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Sólo nos queda la música
Séptimo día, no descansaré. Circo-Música. Compañía Cirque du Soleil. Dirección:Michel Laprise y Chantal Tremblay. Producción musical: Charly Alberti, Zeta Bosio, Adrián Taberna. Producción ejecutiva: PopArt Music.
 
Desde su inicio Séptimo día fue un evento mediático. Fue lanzado como proyecto en la red social Facebook desde la que el proyecto se publicitó y se puso en diálogo con la masivo público que siguió a Soda y que llora la muerte de Gustavo Cerati como una herida que aún permanece abierta y latente.
 
Desde 2016, a través de la plataforma web, la producción de Séptimo día lanzó una campaña publicitaria basada en videos en vivo que tenían el fin de organizar, entre producción y público, el espectáculo que encarnaría la compañía canadiense Cirque du soleil. Comunicándose con las interpretaciones y proyecciones que el público tenía sobre la banda, su estética y sus canciones, la producción volcó esas ideas en una reconstrucción colectiva de un imaginario acerca de la emblemática Soda Stereo. Sea cierta o no la atención prestada a estas interpretaciones, Séptimo día se estrenó en marzo de 2017 en Argentina y se materializó con una impronta y una estética que disparó hacia lugares impensados.
 
Fue sorprendente la narrativa que adoptó el Cirque du Soleil con personajes definidos y caracterizados, aunque por momentos desdibujados en una ambigüedad extraña. Esa línea narrativa se cae, y esta caída es desaprovechada para remontar el vuelo que la música promete. Una flor, una especie de reina, un perro antropomorfo, un hombre que se coloca auriculares y da inicio a todo el espectáculo son personajes que parecen dar una lectura cerrada a la multiplicidad sonora. Esa línea narrativa intentaba contar una historia que era exótica y extraña, pero por momentos extremadamente gráfica y alusiva, no sólo a la historia de la banda que hizo vibrar a toda Latinoamérica, sino también a la ausencia de Cerati. En algunos elementos fue literal, y volvió trunco el nivel metafórico de las canciones hasta el punto de que aparecen en escena un misil y un revólver como parte de la escenografía.
 
Los vestuarios y la estética pop se cargan de sentido remitiéndose al contexto de los ’80 en una revolución de colores fluorescentes que no son tan característicos de la banda, pero que también tienen que ver con la estética de los elementos visuales circenses. El espectáculo fue diseñado para ser emplazado en el Luna Park. Si bien el espacio del campo se vuelve un lugar interactivo donde objetos de gran tamaño se desplazan y hacen mover al público, el espectáculo queda visualmente desaprovechado al montar el escenario principal en un solo frente. Suena paradójico que el discurso que inicia el espectáculo con una voz en off sostenga el carácter triangular de Soda, hable sobre esa unión entre tres donde un cuarto nunca pudo entrar. Desde la espacialidad se podría haber concebido un escenario que adopte y aproveche la figura triangular o la centralidad del campo, que hubiera solucionado muchos inconvenientes a la hora de lograr la visibilidad desde todos los rincones. Por otra parte, el espacio aéreo no fue muy utilizado en comparación con otros espectáculos del Cirque; todo queda limitado a un movimiento sobre lo terrenal. Quizás una música que hizo volar a las masas hubiera sido mejor representada desde arriba.
 
La destreza física del elenco es, como en el resto de los espectáculos del Cirque du soleil, altamente valorable. A pesar de que en otros espectáculos de la compañía, como por ejemplo Varekai o Alegría, el despliegue escénico pudo generar mucho más uso del espacio total desde los cuerpos y lo escenográfico. No se logró plasmar escénicamente la masividad y la efusividad  que caracterizaba a Soda Stereo, aquello que se propuso transmitir la producción desde el principio del proyecto en la web. Algo de esto se intenta en un momento del espectáculo, lo masivo quiere ser representado a través de un juego con la pantalla que muestra al público en vivo. Pero esto no alcanza a graficar la fiebre Soda sino que genera todo lo contrario, aquella nostalgia por un fenómeno que no está.  
 
La música se presenta en mezclas combinadas de a dos canciones, algunas de estas son: “Cae el sol” con “Planta”,  “Picnic en el 4to b” con “Te hacen falta vitaminas” y “Mi novia tiene bíceps”, “Ella usó mi cabeza como un revolver” con “Un misil en mi placard” , entre muchas otras que suenan solas, como por ejemplo “Sueles dejarme solo”, “Efecto dopler”, “En la ciudad de la furia”, “Cuando pase el temblor” y “Crema de estrellas”.
 
Con la participación de los músicos Charly Alberti, Zeta Bosio, y el musicalizador desde los inicios, Adrián Taverna, se produjo el disco de Séptimo día. La producción musical del espectáculo elaboró un sonido que se basó en la digitalización de viejas cintas y priorizó lo estéreo. Así se alcanza una melancolía de tinte analógico a través de la mezcla de canciones con voces adyacentes y comentarios de Ceratique se reproducen a la manera de un recital en vivo de aquellos que hacían saltar las pieles. 
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