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La exhuberancia del barroco veneciano
Venice Baroque Orchestra. Director: Gianpiero Zanocco. Solista: Romina Basso, mezzosoprano. Teatro Colón, 8 de mayo de 2017.
 
En el programa del ciclo de conciertos, que el Mozarteum Argentina ha organizado para esta temporada en el Teatro Colón, la presentación de la Venice Baroque Orchestra (VBO), con el acompañamiento vocal de la consagrada mezzosoprano italiana Romina Basso, representó uno de los hitos más esperados. La VBO cuenta con apenas veinte años desde su fundación en 1997; sin embargo, goza ya del más alto reconocimiento entre melómanos y críticos del mundo entero, que la reconocen como uno de los mejores ensambles que tocan con instrumentos de época, lo que les confiere una delicada sonoridad. Su compromiso con las obras maestras de los siglos XVII y XVIII, sostenido por su director y fundador, el clavecista Andrea Marcon, ha dado ya grandes frutos, como lo son los tres álbumes grabados para el sello Deutsche Grammophon.
 
El programa estuvo íntegramente dedicado a Il prete rosso, Antonio Vivaldi (1678-1741), virtuoso violinista y compositor, quien vivió en Venecia su vida entera. La ciudad fue el centro musical de Europa durante el barroco, gracias a sus cuatro conservatorios, en los que se enseñaban todos los instrumentos y, además, canto. Vivaldi daba clases en el Ospedale della Pieta (Orfanato de la piedad), que albergaba sólo a mujeres y contaba con generosos patrocinios, lo que le permitía vivir sin preocupaciones. Sus piezas son consideradas el epítome del barroco italiano, siendo las más famosas Las cuatro estaciones y el Opus 3.
 
La reducida orquesta de sólo catorce miembros, en la que trece son instrumentos de cuerda, acompañados por el inefable clave, es impecable. La precisión con que se mueven los arcos, la delicadeza de los cambios de volumen, su perfecta afinación y el virtuosismo de cada uno de sus integrantes son las características más destacables. La rigurosidad técnica del conjunto redunda en un sonido redondo y compacto. Todos sabemos las dificultades inherentes a la afinación de los instrumentos de época. A pesar de ello, la VBO no opta por la afinación antigua, menos tensa que la actual, lo que hizo brillar la Sinfonía en Sol mayor con la que dio inicio el programa. La sobriedad y gran soltura del primer violín, Gianpiero Zanocco, quien resolvió cada pasaje dando lugar al lucimiento del conjunto en su totalidad, hizo que la ausencia de Andrea Marcon no se notara.
 
La primera aparición de Romina Basso en el escenario fue discreta, precisa y afinada, pero quizás demasiado contenida. A medida que avanzaba el programa, su voz fue ganando en volumen y dramatismo, logrando hacia el final del primer acto una interpretación magistral del área Rompo i ceppi de la ópera Orlando furioso RV728, que cautivó a la audiencia. Cabe destacar que se trata de “arias da capo”, en las que se espera que, durante la reiteración de la primera sección, la cantante sea capaz de improvisar variaciones por cuenta propia, a través del agregado de ornamentaciones "alla mente". Basso, de gran experiencia en el repertorio barroco, y dueña de una voz profunda e intensa, arriesgó cada vez más, haciendo gala de un fraseo impecable y una coloratura extraordinaria.
 
Gran cantidad de aplausos cosechó la violinista, pero también eximia flautista, Anna Fusek, con su maravillosa interpretación como solista del Concierto en  Do mayor para flauta directa sopranino, cuerdas y bajo contínuo RV443, al inicio de la segunda parte. Con muchísimo carisma supo imponer la delicada voz de la flauta a lo largo de toda la pieza, demostrando que posee un perfecto sentido del ritmo y una digitación perfecta. La obra descansa en el concepto del “ritornelli”, que consiste en que la orquesta retoma la melodía entre los pasajes reservados a los  solistas. Fusek arrancó al intrumento vertiginosas escalas ascendentes y descendentes e interesantes figuraciones ornamentales, al tiempo que lograba una ajustada articulación con los pasajes orquestales, tanto en lo rítmico como a nivel armónico.
 
El único bis con que se despidieron fue tan delicado y maravilloso, que el público partió embelesado y sin reclamos, luego de disfrutar del aria de la ópera Rinaldo de Händel. Los arabescos de Basso en su interpretación de Lascia ch’io pianga resultaron conmovedores. En suma, un primer concierto memorable que nos hace añorar un próximo retorno de este gran conjunto barroco.
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