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“Me interesa el énfasis en la experiencia, no en la obra”
Música, artista sonora, Alma Laprida acaba de lanzar su primer disco, grabado en la Ciudad de México en el marco de una residencia de artistas, La estela también desaparece (2016, Audition Records), que es el registro en vivo  en GIS Studio de música creada a partir de instrucciones que un mazo de cartas da a los intérpretes.
foto: Samuel Sahlieh
 
El día está lluvioso. Prepara un té de jengibre en tazas de Garfield. De a ratos se distrae con cualquier cosa que haya sobre su escritorio: parlantes, cascabeles, parches, o le hace mimos a sus gatas. Alma Laprida, 31 años, música, artista sonora, nacida en San Miguel (Provincia de Buenos Aires), vive ahora en Capital. Acaba de lanzar su primer disco grabado en la Ciudad de México, La estela también desaparece (2016, Audition Records), que es el registro en vivo en GIS Studio de música creada a partir de instrucciones que un mazo de cartas da a los intérpretes. Después de grabarlo en el marco de una residencia de artistas, realizó una performance a partir del mismo mazo en Buenos Aires, en el Museo de Arte Moderno. Luego de su paso por el punk, el rock y el jazz, desde 2010 Alma Laprida se dedica a la experimentación. Explora las posibilidades sonoras de la tromba marina -instrumento medieval de cuerdas, que suena como una trompeta extraña- aunque ahora dice tenerla “un poco abandonada”. Recientemente defendió su tesis de Licenciatura en Gestión Cultural (UNTREF), en la que investigó nuevas tecnologías aplicadas a la música. Alma que canta, que toca, que improvisa, todas las Almas parecen convivir en el juego y la búsqueda como fin en sí mismo.
 
- Grabaste tu primer disco La estela también desaparece a partir de la creación de un mazo de cartas. ¿Cómo fue este proceso?
 
- Un amigo músico que vive en México, Julián Bonequi, hace una residencia en la casa que era de su abuela, una casa gigante. Parece que estuvo varios años tomada. A los pocos días de llegar me senté con él y empezamos a hablar de las cosas que podíamos hacer en la casa. Una de las cosas que le pregunté era si podíamos hacer un encuentro de mujeres experimentadoras. Eso estuvo re bueno. Primero había pensado tocar en los baños, que tienen mucha reverberancia. A él le gustó esto de los dibujos, después pensé que podía ser un mazo de cartas. Las cartas podés ordenarlas como vos quieras o mezclarlas y que sea al azar. Podés establecer la forma musical desde antes o no. Hay una indicación del tamaño del dibujo y de la velocidad, en todas, menos en la libre. Decidimos que íbamos a hacer un concierto cerrado en la casa y que iba a ser una filmación. Las que participan son dos músicas que conocí en la reunión de mujeres.
 
- Hablabas del encuentro de mujeres experimentadoras. ¿Te interesan especialmente los proyectos femeninos?
 
- Sí. El año pasado empecé a hacer encuentros de mujeres acá en Buenos Aires. Estaba podrida de un montón de situaciones que me fueron pasando desde que empecé a hacer música cuando era adolescente, como meterme en una banda y que me dijeran “qué bueno que estas de novia, si estuvieras soltera no podrías tocar con nosotros, mirá si alguno se enamora y la banda se rompe”. O que haya un festival de ochenta mil músicos y que no hubiera ninguna mujer. Entonces me empecé a juntar con pibas y me sentí más aliviada de todo eso, más acompañada. Estos encuentros también sirven para desguetificar... darnos cuenta de que todos tenemos los mismos problemas: buscar espacios para tocar, conseguir recursos, etc.
 
- ¿Son encuentros de improvisación?
 
- La primera vez eramos pocas chicas, seis o siete. Nos juntamos a comer algo y charlar. La segunda vez ya fue a zapar. La tercera nos colgamos mostrándonos nuestros proyectos en Bandcamp o en Soundcloud. Se invita por lista de mail, y podés llevar a alguien si querés. También abrí un grupo de Facebook de mujeres experimentadoras en Latinoamérica. Por ahí escribe una de México que dice “Hola voy a estar en Chile en noviembre, ¿nos juntamos a tocar? O “Necesito hacer una obra cuadrafónica y no sé cómo se hace”. Así se empiezan a generar redes.
 
- ¿Cómo fue tu pasaje de la música medieval a la experimental?
 
