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“Que la cuenten como quieran”. Modos de referirse al punk extranjero en las revistas argentinas (1977-1979)
Les tengo que informar que el punk en la Argentina existe, porque yo estoy aquí y lo soy. Todo comenzó con el viaje que hice a Londres en diciembre pasado. Ahora todo está en marcha. El 2 de marzo hicimos un recital bien punk donde tocamos R’n’R (entre ellos el tema de Batman en versión de The Jam). También estuvo presente Gringui. Cuando quieran comunicarse conmigo avísenme (por medio de la revista), y además me parece que voy a ir pronto a la redacción. Hari B”, la carta enviada al correo de lectores de la revista Pelo, publicada en el número 95 de abril de 1978, es señalada en libros, revistas, entrevistas y comentarios de los protagonistas como el comienzo del punk en el país. La historia que vino después es conocida: Sergio Gramática la respondió, se juntaron, escucharon unos discos que Hari B (Pedro Braun) había traído del viaje a Europa con los padres y formaron Los Testículos, que más tarde fueron Los Violadores, fundadores del punk rock en la Argentina.
            Esta fotografía describe muchas de las aristas del movimiento en el país: a diferencia de sus originales, la mayoría de los primeros punks argentinos provenían de clase media y alta, jóvenes de familias más o menos acomodadas, con recursos para acceder a información a la que no se llegaba tan fácilmente. Discos, revistas y libros importados, traídos de viajes de vacaciones, fueron pasando de mano en mano. Música grabada y regrabada en cassettes.  Información pasada en voz baja, en un país gobernado por el terror y la represión. El germen de este movimiento estuvo ahí: chicos con plata que importaron una estética y una forma de hacer las cosas. Y la carta en una revista. Porque las revistas de música de esa época tuvieron un rol fundamental para la cultura joven cuando ser joven era casi un delito en sí mismo:
 
Para los que buscaban otra cosa, la información sobre lo que pasaba afuera se conseguía en las pocas revistas espacializadas de entonce (Pelo, el Expreso Imaginario), pero no era tan fácil conseguir la música. Horacio Villafañe, Gamexane (Fundador de Los Laxantes y actual integrante de Todos Tus Muertos) escuchó punk por primera vez ‘de casualidad’. En 1979 estaba de vacaciones en Mar de Ajó y en una fonola de un negocio de flipers inesperadamente había sido incluido “God Save The Queen” (Flores, 2011: 23)
 
            La realidad es que el punk en la Argentina, si bien tuvo (y tiene) su consideración dentro del campo del rock argentino, nunca resultó un movimiento tan revolucionario y desestabilizador como sí lo fue en Inglaterra y en los Estados Unidos. La contracultura punk en el país se redujo a un puñado de personas con agenda propia, enojados, ruidosos, violentos, estrepitosos… pero pocos. Se pueden señalar varios motivos de este (no) fenómeno. Para empezar, la dictadura no dejaba mucho espacio para pensar alternativas ni para expresarse y mucho menos para expresarse en contra del sistema. El punk nació de la clase trabajadora inglesa, de chicos y chicas que no se encontraban a gusto con las alternativas que la sociedad les proponía, que cobraban un seguro de desempleo con el cual cubrían las necesidades básicas, que se habían cansado de la música de estadios, de los ídolos inalcanzables, de los recitales carísimos, que desconfiaban de la gente mayor, que aborrecían el pasado y que no contaban con el futuro. Esa realidad inglesa no era replicable en una Argentina donde expresarse era más o menos una sentencia de muerte. Ni hablar de la situación económica: aquí no había seguro de desempleo que cubriera ninguna necesidad. Podría decirse que, desde una mirada argentina, los punkies ingleses se quejaban de llenos. Cosas del primer mundo.
            Pero también existió otra realidad: los medios cumplen un rol fundamental en cuanto a imponer una tendencia o deslegitimarla. La forma en que fue contado el punk en los medios especializados (y no tanto) no fue en ningún modo seductora ni atractiva. Claro que el punk nunca trató de ser seductor ni atractivo, pero ¿por qué un movimiento de jóvenes que se levantan contra todo lo establecido no llamó la atención ni impactó positivamente entre nuestros jóvenes? Los protagonistas del punk de acá cuentan que uno de sus modos de acceso al punk fue a través de lo que leían en la Pelo o el Expreso Imaginario, pero ¿qué decían esas revistas? Este trabajo analiza artículos publicados en diferentes medios argentinos entre 1977 y 1979.
 
