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El colectivo va lleno
Entrevista al colectivo artístico Estrella del Oriente, integrado por Juan Carlos Capurro, Pedro Roth, Daniel Santoro, Germán Gárgano, Tata Cedrón y Marcelo Céspedes (los dos últimos estuvieron ausentes con aviso). 
 
Muchas veces establecer una conversación en un bar se asemeja, en alguna medida, a hacerlo en una esquina en medio del ensordecedor ruido de las calles del centro porteño. De todos modos, en un bar suenan otras cosas, los pocillos de café golpeándose entre sí; vasos y platos que chocan al ingresar al lava-copas, la cafetera arrojando vapor y las conversaciones a las que los parroquianos se lanzan extrovertidamente. No obstante, al tomar contacto con los integrantes del colectivo artístico Estrella del Oriente, cuyo espacio de creación es justamente un bar, inmediatamente se experimenta la sensación de haber llegado a un lugar diferente, en el que se respira una atmósfera cargada de simbolismos, un verdadero oasis en medio del estentóreo paisaje. En la mesa están Juan Carlos Capurro, Pedro Roth, Daniel Santoro y Germán Gárgano, ausentes (¡qué pena!) con aviso, Tata Cedrón y Marcelo Céspedes.
 
−Podría haber sido el taller de alguno de ustedes, como un sitio más propicio para reunirse, en lugar de venir a charlar e inspirarse acá, en un bar, ¿no?
Capurro: ¡Bueno, el taller es aburridísimo!
Santoro: Para desayunar tranquilos.
Gárgano: Un lugar neutral.
Roth: Hay un gran porcentaje de la cultura porteña que tiene que ver con lo bares, una gran parte de la cultura argentina se hizo acá, en el café.
Capurro: Sí, además tiene una tradición,
Roth: Me acuerdo de que siempre en La Paz, se decía que las mesas mandaban el discurso a los que estaban sentados, eran las mesas de filósofos, de anarquistas, de políticos. Y eso viene de España, de la discusión, de la tertulia. Acá, en Buenos Aires, primero estuvo el Jockey de Viamonte y Florida una especie de lugar de encuentro de la universidad, las chicas de psicología, los ricos que andaban por ahí, se juntaban con los intelectuales, los pintores, y todo se daba ahí, ahora no hay más nada de eso, ni una galería de arte en la calle Florida.
Santoro: Ahora en los bares están todos los muñecos de cartapesta, de custodia, en la London está Cortázar, vas a La Biela y están Borges y Bioy.
 
−¿Cómo se fue conformando el espacio que dio lugar a charlas, reflexiones y discusiones de ideas, hasta adquirir forma de colectivo artístico?
Capurro: Me conocí con Daniel Santoro en el casamiento de Benavidez Bedoya, el grabador. Entonces nos empezamos a juntar en atención a charlas de temas preferidos, principalmente, sobre arte. Después conocí a Pedro que venía al bar de enfrente a desayunar, cambiamos algunas palabras y entonces empezamos a juntarnos los tres y así continuamos.
Roth: También venía el Nano Herrera que vivía acá a la vuelta y que era el más grande crítico de jazz del país. Un tipo muy particular, amigo de Cortázar, Miles Davis y Piazzola. Un personaje que lamentablemente falleció cuando estábamos trabajando juntos. Después se sumó el Tata Cedrón, que pasó vio luz y entró.Por último y más reciente se sumó Germán. Es decir que todos los imanes se atrajeron, nos juntó el azar objetivo, un hecho absolutamente surrealista.
 
−¿Cómo fue tu adaptación, Germán, a algo que ya estaba en marcha?
Gárgano: Me habían invitado a una charla acerca de cuáles fueron los efectos que había dejado la visita de Duchamp a la Argentina y sabía que me iba a encontrar con ellos tres, pero como yo pinto, no iba mucho a esos lugares, pero esa vez resolví ir.
Capurro: Sí,(con tono irónico) un hombre enfrascado en su trabajo, pero que en un momento empezó a pensar nuevamente en que hay una sociedad compuesta por otros seres humanos.
Gárgano: Después de esa charla, me sumé al grupo. Igual hay una ironía en todo esto, porque si La ballena hubiera sido un homenaje a Duchamp yo no estaría acá ni loco.
 
−Ya que introdujiste anticipadamente el tema de la película, ¿cómo surge la idea del proyecto más famoso del grupo: La ballena va llena?  ¿Dentro de qué género puede ubicarse la obra?
Capurro: Bueno, no podemos hablar de la ballena sin mencionar primero lo que Estrella del Oriente es, y en ese sentido afirmamos que es un lugar de absoluta libertad, donde no vamos a admitir ningún tipo de dogmatismo: al dogmatismo le rajamos. Más allá de las opiniones que está bien que las tengamos, estamos contra el monolitismo de lo que sea, de toda idea totalitaria, un contra-stalinismo. Lo que nutre esto es el disenso, como tiene que ser en todas las esferas por otra parte, sobre la base de algo en común que nos mueve y de una mirada general que, lógicamente, tenemos. Acá la verdad es que nosotros aplicamos la gran consigna de toda libertad en arte al pie de la letra, empezando por nosotros mismos.
Santoro: Construimos una ballena como si fuese una nave. Usar un barco en forma de ballena para transportar gente. La nave de la ballena es una crítica a lo institucional. Jugamos con la idea de contrabandear inmigrantes para que puedan llegar a Europa y ser recibidos, ya que como obra de arte pueden pasar. Es una suerte de caballo de Troya, una ballena de Troya sería. La ballena es una obra conceptual pero también es una crítica a la institución artística y al mismo tiempo es una jugada de arte político, es decir, fuerza las posibilidades de la institución artística a través de ese barco por medio del cual transforma a los inmigrantes en obras de arte. La ballena funciona indirectamente para legitimar a las personas. Jugamos con los límites del arte. De este modo, al juntar el arte con la política se produce un problema político enorme. Hay millones de tipos que van a poder entrar sin problemas al lugar del deseo del primer mundo porque la institución artística lo garantiza, porque ya son obras de arte.
En definitiva, la ballena no es un objeto estético, es una obra performática y tiene un fondo duchampiano irónico a partir de la presencia del mingitorio. Es una performance de crítica institucional y política.
 
