada. Av. Corrientes 1979. Entrada: $ 100,00 - Viernes - 23:00 hs.
Un avión inflable desinflado pegado con cinta en la pared. Un poema recitado por cuatro personas al unísono. Una chica bailando con una toalla de Barbie sobre su cuerpo, o una toalla de Barbie con brazos de mujer.
Estos son algunos fragmentos de Malviaje, la obra de teatro basada en el libro de poesía casi homónimo -Malviaje & los poemas de Internet- del multifacético Gael Policano Rossi: poeta, actor, dramaturgo, astrólogo. El libro, escrito en un aeropuerto, recorre escenas de infancia en Córdoba y Río Gallegos, como así también encuentros y desencuentros amorosos en la adultez. Un viaje personal, íntimo, hacia el núcleo de una familia donde las mujeres son madres proveedoras y los padres brillan por su ausencia.
Una pieza que se corre de los géneros,se anuncia como recital de poesía pero es mucho más. “Por favor, poner sus celulares en modo avión” se les pide a los espectadores al comienzo. Poesía, teatro y música envuelven al público en un viaje, esta vez casi alucinógeno y sin sentido aparente. La Compañía Fletes Gustavo, comandada por Alberto “Beto” Antonio Romero, lleva a cabo esta producción, la segunda parte de un trabajo de exploración de los vínculos entre la poesía y la escena. La primera parte fue Veranito de San Juan, también basada en textos de Policano Rossi.
 
La puesta es el resultado del encadenamiento de los poemas recitados en el mismo orden en que aparecen en el libro, intercalados con momentos musicales de canto y baile que interpretan los actores. No hay argumento porque no hay guión: la obra es una performance pop que se construye de imágenes, poemas y canciones interpretadas por los actores, que se hilvanan para conformar una tela plástica como la de los changuitos para hacer las compras.
 
La escenografía es casi inexistente, apenas algunos pósters de íconos populares de los 90 -de Menem a Guillermo Andino, de Rodrigo a Juan Castro- y extensiones de pelo colgadas del espejo que se funden en una amalgama kitsch. El espacio es una sala de danza, con espejo y barra para practicar los pasos, devenida en el escenario de este decir edulcorado y queer. La verdadera escenografía en Malviaje es el baile. Los cuerpos se mueven al ritmo de su sentir: a veces intenso, a veces desprolijo.

Los actores son actores pero también son músicos. La obra deja en claro la importancia de la música pop en la educación sentimental de las personas, al menos de los nacidos en los 80. Canciones latinas del comienzo de milenio son rescatadas con un toque de nostalgia, pero más bien con alegría, y se les otorga el lugar que se merecen: “Suerte” de Shakira o “Genio atrapado” de Christina Aguilera suenan fuerte, cantadas casi a gritos. La versión de “Pero me acuerdo de ti” con guitarra eléctrica y bombo legüero, uno de los momentos más álgidos, permanecerá grabada en los oídos de quien la escuche.
 
Durante casi una hora de ritmo frenético, el espectador se sumerge alucinado bajo un permanente estímulo. Todo el tiempo suceden varias cosas a la vez. Pero debajo del manto de brillantina hay una verdad: la verdad del texto y de la música. Las imágenes, tan contundentes, a veces no ceden el espacio para detenerse a escuchar. Y hay mucho para escuchar: la angustia por la pérdida, el mal amor, el sufrimiento de un hijo no aceptado por su padre. “Mi papá cree que soy travesti” se lee en papeles impresos en hojas A4 que sostienen los actores con sus manos. Quizás, la vida a veces también es frenética y sucede igual: las heridas hondas se tapan con curitas para poder seguir bailando.

Malviaje es un musical de poesía que no da tregua, pero que deja traslucir el dolor existente en el fondo de los poemas, dolor tapado con insistencia por los sonidos y las pelucas de cotillón. Malviaje esun collage, un copiar y pegar revistas de los 90 sobre la carpeta del colegio. Colores atravesados por la emoción, voces que llenan el espacio y se elevan para decir: “Son las buenas cosas de las que no aprendemos/por eso amamos como amamos”.
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