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Muchas posibilidades
Lucas Mariño es egresado del Taller de danza contemporánea del Teatro San Martín, estudió en Estados Unidos y forma parte de Cía Emergentes una compañía nueva que intenta salir del segundo subsuelo del Teatro San Martín. Con anécdotas que muestran su personalidad nos cuenta de sus inicios en la danza, su pasaje por el taller y su proyecto actual.
-¿Cómo empezaste tu carrera en la danza?
-Mi familia es evangélica, cuando yo tenía 12 años había una movida nueva de la danza dentro de la iglesia. Investigué eso y me encontré con Jesus Warriors, fue ahí donde comencé a estudiar Hip Hop. Luego empecé a estudiar la Carrera de Comedia Musical en El Centro para ampliar mis conocimientos a otros estilos. En la primera audición para el San Martín no entré, pero al año siguiente sí. Fue uno de mis primeros éxitos. No suelo poner metas concretas, hago mucho y en algún momento surgen cosas, “¡pero surgen cosas, porque estás en movimiento!”
 
-Viajaste al exterior, contanos sobre esa experiencia, ¿Cómo conseguiste la beca?
-Terminé el Taller del San Martín en el 2014 y en febrero del año siguiente audicioné (en Buenos Aires) para una beca en “Joffrey Ballet School” de Nueva York; una vez allí, volví a audicionar para la beca anual. Pagar una audición fue nuevo para mí, es como si tomaras una clase, por eso pagás. Al conseguir la beca mi próxima inquietud fue cómo pagar el viaje. Decidí ir ¡como sea! Me acuerdo que cuando faltaban dos semanas todavía no tenía nada confirmado, no solamente hay que pensar en la plata sino que además hay que sacar una visa. Un tiempo antes del viaje hice un seminario con la Battery Dance Company en un programa que se llama Dancing to Connect; allí interactúan bailarines con gente que no hace danza y mediante pautas se inicia el movimiento. Les conté que había ganado la beca y de esa forma les llegó el comentario al sector de cultura de la Embajada. Me asignaron una entrevista para la visa y me pasó algo curioso: no se puede entrar al edificio con teléfonos celulares por eso me iba a encontrar con un amigo para dárselo, pero llegó tarde… entonces le di mi celular a un chico que me dio confianza (estaba acompañando a su novia) y entré… sin saber si perdía mi celular o no, era: o la visa o el teléfono. Por suerte no pasó nada. Y además ¡salí victorioso con la visa aprobada!
 
-¿Cómo fue la experiencia de estudiar en Estados Unidos?
-En cuanto a la danza, las técnicas (Graham, Cunningham o Müller por ejemplo) se estudian con perspectivas diferentes en relación con lo que estudiamos acá. También me di cuenta de que los precursores de la danza contemporánea no solo tenían un enfoque artístico sino que dieron mucha bola a lo comercial y me traje ese aprendizaje. Entendieron que el ballet estaba ocupando un lugar muy importante y rompieron con eso. Aprendí que no sólo son precursores en cuanto al arte, sino que también saben gestionarse, cada uno de los bailarines se entiende como una empresa, ¡Acá eso no pasa! Si queremos vivir de la danza tenemos que entender cómo se invierte, en qué, el marketing, además del arte, por supuesto.
 
-¿Cómo te sentiste en Nueva York siendo latino?
-La primera vez que fui a el Bronx estaba re asustado. Después de un tiempo vi que nada malo pasaba y me relajé. Estamos acostumbrados a que la inseguridad forme parte de nuestras vidas, allá es distinto.Venimos de una cultura italiana y española, que tiene códigos diferentes de los de Estados Unidos. Muchas veces en las audiciones tomaban en cuenta a los latinos antes que a los locales. Nosotros tenemos esa pimienta que ellos no siempre tienen. Estados Unidos y principalmente Nueva York es multicultural, te subís al subte y estás en todos los países al mismo tiempo, cuando viajás te das cuenta de que “mi mundo no termina en mi país”.
 
-¿Cómo fue tu proceso en el Taller de Danza Contemporánea del Teatro San Martín?
-Al principio fue muy duro, el Taller te propone cambiar tu cabeza, entrás de una forma y tenés que hacer todo un aprendizaje desde cero. Eso hace que derroques estructuras previas, a veces pensás que las cosas son de una manera que en realidad no lo son, o que pueden ser de otra. Para mí el Taller te cambia la vida porque te enseña a pensar, a ser trabajador de la danza. No es solamente tomar clases para perfeccionar la técnica, te preparan para tener un cuerpo inteligente, para aprender a resolver cualquier propuesta que presente cualquier docente, aprender a crear, cual es tu cuerpo, cual es la manera más sana. En el San Martín no me resolvieron la vida, me plantearon inquietudes.
 