Los nuevos roqueros (sic) renuncian a la maquinaria de la fama”
 
El artículo fue publicado por Miguel Grinberg en el verano de 1977, en la página 18 del diario La Opinión, esto es: cuatro meses antes de que fuera intervenido por la dictadura militar. Se trata de una nota de tres columnas, netamente informativa, en la que el autor describe la novedad que se está dando en Inglaterra (recordemos que el punk explotó en ese país no mucho antes de la fecha de publicación de esta nota, en 1976), a través de los dichos de la periodista inglesa Caroline Coon, primera escriba que abordó el fenómeno semanalmente en la Melody Maker. Grinberg descarga su verdadera posición al respecto al promediar el texto, luego de un comienzo relativamente auspicioso en términos de lo que se va a decir sobre el punk y su distanciamiento del statu quo rockero: “Mientras la música joven estadounidense sigue languideciendo en la órbita  de la sofisticación comercial...”.
            Tras desarrollar brevemente las ideas de Coon en términos del repudio y alejamiento de esa maquinaria que convirtió a los músicos de rock en estrellas inaccesibles y fagocitadas por el sistema, Grinberg aclara: “No es en este punto donde Caroline Coon puede ser refutada, sino en su adhesión condicional a cuanto conjunto nuevo se inscribe en la vertiente punk, que al tornarse exitosa en Gran Bretaña, ya puede dividirse en dos grupos auténticos e inspirado, y en los advenedizos en busca de una porción de triunfos (y de libras esterlinas)”.
            Tres párrafos se toma el autor para poner en tela de juicio la autenticidad y la profundidad del fenómeno. En el siguiente, agrega: “Mientras los roqueros de antes se nutrían con el rhythm and blues del negro estadounidense, los punks hallan inspiración en un tipo de música callejera, ligada a la dinámica de las patotas barriales y la violencia de sus ritos”. “Patotas, “violencia”, los términos seleccionados para describir al punk rock no son para nada amistosos. Habrá que preguntarse también si aplican realmente al género: el punk rock no tiene sofisticación y se caracteriza justamente por ser hecho por y para iguales. Su filosofía Do It Yourself habla de revertir la tendencia de músico-de-rock-convertido-en-dios-inalcanzable. Los punks tocaban como querían y como podían. Relacionar esa manera rústica, difícil, agresiva, poco complaciente con “violencia patotera” corresponde a una mirada sesgada. ¿Quién se siente patoteado? El stablishment musical y sus redactores y legitimadores.
            La nota que se suponía era sobre punk dedica luego sendos párrafos a describir las bondades del último disco de Peter Frampton, el álbum solista del cantante de The Who, Roger Daltrey y agrega una reflexión aportada por Peter Gabriel, textual que es presentado como aquél con “la mayor lucidez en cuanto a los límites del negocio y la creación”. Para el ex Genesis, el negocio del rock era “un extraño híbrido de hipocresía” al que se llegaba a un punto en el que los artistas perdían la identidad. Dice Gabriel: “Uno está vendiendo algo. Se siente que una estrella de rock es una especie de creación adolescente manufacturada por personas que ya no son adolescentes Todo eso devalúa las cosas. Quiero evitar ser una caricatura del astro de rock. Quiero ser diferente”. ¿Quería ser punk?
            Grinberg cierra el texto con un final abierto, en el que sostiene que todavía no es posible saber a ciencia cierta qué irá a suceder con el futuro del punk rock: “Es temprano para saber con seguridad si Caroline Coon es una alucinada o una visionaria”. Su manera de informar al respecto es a través de las voces de otros. Toma al hecho como un fenómeno, y el tono, cuando se trata de su tono, es condescendiente. Duda del criterio de Coon pero refuerza el de Gabriel. ¿Con qué argumento? Ninguno. Las palabras que utiliza cuando se refiere al punk desde su (oculta) opinión son siempre negativas: “acné”, “jolgorio con disfraces de travestis”, “patota”, “violencia”. Nada bueno se desprende de este texto: el punk es una “dinámica que fascina a los teenagers”. Ya se les va a pasar.
 
