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Efecto bisagra
La ciudad del futuro. Brasil, 2016. Dirección: Cláudio Marques y Marilia Hughes. Guión: Cláudio Marques. Dirección de Fotografía: Gabriel Martins.  Dirección de sonido: Edson Secco. Intérpretes: Milla Suzart, Gilmar Araújo, Igor dos Santos.
 
Luego de tres años de su primer largometraje en conjunto (Después de la lluvia), la dupla de directores brasileros Cláudio Marques y Marillia Hughes presentaron en el BAFICI su segunda película: La ciudad del futuro, la cualles valió el premio a la mejor película de Competencia Latinoamericana el pasado 30 de abril. Basada en la historia real de Milla, Gilmar e Igor, el film problematiza la conflictividad que surge a partir de la elección de los protagonistas de conformar una familia poco convencional.
 
Si bien la película se divide en un comienzo en dos ejes que parecen no tener conexión alguna más que transcurrir en la misma ciudad, esto se comienza a complejizar a medida que la narración avanza. Uno de los ejes refiere a la precariedad de la ciudad y sus dificultades económicas para albergar a más de veinte mil familias luego de su exilio por la construcción de la central hidroeléctrica Sobradinho durante el gobierno militar. Por otro lado, el segundo relata la historia particular de los tres personajes principales. Es decir, el primer eje narra la historia de la ciudad y sus habitantes construyendo una mirada conversadora y ortodoxa, mientras que la historia ficcionalizada focaliza su visión en escaparse de las ataduras de los estereotipos. Al presentar ambas problemáticas como polaridades en tensión, se puede plantear que la construcción narrativa las retroalimenta a través de la oposición.
 
El argumento que prima en esta historia, por su efecto dramático, es la forma en la que se ve afectada la libertad individual de cada uno de los protagonistas al querer conformar una familia que se sale de los estereotipos heteronormativos y monógamos. Milla es una profesora de teatro  que queda embarazada de Gilmar, quien es profesor de historia de la misma escuela; Igor, por otro lado, es un joven de diecisiete años que mantiene una relación romántica con Gilmar. A medida que los jóvenes confrontan las continuas agresiones por parte de la comunidad conservadora, la historia documental sobre la conflictividad de la ciudad se entrelaza con la ficción a través de diversos relatos cortos de algunos habitantes de la ciudad que sufrieron las consecuencias del éxodo narrado anteriormente. De este modo, las dos corrientes narrativas de la película se complementan de forma clara, ya que Gilmar es quien investiga con sus alumnos sobre la historia de la ciudad y así se consigue formular una reflexión sobre la propia construcción del filme.
 
Lo que hace posible que exista este juego entre el relato documental y ficcional es su construcción técnica. Uno de los elementos que permite dar cuenta de este paralelismo es la descripción espacial que presentan los momentos de reportaje, cómo los planos cortos a los paisajes y/o edificaciones del lugar. Asimismo, los momentos ficcionales escenifican a través de la dramatización los cuadros más cruciales en los cuales se emplean planos largos que agotan la información visual y auditiva hasta producir cierta tensión en el espectador. A su vez, la utilización de la canción principal representa un hito fundamental en la constitución del relato de los protagonistas, ya que suple la falta de diálogo en momentos determinantes.
La ausencia de palabra en las acciones llevadas a cabo por los protagonistas de La ciudad del futuro construye sentido a partir de las miradas de censura de sus coetáneos.  Este silencio enfatiza el tabú de la sociedad y refleja su propio temor acerca de la libertad individual tomada por cada uno de los jóvenes que se refugian entre ellos para sobrevivir a las agresiones que reciben. De este mismo modo, la elección de los directores por no mostrar los momentos de mayor violencia visual refuerza el sentido en tanto permite rellenar el vacío de información por los espectadores que suplen la falta gracias a la visibilización de las consecuencias del acto primero.
 
Finalmente, el filme genera un “efecto bisagra” entre las dos corrientes narrativas con el fin de posibilitar una mayor aprehensión del contenido y,  por otra parte, hacer visibles los problemas que se presentan aparentemente disociados entre sí pero que a fin de cuentas reflejan las marginalidades comunes. Pensando en estas conexiones implícitas, cabe preguntarse si es casual que la sociedad que tuvo que ser exiliada de su tierra natal pregone por el exilio de los protagonistas de la acción dramática. La paradoja atraviesa la narración para situarse, además, en el título del filme que se presenta como una afirmación –algo desesperanzadora– de lo que serán las ciudades del futuro.
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