- Yo tocaba en un ensamble de música medieval. Entré como cantante, y en un momento me dijeron “Mirá, compramos estos instrumentos, tenés que tocar este”. Estaba re malhumorada: “¡Yo estudio piano y soy cantante. ¡Este instrumento no me sale! ¡Suena horrible! Es feo, lo odio”. Era la tromba marina...y en un momento le empecé a tomar cariño. En realidad la música medieval me parece que tiene que ver con muchas cosas que hice después. Yo venía de estudiar en un conservatorio de música clásica, de cantar jazz, de tocar en bandas de rock. La música medieval es muy distinta a la música clásica y a la música popular, tiene otras escalas que no son tonales, otros sonidos. Los instrumentos medievales suenan distinto, tienen otras texturas. La textura me empezó a importar un montón. Cuando tenía veinte años tuve un momento extremo. Empecé a escuchar sólo obras atonales y politonales. Empecé a leer a John Cage. Entonces en un punto yo lo viví como una especie de continuidad entre la música medieval y el experimentalismo. Mi cabeza ya se iba para ese lado. Primero empecé a improvisar con gente, a hacer improvisación libre. Estaba muy acostumbrada improvisar porque cantaba jazz. Y en un momento dije “todo bien con la improvisación, pero necesito hacer algo más”. Empecé a usar programas en la compu, a grabarme. No es que dejé de improvisar, pero improviso mucho menos. Ahora diseño bien el concierto, o improviso pero elijo cuidadosamente los elementos. Por ejemplo, la última vez que improvisé, había decidido usar lo que tuviera en mi mochila. Micrófonos para amplificar, chasqui bum para explotar, una lapicera, monedas.
 
- El mundo de la música experimental es muy específico. ¿Cuáles son para vos las formas de difundir, escuchar y disfrutar la música experimental?
 
- Creo que hay distintos tipos de espacios que determinan cómo va a ser toda la situación, desde la difusión hasta el consumo. Si tocás en un museo o en un sótano que sólo se dedica a la música experimental, ya son dos situaciones muy distintas, con públicos distintos. Probablemente como músico armes algo distinto. La música experimental cualquier persona la puede escuchar y disfrutar, pero la mayoría no está educada para eso. Cualquier persona puede entender que la música experimental es un poco exploratoria y tiene que ver con lo lúdico. Pero es todo tan tan under que no podés salir en la prensa de nada. Una vez hablé con un periodista de Página 12 y me dijo “ah no, si no hacés canciones no”. Puede estar re buenísimo sin que tengan que ser canciones.
 
- ¿Tu búsqueda tiene que ver con ir probando cosas nuevas?
 
Tengo un cuaderno donde anoto ideas random. Por ejemplo, organizar un concierto a partir de la disposición del público sentado. O hacer obras para parques de diversiones. Tengo ideas de sonidos que me gustan. Por ejemplo, ¿viste que la línea E de Subte suena re mal? Un día dije chau, me voy a grabar la línea E de Subte. Después lo usé para una pieza. Ahora estoy preparando una instalación sonora para la Bienal del Pensamiento Paralelo. Trato de no aburrirme.
 
- Vas curioseando con lo que tenés a mano.
 
- Sí, tal cual, con lo que tengo a mano. Hay otra música que dejó profundas huellas en mi persona que fue el punk. Y de ahí tomé la cosa de que lo importante es tocar, no importa si haces música con dos acordes, lo que importa es tomar algo que te gusta y llegar a fondo.
 
- La búsqueda, más allá del resultado.
 
- Sí, sacar el aura de la obra. Hay mucha gente que viene de la academia que piensa que todo esto de la música experimental es una porquería gigante, que no es interesante. Cada vez que alguien me dice “soy compositor”, con ese tono solemne, me da mucha risa. Toda esta cosa de la solemnidad me parece manipuladora. Estoy en contra de la figura del maestro que funciona en la música académica, el maestro como alguien incorregible, intocable. Es un modelo paternalista y autoritario.  Me interesa el énfasis en la experiencia, no en la obra. Que te vibre el cuerpo, que te pasen cosas. Esto de la curiosidad y estar buscando todo el tiempo cosas nuevas que me interesen. Puede ser que de acá a dos años escriba para ensamble, puede ser que haga una banda de rock, puede ser todo. No estoy cerrada en mi cabeza. Trato de hacer música que refleje lo que pienso y que tenga el potencial de ser crítica. Cuando voy a tocar en un concierto con lo que tengo en el bolsillo pienso “la civilización se terminó, lo que tengo es esto”. Ese es un momento de imaginación y de fomentar la imaginación en otros. ¡Y también quiero conquistar el mundo! 
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