Revista Pelo – Esto es el rock
 
La revista Pelo fue un hecho central de la cultura rock en la Argentina. Se publicó entre 1970 y 1995 y su director era Osvaldo Daniel Ripoll. Puede decirse que por sus páginas pasaban todos los must del rock de acá. Lo que la Pelo decía definía el deber ser.
            Una de las primeras referencias al punk encontradas en esta revista es en su número 81, de diciembre de 1976. Una nota dedicada al “lo que vendrá musical” que concluye con un extenso párrafo dedicado al punk. La manera de describir al fenómeno es distante. La revista que define qué es el rock y quiénes son los rockeros, habla del punk como un movimiento “de los chicos jóvenes (casi adolescentes) ingleses que opinan que el sistema de ‘estrellas’ que dominan actualmente el campo musical internacional está podrido y obsoleto. Ellos sostienen que los músicos deben ser tan improvisados, naturales, desprolijos, agresivos, anticonvencionales y rebeldes como se les dé la gana”. Está muy clara la posición de Pelo en estas líneas: ellos no son nosotros. Ellos no son el rock que nosotros defendemos. Existe una nueva mala interpretación (o proyección) del punk rock en esas palabras. En todo caso, toda esa desprolijidad, agresividad e improvisación es una consecuencia y no una causa. Pero Pelo lo describe a partir de una toma de posición: ellos son eso y nosotros estamos del otro lado. La nota concluye con tono paternalista: “La industria musical inglesa consciente de que debe cambiar varias caras si es que quiere seguir siendo la que más recauda en el mundo, los deja hacer –por el momento– lo que quieren; y el público se vuelca con bastante entusiasmo hacia esta experiencia ‘espontáneamente’ salvaje”. El uso de las comillas es una declaración de intenciones en sí misma.
            En los ejemplares de la época, hay varias apariciones más de notas breves y destacados dedicados al punk. Siempre en la misma tesitura. Por ejemplo, en el número 87, de julio de 1977, una breve de título “El punk expulsó a Bonham y sigue atacando” comienza de la siguiente manera: “A pesar de las agudas críticas que sus actitudes, su música y sus letras provocan…”, ¿qué puede seguir a eso? ¿Qué está queriendo decir Pelo a sus lectores? Más adelante, en el número 90, de octubre del mismo año, anuncian la separación de los Sex Pistols en un recuadro que termina con la siguiente conjetura: “Aparentemente, la separación se encuentra dentro de las características comunes a casi todas las separaciones en el mundo del rock al que los Sex Pistols cuestionaban encarnizadamente”. El redactor que escribió eso parecería estar esperando un desenlacen más acorde a lo que finalmente ocurriera con el último bajista de la banda, Sid Vicious: un final a toda muerte, drogas y rock and roll.
            En su número 95 de abril de 1978, casualmente, en el mismo en que salió la carta de Hari B, Pelo publica un extenso panorama musical titulado “Las futuras alternativas de afuera”, en el que dedica cuatro páginas completas a la descripción de los nuevos grupos de la escena inglesa. La bajada del título habla de “protestantes punk con todo su nihilismo y sus agresiones a veces no tan gratuitas”. Parece que en estos meses, los señores Pelo empezaron a respetar, al menos por sus reverberancias, a la movida inglesa, aunque inmediatamente reculan: “la mayoría no tienen (sic)  propuestas extraordinarias, ni siquiera diferentes”. Lo que sigue es un listado de bandas con foto y una breve descripción que muchas veces se limita a los integrantes del grupo y algún textual. En las que se encuentra algún tipo de intención crítica, la revista hace mucho hincapié en la “inteligencia” y en la capacidad que tienen (o no) los mencionados grupos de hacer algo nuevo o de mezclar de manera efectiva influencias de otros músicos. Es éste el primer ejemplo de artículo que aborda al punk (o a lo que queda de él en 1978) desde el punto de vista musical, estableciendo comparaciones e intertextualidades. De todos modos, el recorrido por la revista Pelo deja ver que su posición editorial le baja el pulgar al punk. Este compendio de breves reseñas parecería más un artículo que se tuvo que hacer ante la emergencia de un fenómeno que debía contarse. Algo relacionado con aquello de la responsabilidad de informar que tienen los medios de comunicación.
 
