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La naranja “macánica”

Fuera de todo lo que esperan de mí, dirigida por Grupo Nalga. Con Rosario De Vedia, Ezequiel Olazar, Natalia Ponso, Débora Toranzo. En Espacio Sísmico. Lavalleja 960. Funciones: viernes y sábados 21 hs. Entrada: 120 $.

 
Fuera de todo lo que esperan de mi espera de nosotros una mirada multidireccional, una curiosidad intensa, una ceja levantada, una risa al borde. Espera unos ojos extrañados mas no prejuiciosos, una atención saltarina pero nunca despreocupada, espera sentidos despiertos (todos) y, fundamentalmente, el “libre juego de la imaginación y el entendimiento” del que hablaba el querido Immanuel, aunque, ciertamente, con más énfasis en libre y en juego que en entendimiento. Es más que apta para ansiosos, aunque no para quienes quieran comprender todo lo que pasa.
 
Fuera de todo lo que esperan de mi es una obra llena de cosas. La puesta juega con el exceso: de objetos, de espacios escénicos, de situaciones. Hay que mirar todo, al mismo tiempo y en todos lados. En esta obra no llovizna, ni siquiera llueve, diluvia. No da respiro, pero sí, a cada momento, la fundamental catarsis de la carcajada. La obra comienza con el fracaso de la obra misma anunciado a viva voz de altoparlante: gracias por presentarse, siga participando. 
 
Las situaciones cotidianas se enrarecen a partir de repeticiones, de acciones maquinales, calculadas y acumulativas. Porque ir al chino, comprar fruta, o tener una aventura amorosa a escondidas también es parte de una gran coreografía: requiere tiempos, ritmos, timing y movimientos específicos.
 
Mientras una mesa de cocina común y corriente se trasforma en partenaire de una intérprete, la otra camina ansiosa y sin parar de una punta a la otra del escenario sin razón clara y un tercero, solícito, aparece para cumplir ciertos deseos físicos bizarros de la primera: sí, arrastrame de la pata. Una escena romántica de final de película yanqui nos alecciona y advierte sobre la importancia fundamental de la profilaxis preventiva.  Una dulce y triste historia de erotismo infantil se cuela entre guerras de pistolas de agua y competencias de gimnasia artística realizadas con gran voluntad y esfuerzo pero que derivan en empomadas carnavalescas con bruscas “apoyadas de globo” y regurgitaciones de papel. 
 
Y cuando la calma ya se ansía, Fuera… nos canta un retruco: abran los ojos, los oídos y, especialmente las narices que ahí va una explosión de aromas y texturas que se dirigen cual proyectiles alimenticios desde las butacas hacia un pobre infeliz que mira impávido. El susodicho, cuando puede, esquiva los bultos redondos y, si le es posible, los ataja y aprovecha para estallarlos en mil gajos pulposos, pero otros pegan de lleno en su cuerpo indefenso recordándole que, a pesar de que muchos momentos son saboreablemente risueños, algunos golpes siempre es necesario recibir. La vida es una naranja: dulce pero cítrica.
 
Por suerte, siempre podemos bailar y deleitarnos con una danza introspectiva que alivie los sentidos confusos. La vida es una naranja “mecánica”: cuando quiere te hace bromas, te llena de olores y te satisface el paladar con los más dulces néctares, pero por otro lado te “da palo pa’ que tengas”. 
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