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Una tierra no habitable
Destierro. Anish Kapoor  / Sala Pays (Presentes ahora y siempre) / Parque de la Memoria / Av. Rafael Obligado 6745 / Desde el 27-05-2017 al 27-08-2017 / Todos los días de 11:00hs a 18:00hs.


 
Dos elementos materiales perduran en nuestra historia: el cuerpo y la tierra. Podría pensarse, recurriendo a una generalidad extrema, que todas las relaciones sociales se enmarcan en un triángulo en el que el vértice restante es otro cuerpo (individual o colectivo). Siguiendo un principio contemporáneo, todo arte es por naturaleza político, lo que en pocas palabras quiere decir que todo arte ejerce un discurso y ese discurso se planta frente a un espectador que algo piensa al respecto.
 
La obviedad y la exigencia que proponen las ideas anteriores someten al arte contemporáneo al exceso de discurso que muy a menudo deriva en el silencio. Es así como la expectación general busca desentrañar un secreto oculto, una revelación que seguida de una iluminación derive en el conocimiento pleno del sentido estético. Atrás queda el espacio, el objeto y nuestra propia presencia (como espectadores) que parecen desvanecerse tras la certeza de haber sido vistos, es decir utilizados.
 
La obra del artista británico y de origen indio Anish Kapoor parece triangular estas relaciones, evoca la historia universal, se instala de lleno frente al espectador, destaca hasta la saturación las posibilidades estéticas de los objetos y desde su absoluta nitidez intercepta nuestra percepción. Caracterizadas por la monumentalidad y la distorsión espacial, sus obras se constituyen con materiales altamente táctiles como pigmentos en polvo, fibra de vidrio, tiza y acero inoxidable que llevan la escultura a una escala sensorial expandida. La contundencia de su propuesta, materializada en los límites de nuestros sentidos, implica un dislocamiento al que le sigue el deseo del contacto con la obra. 
 
Todo lo anteriormente dicho ubica a Kapoor en un sólido pedestal en la escena del arte actual; la formalidad así como el placer visual casi que hacen prescindible la operación política como discurso manifiesto. Sin embargo, en esta ocasión la obra Destierro, pensada para lugar específico ‒el Parque de la Memoria en Buenos Aires‒, se declara abiertamente política. La tematización involucra el objetivo primordial de este espacio: la memoria. Ésta trabaja ineludiblemente en relación con el cerco nostálgico y testimonial de una presencia evanescente del pasado reciente, la desaparición de 30.000 personas por fuerzas armadas vinculadas al Estado nacional se alitera en el título “Destierro” que al igual que el diseño espacial del parque se presenta sin distracción y con economía de medios: una montaña caprichosa de tierra pigmentada de un tono rojo de alta saturación sobre la cual reposa una pequeña excavadora azul igualmente tratada en el color.
 
La sensación de remoción, de trabajo de la tierra, de fuerza transformadora, de dominio se presenta frontalmente al espectador para que este la observe, incluso la desee como un bello espejismo de brillantes colores que no le es permitido tocar. Hemos sido desterrados simbólica y materialmente, nos han quitado desde antes de llegar la posibilidad de sentir la tierra, de ocupar ese espacio de la sala PAyS. En un espacio anexo otra obra que presenta un pequeño montículo de tierra apilada de color azul (igual al de la excavadora) cambia de color según se alterne la luz roja o blanca; igualmente cercado, el espacio concreta abstractamente la relación evidente de la primera sala, mientras la percepción visual oscila.
 
Una tercera obra cierra la exposición in situ: la intervención “Ansiedad” presentada embrionariamente en Londres encuentra en un depósito del Parque el espacio de su mayor intensidad, aprovechando las características físicas de este árido y desapacible lugar. Kapoor instaló un dispositivo de infrasonido, que si bien no se percibe en primer plano, produce ansiedad en quien lo experimenta y que, ambientado en una sala de concreto vacía, con poca iluminación y espacio restringido, emula los sitios de reclusión en los que las personas eran ilegalmente retenidas y posteriormente  desaparecidas. La experiencia sensorial y perceptiva de la obra de Kapoor nos pone en escena, somos el tercer vértice, que temporalmente activa el trabajo del artista. 
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