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La crítica: un producto cultural maleable
Sobre las críticas de Maldito duende de Dani Umpi

El examen de ciertas críticas -en este caso publicadas en medios gráficos impresos y digitales- pone de manifiesto cuan flexible puede ser el producto del crítico en función de los imperativos del medio en donde se publique. En virtud de ello, se nota, que existe una taxonomía más o menos amplia de la crítica de sucesos culturales y que esta responde a las finalidades y ambiciones del medio que la acoge. Para este trabajo, se  han seleccionado las críticas acerca de la exhibición Maldito Duende de Dani Umpi, en galería Hache, y se han acotado tres textos: “Iupi Umpi” firamada por Alejandro Dramis, publicado en el suplemento “SOY” del diario Página 12, el 18 de agosto, "Dani Umpi, un caníbal surrealista en Hache”, de la revista digital de artes visuales Ramona, del 7 de agosto -un día antes de la inauguración de la exhibición-, y para acercarnos a los lindes del abanico, “El multifacético artista uruguayo Dani Umpi exhibe sus recientes obras”, que aparece en el sitio web de la sección de cultura, de Télam, el 10 de agosto.

 

 Se hace necesario reparar, antes que nada, en que la exhibición de Dani Umpi en galería Hache, no forma parte de los considerados  grandes hitos culturales de la capital, sino que es un evento del que se espera un alcance modesto, en una galería mediana, de un artista “uruguayo”, como bien se encargó de subrayar la reseña de Télam, lo cual ha hecho difícil la tarea de encontrar críticas extensas, más efusivas o reflexivas. Es por eso, que consideraría a estos textos como trabajos “de rutina”, que descubren pormenores del oficio cotidiano de la crítica actual, incluida en la región del género del periodismo cultural. El texto en revista Ramona es el más largo en extensión, y, como se mencionó precedentemente, fue escrito un día antes de la inauguración. En términos de marcas de estilo,  las críticas de la revista, son generalmente productos que tienen una doble finalidad -casi que contradictoria- la más destacada, es su funcionalidad como agenda de exhibiciones. Ramona sistematiza las muestras que ocurren en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y en menor medida en algunas capitales del interior, por consiguiente, es mandato ineludible, al comienzo de la nota, la ficha técnica, con datos sobre el espacio, el artista (nombre), las técnicas  -sería más oportuno colocar dispositivo o medio-  y fechas de inauguración y clausura de la muestra en cuestión. De entrada, el estilo enunciativo de Ramona, da cuenta de un tipo de metodología de trabajo, que se traduce en una suerte de estandarización, no solo de la labor del crítico, sino que las exhibiciones son dispuestas como un bien cultural seriado, a través de una ficha técnica, se las estaría confrontando con un producto como el cinematográfico, habilitándolas a un consumo cultural masivo.

 

Por otro lado, estilísticamente Ramona, trabaja con un lenguaje cordial, libre de prejuicios,  y una selección léxica asociada a cierta fracción de la cultura joven actual, de un bajomundo divertido y liberal. Estos rasgos estilísticos  -del orden de la contrariedad-, dan la pauta del tipo de receptor que construye la revista, sobre el que podría aventurarse que es “joven”, que se piensa a sí mismo como partícipe de un “under” cultural,  que en definitiva se vuelve cada vez más masivo, por eso es necesario facilitarle información superflua a golpe de vista.

 

La nota sobre Maldito Duende, presenta reiterativamente al comienzo y al final un párrafo sobre la trayectoria y los trabajos de Dani Umpi, este exceso de información sobre el autor podría traducirse en una necesidad de reforzar improvisadamente el ethos del artista, ya sea porque no es muy conocido, o el crítico no deposita la credibilidad -en tanto el poder de atracción-  suficiente, en la obra y exhibición, o en su propia reseña de la misma. Por lo demás es una nota bastante detallada, aunque más bien descansa en en una perspectiva contenidista, centrada en los fundamentos de las obras de Umpi, anclando reiteradamente el sentido a través de la cita de experiencias personales, lo cual podría resultar muy interesante, siempre y cuando, este despliegue sea medido y no se discrimine el hecho de que una exhibición es antes que nada, una experiencia corporal, emplazada en el espacio físico, y para una reseña más o menos adecuada, habría que detenerse minuciosamente en estos aspectos. Las reseñas de exhibiciones de revista Ramona en general y esta en particular, exhiben un corpus de imágenes, extenso, detallado -en general obra por obra-, al tratarse de una crítica pre-inaugural, ¿no estará atenuando en parte la intriga?