-¿Cuántos años son? ¿Terminaste el Taller?
-Son 3 años y sí lo terminé. Creo que a cualquier persona que hizo el Taller en algún momento quiso dejar, porque te encontrás que también tenés que seguir trabajando, yo hacía animaciones. El Taller es una beca, pero tenés que seguir viviendo; por momentos tenés ganas de mandar todo a cualquier lado, es mucho estrés.
 
­-¿Qué te hizo seguir?
-La gente que tenía alrededor, incluso mis compañeros. También pasa que cuando estás adentro del mambo no te das cuenta de la magnitud del lugar en dónde estás. Al Taller del San Martín no entra cualquiera, y a veces llegás a un momento de comodidad que pensás que podés dejarlo y hacer otra cosa y no te das cuenta que seguir ahí es re importante.
El Taller te genera un conflicto general que hace que crezcas. Nadie sale igual. Más allá de lo formal en la danza el Taller te lleva a pensar muchas cosas. Un docente te puede decir: este paso puede ser así… o también así… o así y te deja en el lugar para decidir. ¡Yo tengo que decidir! Existen muchas posibilidades.
Lamentablemente no pueden aumentar la duración o aumentar la franja etaria porque carecen de infraestructura, se dictan las clases en un segundo subsuelo, es como tomar clases en el subte todos los días. Es increíble que un lugar tan zarpado como ese se dicte en esa pésima infraestructura. Hay dos columnas en el medio de la sala, les pusimos nombres: María y Elsa. Es más, cuando vamos a salones en los que no hay columnas les seguimos haciendo el espacio.
Queríamos hacer una cooperadora para solventar algunos elementos básicos y Norma Binaghi no quiso porque consideraba que no nos correspondía (y es cierto). Nosotros queríamos pintar el lugar por todo lo que nos dio, y para brindarle algo más a los que vinieran más adelante. ¡El cariño es tan grande!
 
-¿Cómo fue la tesis que hiciste, de qué trataba?
-Trabajé el tema del tiempo. Quise separar al tiempo de nuestra cotidianeidad. ¿Qué es? Es arbitrario, no brinda libertad, te dice que hacer y cuándo hacerlo. Yo me embarqué en una idea muy filosófica de la vida y un tema muy complicado y llevar eso a la danza fue muy difícil, ¿cómo llevás una idea filosófica a movimiento? Si lo planteás en una obra de teatro… tenés el texto para apoyarte, pero en danza…
Tuve muchas peleas conmigo mismo y con los intérpretes, porque es muy difícil trasladar una idea propia a otra persona.
 
-¿Los intérpretes los tenías que buscar vos o debían ser tus compañeros del Taller?
-Tenían que ser compañeros y hasta ese año teníamos que hacer todos una tesis, al año siguiente cambió la modalidad, podés no hacer pero tenés que estar en una. La tesis (trabajo de investigación final) fue mi primer 10 (mi único 10 en tres años). Es mucho trabajo intelectual, físico y de coordinación, teníamos que juntarnos en los baches entre las clases y los trabajos de cada uno, conseguir un espacio, a veces era una plaza, un living, el Taller. Teníamos docentes que nos brindaban herramientas para buscar ideas; igual podés tomar su postura o la tuya, a fin de cuentas es tu trabajo final. Tenés dos caminos, o hacer lo que el docente quiere para que se sienta feliz o defender tu postura. Todo es un aprendizaje. Cuando te cuestionan una idea, te ponen en jaque.Quedó algo bueno, algo estético, algo que al Taller también le gustó. Me gusta la danza contemporánea pero también me va “la línea”, tengo muchos lugares formales.
 
-¿Esa tesis te lleva a hacer Quien te diga cuándo?
-Sí, para la tesis la obra se llamó: El infortunio de la litófaga. La litófaga es un molusco que se mete en las piedras y empieza a comérselas, y vive dentro de ellas. Yo siento que el tiempo es eso: se mete en nosotros, no pide permiso, forma parte de nosotros, es como un parásito.
¿Quién nos metió en la cabeza esto del tiempo? somos definidos por el tiempo muchas veces y no nos deja lugar para sentir lo que queremos, porque hay un tic tac que nos dice hasta cuándo.
Quien te diga cuándo surge de un planteo que me hicieron para dirigir una obra desde esa tesis original, dije que sí y después me arrepentí. Pero ahora vuelve a interesarme, también me di cuenta que la idea del tiempo puede ser trasladada al dinero, al amor, no se… el aire, a una persona. “Quien te diga cuándo” se puede trasladar a otras cosas. Me cuesta hablar del tema; en mi cabeza es claro pero me cuesta ponerlo en palabras, muchas veces fantaseé con que me preguntaran en relación a la idea a ver si puedo responder. Trataba de hacer discursos para mí para ver si es claro, tengo que empezar a defenderla, sino estás en cuestionamientos constantes que no te dejan cerrarla. A veces tengo miedo de caer en lugares cliché o dramáticos. Me estoy enfrentando a los ojos del otro, a la crítica, a gente importante. Nunca haría algo para el otro, pero tampoco puedo decir que no me importa lo que dicen.
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