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La tierra donde Dios no terminó la creación
Kong: La isla calavera. Duración:120 min /País: Estados Unidos/Director: Jordan Vogt-Roberts/Guión: Dan Gilroy, Max Borenstein, Derek Connolly (historia John Gattins)/Género: Fantástico.
 
En una isla del Pacífico Sur, durante el año 1944, dos soldados caen desde el cielo. Un occidental y un oriental terminan su encuentro en una guerra de uno contra uno, pero ninguno de los dos sabe que quien terminará este conflicto será un tercero no humano.
 
Una secuencia informativa hace un rápido recorrido en imágenes por la historia del período de la posguerra. Un narrador da cuenta del avance del conocimiento y expone una reflexión sobre el futuro del salvajismo humano y la guerra. Este archivo finaliza con el panorama de época bajo la proclamación del pueblo en contra de la guerra de Vietnam. A partir de esta introducción, la película abre el cuestionamiento sobre la guerra y la lucha del hombre por el afán de poder sobre otros hombres y sobre la naturaleza. Estos serán temas recurrentes de la trama que va construyendo las relaciones de poder entre los personajes.
 
Corre el año ’73 y dos agentes de la ciencia piden el permiso frente al senador de Washington para realizar una expedición a una isla misteriosa que hasta el momento nunca fue investigada por el hombre. El único motivo por el que obtienen el permiso es llegar antes que Rusia. Quienes viajan a la isla junto a los dos científicos son el capitán James Conrad (Tom Hiddleston), a quien encuentran en un bar de Saigon, el teniente coronel Packard (Samuel L. Jackson),  una  fotógrafa para retratar la misión (Brie Larson) y un grupo de soldados que estaban en Vietnam y funcionarán de refuerzo en la expedición.
 
Una vez atravesada la tormenta que rodea la isla, cambiará el destino de los viajantes quienes se encontrarán no sólo con el Rey Kong, sino con seres nunca antes vistos mientras todo sucede con rapidez y sin causa. Historias no muy profundas sobre los personajes que se abren y cierran sin mucho sentido mantendrán el hilo frágil de la trama. Quedan sin conexión las apariciones repentinas de los animales y las especies extrañas de la isla que funcionan como atractivo por los efectos especiales, pero parecen momentos aislados en la historia.
La banda sonora funciona como guiño y compensa una identificación con el público que los personajes no terminan de construir. Lo logra mediante una gran musicalización marcada por el signo de lo popular de Creedence, The Chambers Brothers, The Hollies, Bowie y Black Sabbat, entre otros.
 
A lo largo de la película sucederán varios encuentros entre personajes que van apareciendo y desapareciendo de la trama,  sin que ninguno de ellos constituya el cien por ciento de un rol protagónico. Pasan y sirven al ritmo que construye la película de avanzar siempre a la acción y sin que importen mucho las consecuencias de los hechos. Hollywood se asegura la atracción bajo los nuevos efectos de la animación dejando a un lado la fuerza del argumento que parece ya no importar para este tipo de cine. 
 
Hay un frágil intento de progresismo feminista en el personaje de la fotógrafa, a quien se la “empodera” en algunas acciones combativas. Queda a la par de la figura de una heroína frente a la amenaza de los seres que aparecen en la isla, pero este intento se pone en duda en un encuentro entre los personajes donde, sin mucho sentido, se la expone como objeto frente a un juicio de belleza realizado por el personaje de Marlow (John C. Reilly) quien habita la isla.
 
El personaje del gorila se desdibuja en comparación con la historia clásica de King Kong. Este Kong ha quedado nostálgico, triste y sin mucha intervención sobre la trama. Aquí, en la Isla Calavera, Kong aparece sólo como un signo de la actividad cinematográfica y la historia del cine fantástico, pero sólo esto sirve de excusa para la aparición de nuevas especies animadas que tienen más que ver con la exposición del impecable avance en la animación cinematográfica que en la encarnación de un argumento atractivo.
 
La isla calavera nos deja resonando en la memoria, como un suave susurro, aquel clásico del cine que sólo revive en uno o dos encuentros entre la fotógrafa y Kong. Sólo la compasión, estimulada por el recuerdo de aquella historia vivida por el gorila, hace que acuda para salvar a la mujer en ocasiones en las que queda expuesta al peligro. En estas acciones el cine recuerda al cine de una manera fría y vacía. La isla calavera queda chica al lado de la gran King Kong.
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