 

En el análisis de la siguiente crítica, se hace necesario, de modo preliminar, contextualizarla en el medio en el cual se emplaza. El diario Página 12 dentro del universo periodístico argentino, cumple un rol visiblemente diferenciado al de los demás diarios. En efecto, se dice que en sus comienzos ambicionaba ser un diario para sumarse, no para quitarle lectores a los otros diarios, con una estructura de noticia que se aleja del periodismo clásico, y se articula como “cuento” con citas y juegos intertextuales marcados, de inspiración en el nuevo periodismo. Asimismo, el suplemento “SOY” de Página 12, ve la luz todos los viernes junto al diario, y si bien temáticamente publica notas que se insertan en un crisol bastante amplio, en general, intenta dar visibilidad a cuestiones de género, activismo LGTB y queer, y ofrece una sección amplia y selecta de acontecimientos culturales, en consonancia con estas premisas.

 

El tono de la reseña del suplemento “SOY” de Página 12, pretende cierta objetividad, es más conciso, abarcable -se trata de una nota realizada diez días después de la
inuguración- no tiene ni ficha técnica ni información excesiva sobre el artista, más bien que va sutilmente desplegando algunos datos a medida que avanza la reseña, presenta una sola foto de obra, contigua al título. El título “Iupi Umpi”, de nuevo, un tono cordial, inquieto, travieso,  aparte de la preeminencia de la maniobra poética, celebra, festeja, congratula la labor de Umpi. Se descubren huellas estilísticas y retóricas provenientes del emplazamiento de la reseña en el suplemento “SOY” que a su vez se sitúa en el contexto discursivo de Página 12; es una reseña crítica con un juego intertextual nutrido, y sitúa al artista y  sus acciones dentro del campo del activismo queer, hecho que, no debe pasar desapercibido tratándose de una nota del suplemento “SOY”. “Al instante de poner un pie en galería Hache nos sumergimos…” comienza anudando el desarrollo de la reseña a la experiencia espacial de la exhibición. En ocasiones ancla sentido a partir de relaciones intersubjetivas, pero, como mencioné, este puede ser un recurso oportuno y fructífero siempre y cuando no se emplee desmedidamente y se atiendan otros aspectos de una exhibición. La nota no es extensa, es concisa, con la porción justa de individualidad. Sobre el final, se exhibe una línea con el horario y la localización.

 

Finalmente, el último texto, el de Télam, “El multifacético artista uruguayo Dani Umpi exhibe sus recientes obras” que aparece en formato digital en el sitio de la agencia, consiste someramente en una “gaceta” informativa. Lo sugestivo es que tanto en el título como en el texto, se insiste en subrayar que el artista es uruguayo, mientras que en las otras dos notas que analizamos en este trabajo, se hacía hincapié en el tono “rioplatense” de la obra de Umpi; para los que lo conocemos, sabemos que hace más de quince años que Dani Umpi reside en Buenos Aires y, justamente, la esencia de su trabajo ha ido en dirección de la construcción de un puente cultural entre las dos orillas. Por lo demás el texto se ciñe a la enunciación de la curadora, citando textualmente un párrafo de su autoría, y si bien hay una breve sección donde se intenta describir de qué trata la muestra, se la reseña con un tono distante y áspero. Lo que se traduce en que el “crítico” posiblemente no concurrió a la muestra -la fotografía no es siquiera de la muestra, sino de Dani Umpi ante un micrófono en un medio público-, y podríamos situarlo de un modo demasiado evidente,  políticamente alejado de la naturaleza queer y activista que recubre la exhibición.

 

Sin generalizaciones acorazadas en lo que sigue, a modo de comentario, sería importante remarcar, como se dijo al principio, que el medio a través del cual la crítica ve la luz, afecta de un modo sustantivo la configuración del texto y el sentido. Estas operaciones dan cuenta que la crítica en el contexto del periodismo cultural es sobre todo un oficio que, en ocasiones se arrutina, y frente a las imposiciones del mercado y la inmediatez, a veces, no queda otra que hacerlo rápido y salir del paso  y,  en ocasiones, sin siquiera haber participado del acontecimiento cultural.

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