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Iconografía del mito en movimiento
Muerde inframundo, dirigida por Rhea Volij. Con el Grupo de Experimentación de Artes del Movimiento (Universidad Nacional de la Artes). Viernes 23 de Junio 19.30 hs. en el Centro Cultural Paco Urondo (25 de Mayo 201). Sábado 24 de junio 17.00 hs. y domingo 25 de junio16.00 hs. en Sala Caffarena (Caffarena 72). Martes 27 de Junio 20.00 hs. en el Centro Nacional de la Música (México 564). Entrada libre y gratuita.
 
El mito como justificación y ordenamiento de la existencia nos remite a la vida de diversas comunidades primitivas. Sin embargo, opera también de manera implícita en nuestra contemporaneidad. En un mundo cada vez más heterogéneo, en el cual la idea de comunidad resulta lejana y utópica, el GEAM (Grupo de Experimentación de Artes del Movimiento) propone en esta obra un diálogo entre el presente de producción y el mito ‒más específicamente, el mito de algunos dioses‒, aunque despojado de su significado intrínseco. La pieza de danza Muerde inframundo se subleva ante el mito: lo transforma en terrenal, conectándolo con esta realidad fragmentada y confusa. En esta puesta no importan las geografías ni las religiones de los dioses a los que refiere. Todos ellos se presentan bajo la forma del butoh, en consonancia con la línea de trabajo de RheaVolij, la coreógrafa de esta pieza.
 
Por momentos, la obra deviene incómoda para el espectador, quizás por hablar de nuestra propia existencia, de aquello del mito que continúa operando en nuestra cultura, que nos interpela y revela lo que en ocasiones se quiere ocultar.Ya desde el comienzo se hace presente esta idea: con la mirada fija en los espectadores, los intérpretes se acercan hacia el proscenio reptando y haciendo pequeños gestos perturbadores. Durante el desarrollo de la obra, el GEAM llama nuestra atención recurriendo a la configuración de impactantes imágenes, cargadas de energía y de tensión dramática. En este sentido, la propuesta es equilibrada desde todas las líneas discursivas: la utilización dinámica y variada del espacio, los movimientos y gestos, la iluminación y el material sonoro, invitan al espectador a sumirse en climas oscuros y sombríos, de tensión sostenida o de dinamismo catártico. La fuerza de estas imágenes se logra en todos los casos colectivamente: los unísonos generan potentes ritmos curiosos y los distintos planos de acción, contrastes inquietantes.
 
Medusa, Tlazolteotl y Coyolxauhqui aparecen sólo como indicios o resabios de sus representaciones y Muerde inframundo se atreve a diseccionarlos y a configurarlos nuevamente de un modo inesperado. El trabajo de los intérpretes es destacable por apropiarse de la iconografía de estos dioses, de las imágenes, gestos o ideas que refieren a ellos, y desde este lugar desarrollar movimientos y ritmos realmente particulares. El cabello de Medusa, su belleza griega, el amor a la suciedad de la azteca Tlazolteotl, la acción de descuartizar en referencia al mito de Coyolxauhqui son cuestiones que se complejizan y reformulan como contenido al volverse butoh.
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