A Alfredo Rosso no le gusta el punk rock
 
En junio de 1978 salió la tan mentada Expreso Imaginario con la tapa punk. Esta edición de la revista es mencionada por la primera plana punk rocker de la Argentina en sus recuerdos. Claro: no era habitual que se le dedicara espacio al movimiento y, de repente, en la avanzada de los medios de cultura joven aparece toda una sección (Mordisco, suplemento de rock de la Expreso Imaginario) avocado a recorrer minuciosamente esa revolución que se estaba dando en Inglaterra y los Estados Unidos.
            Desde la tapa, sin embargo, ya podía avizorarse que el tratamiento del tema sería algo sesgado: una ilustración caricaturesca, obra de Horacio Fontova, de un punk con la lengua afuera, un diente faltante, una breve cresta, lastimaduras, curitas, una gillette y una mano vendada, con el título “Punk. Un tajo violento en la cultura popular”. El autor de la nota, Alfredo Rosso, no deja que queden dudas de su postura al respecto y ya desde la extensa volanta del título, “La nota del punk”, avisa: “La primera vez que oí hablar sobre el Punk me dio asco. Así nomás: ASCO. ¿Quiénes eran esos tipos de pelo revuelto y ropas rotas que querían tirar abajo diez años de prolija y esforzada evolución musical con sus tres tonos de mmmmorondanga (sic)? Está bien, reconozco que después leí algo sobre ellos pero aún así. ¡Qué embromar! Me prometí a mí mismo: No voy a hacer la nota del punk… no voy a hacer la nota del punk… no voy a hacer…”.  Lo que viene después es un puntilloso análisis de nueve páginas en los que recorre la escena desde el punto de vista histórico y musical. Hay que decir que Rosso se tomó mucho trabajo para dejar bien claro que de lo que estaba hablando era algo que estaba pasando, que había que contarlo, pero que no le gustaba para nada. Esa volanta resume perfectamente el espíritu del artículo. Habría que preguntarse si alguien que no estuviera interpelado por el punk de antemano llegó a leerlo completo.
            El estilo de escritura de Rosso acerca al lector. Es un tipo de enunciación que modifica al discurso de modo tal que por momentos parece más una charla que un artículo periodístico. Rosso va y viene de ese registro para lograr una complicidad con el lector. Atrapa, seduce. Todo ese poder de seducción está puesto en juego en este artículo para, de alguna manera, ridiculizar a estos extraños de pelo corto que se creer que pueden ganarle al sistema a fuerza de guitarras desafinadas, ropas rotas y actitud desafiante.  El periodista crea la figura de los “señores gordos” para personificar al stablishment musical y construye la parte histórica del artículo alrededor de las artimañas que pergeñan para lograr fagocitar este fenómeno y volverlo comercial, como todo. Está claro que Rosso ya conoce (o intuye) el final de estos rebeldes. Todo el relato está construido de modo tal que estos “señores gordos” terminan siendo mucho más inteligentes: tienen más años y más mañas. Estos jovenzuelos no podrán con ellos. Así describe el final de la gira y la separación de los Sex Pistols: “¡Oh, ironía de ironías!  Los empresarios de la Warner y de Virgin se tiran de los pelos porque el negocio se terminó cuando recién empezaba. ¡Cómo! ¿Y la inversión? ¿Y las regalías? Volvé, Johnny Rotten, vuelvan Pistols… la reina los perdona…”
 
Odien a estos bichos. A ellos les gusta”
 
