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Artificios y honores a la lengua
La terquedad, de Rafael Spregelburd, dirigida por Rafael Spregelburd. Con Diego Velázquez, Andrea Garrote, Mónica Raiola, Analía Couceyro, Pilar Gamboa, Santiago Gobernori, Lalo Rotavería, Alberto Suárez, Rafael Spregelburd, Guido Losantos, Paloma Contreras, Pablo Seijo, Javier Drolas. En Teatro Nacional Cervantes, de jueves a domingos, 20 hs. Duración aproximada: 180 minutos.
 
Creada y protagonizada por Rafael Spregelburd, La terquedad es la obra que cierra el ciclo de la Heptalogía  de Hieronymus Bosch (El Bosco), un conjunto de siete obras inspiradas en la Rueda de los Pecados Capitales, aunque los nuevos son pecados ficticios en diálogo y tensión, en cuanto a la acepción, con los originales. Es entonces que, a partir de este lenguaje plástico del siglo XV y de una apropiación del director desde su imaginario teatral, la pieza obliga a buscar algo más, como un posible otro sentido, además de problematizar lo ya establecido en su propia ficción.
 
En La terquedad Spregelburd es Jaume Planc, un comisario de la policía valenciana quien quiere inventar una lengua artificial a fines de los años 30, aquellos tiempos finales de la Guerra Civil Española. El protagonista es un alegre fascista que tiene este plan humanista de crear una lengua como señal de identidad e independencia y presiona a una editorial española para que edite su diccionario.
 
Entonces la acción es situada exactamente durante el último día de la Guerra Civil, cuando circulaban y bullían muchos temas: la lengua, la ideología, la propiedad, la reforma agraria, la lucha de clases. Así, el proyecto del comisario Planc tiene el atractivo de encerrar una paradoja: parece destinado a perseguir un objetivo encomiable, intentar crear una lengua artificial con palabras numeradas para facilitar su registro, un invento parecido al de la computadora.
 
En ese tiempo, durante la guerra, cuando el triunfo ya era claramente de los franquistas, hubo una verdadera caza de brujas entre los terratenientes. Muchos denunciaban a sus vecinos de ser rojos, algo indemostrable, ya que la República había colectivizado los campos de manera automática. La intención de los denunciantes era anexar esas tierras a las propias cuando el Estado desalojaba a los acusados y los fusilaba. Todo esto suena  conocido, máxime cuando en uno de los actos Planc aparece con una protección en su pechera que remite claramente a la Policía Federal. Esto fácilmente remite a la memoria de una Buenos Aires no muy lejana en el tiempo.
 
En la pieza se desarrolla la misma hora del primer acto en los dos siguientes, pero desde otra perspectiva; se convoca en el escenario a excelentes artistas en una rica trama de enredos y melodrama. Es que durante más de tres horas, mediante el juego de la propia acción de los personajes, ellos se compaginan con el giro que se produce en el espacio. ¿Se trata entonces del mismo relato cuando la forma del efecto escenográfico parece cambiarlo y lo logra porque presenta acciones que no se vieron? Se alterna y se altera a veces el fondo por la forma, al darle un medio giro al escenario sin cambiar la esencia del planteo y Merlín disfrutaría con la experiencia efectista en tanto en cada espacio, en distintos lugares de la casa, se verán acontecimientos similares pero inéditos que aportan nuevas perspectivas respecto al hecho que se vio anteriormente.
 
Un reloj digital indica que hay un tiempo corriendo hacia adelante, imparable y no censurado, repetido en el frente de la casa, donde todo comienza, como en la obra cuando se hace referencia a una niña muerta en un pozo mal cubierto, otro hecho que muchos lamentan y pocos aclaran. Los minutos y segundos de ese reloj no dejan de correr, con recuerdos y emociones que resuenan y que en el Cervantes repiquetean hasta el final cuando cae el telón.
 
Por las actuaciones excelentes en los personajes de las hijas de Jaume, el cura, las esposas, el traductor ruso, el editor, el escritor, el cabo de policía, el miliciano inglés, la empleada francesa, como también por la dirección, en La terquedad todo aporta para la construcción de una gran obra que continúa al dejar la butaca de terciopelo para seguir pensando y hablando de esta gran experiencia producida por el Teatro Nacional Argentino.
 
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