−Entiendo que al colectivo, entonces, se debería subir dejando parte del ego de artista abajo, ¿cómo es viajar de ese modo?
Roth: Bueno, ahí surge el tema de la colaboración. La colaboración es una obra que sucede acá; cada uno es artista por su lado, pero acá estamos trabajando en conjunto y lo que sale es una obra colectiva, como fue La Ballena va llena, y como serán los proyecto que van a venir. Es decir que no tiene que ver con la obra de ninguno de nosotros. Es otra obra que va sumando las ideas de todos y va generando una obra diferente. Esto define al colectivo Estrella del Oriente.
Santoro: ¡Claro! Cada uno preserva un espacio propio que no tiene nada que ver con lo que hacemos acá. Este es un lugar especial que lo tomamos con total libertad de hacer algo, lo que nos salga, aunque a veces no nos sale nada. En esos casos tomamostambién la actitud del porteño en el bar, esperar, esperar, y por ahí algo sucede. No hay un criterio de productividad, todo lo contrario.
 
−Entiendo que editan una revista, ¿es quizás esa publicación el acto más importante como primera manifestación del colectivo?
Capurro: En realidad, las manifestaciones las veníamos haciendo con cosas que se nos ocurrían juntos, la idea de sacar la revista es para fijar criterios, opiniones, ir dejando una marca de los debates. Además, juntarnos implica ya estar perfilando un proyecto para desarrollar y desenvolver una obra. Por ese motivo, también nos pareció bueno publicarla.
Gárgano: La revista también incluye textos que abarcan distintas cuestiones. Para nosotros tiene un tenor de órgano institucional del grupo.
 
−A propósito del tema institucional ¿cómo están viendo la cuestión de los museos y las otras instituciones del arte?
Capurro: La obra que estamos preparando ahora tiene que ver con los museos y qué lugar tienen en el universo artístico, es decir, siempre está presente la cuestión de la institucionalidad.
Santoro: Los museos para nosotros funcionan como un evento, como lugar de la única novedad, en realidad, en el mundo del arte las novedades aparecen ahí, en el museo. Porque la institución necesita crecer, necesita de más dialéctica en ese sentido. Empieza en un pequeño museo y quiere convertirse en un gran museo. Nunca dejan una antigua sede. El museo crece como una especie de mancha y la antigua sede se convierte en el gran lugar de origen, nunca lo va a abandonar. De cualquier institución hay antiguas sedes abandonadas del museo no. El museo se apropia de la antigua estación ferroviaria, del antiguo hospital: la estación del Orsay y el Reina Sofía son claros ejemplos de eso.
Gárgano: Con respecto a esto hay varios puntos de vista. Están los que como Groys quieren que el museo sea la vida cotidiana y disolverlo como Duchamp disolvió el arte en los años 20. Una cosa es que sea “no elitista” (que todos estamos de acuerdo), que vaya más gente y hacerlo populoso, y otra cosa es que filosóficamente se conjugue con la vida, con lo que no estoy de acuerdo. Una cosa es que sea masivo, pero otra cosa es disolver la institución.
Santoro: Eso también lo formuló, en parte, Danto que habló invirtiendo la fórmula del desencantamiento del mundo de Weber. A través de las acciones artísticas, las performances, las instalaciones y demás existe un reencantamiento del mundo, es decir, todo puede ser visto de manera estética. De este modo, hay un momento en que tomás esta plaza en un determinado horario y la convertís en una obra de arte, todo lo que sucede en ella ahora es una performance. Pero esto sirve si hay una captura institucional que le da voz, que la traslada y que hace que, en la próxima Kassel pongan esto documentado como sea y pase a ser parte de la captura institucional. De ahí en más, todo lo que suceda en las plazas de todo el mundo en un determinado horario va a tener un volumen universal y eso va a ser el reencantamiento del mundo gracias al arte. Pero siempre está de por medio la institución.
 
−Por último, ¿les gustaría dejar una reflexión final en la cual quede expresadoel pensamiento que define la concepción artística del grupo?
Capurro: En un admirable texto de Último Round, “Los testigos”, Cortázar presenta el caso de una mosca que vuela de espaldas. No es fácil constatar la veracidad de lo que allí se afirma; pero la documentación agregada es suficientemente seria como para dar por acreditado el fenómeno. Como esta mosca, el arte actual ya no sabe para qué lado vuela; en todo caso, hay pruebas y documentación suficiente para avalar no sólo el vuelo de espaldas, sino de costado, en diagonal, en el sentido de las agujas del reloj e, inclusive, conformando grupos de moscas que vuelan, colectivamente, haciendo acrobacias. Estrella del Orientetiende a colocarse en esta última historia clínica.Este fin de época, en el cual el individualismo no se presenta como una elección, sino como estructura equilibrada de la personalidad, no deja de ser para nosotros gratificante que habiendo tantas moscas, todas bien avaladas teórica y materialmente y afirmadas individualmente sobre sus sólidas patitas, nosotros hayamos decidido agruparnos, en el esfuerzo por tratar de dilucidar la naturaleza de nuestro vuelo.
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