A Gloria Guerrero nunca le gustó el punk. La nota que aquí se analiza, incluida en el número 14 de la revista Humor Registrado, correspondiente al mes de mayo de 1979, es el primero de varios alegatos en contra que la periodista de rock le dedicó al género en su sección “Las Páginas de Gloria”. El artículo aquí citado tiene la particularidad de ser el primero (de los encontrados) que incluye la voz del punk argentino. Guerrero entrevista a los integrantes del grupo Los Testículos. Y queda horrorizada, por supuesto. Aquí no existen modulaciones ni eufemismos, ni necesidad de leer entrelineas. La periodista deja muy claro que estos jóvenes le causaron profunda aversión.
            Desde un primer momento, se incluye entre los que participaron del movimiento hippy, es decir: el archienemigo del movimiento punk. Ese primer gesto sirve de anuncio para lo que vendrá. Se toma unas líneas poco después del comienzo para establecer un diálogo irónico con el interlocutor/lector de la revista, una complicidad con ese público: “nosotros pensamos parecido –parece decir–. Podemos hablar de igual a igual”. Y entonces, llega la advertencia: “Tal vez su hijo sea punk. Y es lo peor que puede pasarle a él, a usted y a todos nosotros”.
            Comienza, entonces, el recorrido histórico. Describe a los Sex Pistols como “cuatro inadaptados sociales (…), todos semiproscriptos y uno de ellos muerto”, y luego sigue con variedad de epítetos para referirse a los punks en general: “horda de descastados”, “humanos que lo disimulan perfectamente”, “decadentes”, etc., para concluir: “A mí no me resultan graciosos. Me dan miedo. Una sutil mezcla de emociones en la que el terror y el patetismo se dan la mano y bailan ‘La muerte del cisne’”. Y eso que hasta aquí todavía ni siquiera ha comenzado a hablar de la escena vernácula, personificada por S.S., Hari B, Beto y Sergio: Los Testículos.
            Huelga continuar con la descripción y análisis de este texto, porque los ejemplos son suficientes. Es, quizás, el más extremo, el menos elegante, pero eso tiene que ver con cuestiones de estilo y del medio: evidentemente, la revista Humor no pretende ser una piedra angular de la cultura rock, pero “Las Páginas de Gloria” sí estaban incluidas en el universo de legitimadores. Y Gloria era hippy. Eso queda más que claro.
 
Crónica de una muerte anunciada
 
No hay dudas de que son varias las razones por las cuales el punk no tuvo, en la Argentina, la fuerza y las consecuencias sociales, culturales y musicales que sí obtuvo en los países donde surgió, aunque aparezca como referencia fundamental en otros grupos y escenas alternativas que sí tuvieron trascendencia y raigambre en nuestro rock nacional. Este recorte y análisis permiten observar tan sólo una de esas aristas. Cómo se dice algo, cómo se lo cuenta, el modo en que se establece como tema entre una porción específica de la sociedad no es un tema menor para el análisis.
            Seguramente, el punk no tuviera como objetivo agradar a revistas que difundían aquella música y aquella escena que ellos mismos repudiaban: los ídolos “hippys”, llenadores de estadios, parados en sus pedestales, en las alturas, lejanos, viejos: músicos que reproducían las fallas de ese sistema que ellos aborrecían. No era su objetivo en sus países de origen, mucho menos en naciones en el fondo del mundo. Pero sí es verdad que los medios ingleses y estadounidenses se hicieron eco inmediatamente de lo que sucedía en sus países. Lo que aquí se observa es el modo en que ese fenómeno extranjero fue difundido en el país, y queda bastante reflejado que ese stablishment del rock que los punks intentaban atacar era la piedra fundamental, el basamento de estas revistas. Es hasta lógico que lo abordaran de modo desconfiado: ese movimiento se estaba metiendo justamente con lo que ellos representaban.
            Los mecanismos de legitimación establecen qué es lo que ha de consumirse. Si ellos así lo establecen, lo más seguro es que así suceda. Se comprueba en espacios más amplios y más profundos de incumbencia. Lo que aquí se trata de mostrar es que los medios aplican su influencia en todos los ámbitos de la vida social, política y cultural. Es imposible saber cuál habría sido el destino del punk en el país si se hubiera contado de otra manera. Por lo pronto, podemos afirmar que desde la prensa nacional se lo sentenció a no tener futuro.
 
 
 
 
Bibliografía:
 
CAVANNA, Esteban. Uno, dos, ULTRAVIOLENTO: La historia de Los Violadores. Piloto de Tormenta, 2015.
FLORES, Daniel. Derrumbando la Casa Rosada. Mitos y leyendas de los pimeros punks en la Argentina 1878-1988. Buenos Aires, Piloto de Tormenta, 2011.
KREIMER, Juan Carlos. Punk. La muerte joven e Historias paralelas. Buenos Aires, Planeta, 2015.
MORISETTI, Fabio. Buscando un lugar. La historia del punk argentino contada por sus protagonistas. Buenos Aires, Textos Intrusos, 2014.
 
Argentina. Punk de los ’80. Fanzine publicado por Colectivo Editorial Tinta Negra.
Revista Maladifusión. Número 6.
 
Revistas Pelo, Expreso Imaginario, Rock Superstar, Humor Registrado.
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