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Antes de las palabras
Prehistoria, dirigida por Valeria Martínez. Creación y performance: Roxana Galand, Yanina Rodolico, Mercedes Claudeville y Valeria Martínez. En el Centro Cultural de la Cooperación. Av. Corrientes 1543. Función: jueves 21 de septiembre 20 hs. Próximas funciones: Casa Nacional del Bicentenario. Riobamba 985. 19 hs. Entrada gratuita.
 
La luz plena de la sala permite ver claramente la entrada de cada intérprete. Ingresan en este espacio, en el de la sala del Centro Cultural de la Cooperación, que no posee adornos ni revestimientos de ningún tipo, que se presenta con sus paredes de madera, sin fondo negro. La primera lleva puesto un enterito negro y borcegos, entra por el fondo y camina en círculo por la escena. La segunda, con pollera y blusa blanca de encaje, también camina en círculo. La tercera, vestido blanco angelical, infantil, camina en círculo. La cuarta, jean negro y blusa blanca, camina en círculo. Bien podrían estar desnudas, pero entonces la atención (con el peso cultural que tiene en nosotros la desnudez) despegaría para otros lares quizás no buscados por las creadoras. De todos modos, el blanco y el negro de sus ropas organizan una especie de autoanulación llevando en sí todos los colores y ninguno al mismo tiempo.
 
Los pasos de las cuatro se amplifican cada tanto, se aceleran pero sin correr. Miran el piso, y en sus caras serias se percibe concentración. La caminata se detiene y ahora las cuatro se acomodan de frente, hay un silencio eterno. Sus miradas se reparten por el espacio y se clavan en un punto fijo. Mis ojos viajan sobre los ojos de ellas, de cada una: ninguna me mira directamente pero es posible percibir cómo nos atraviesan.
 
Esperamos, recorremos sus miradas, esperamos, recorremos sus cuerpos, sus
posturas, esperamos. Una quietud muy densa llega desde el escenario para que nuestros ojos no paren de moverse. Esperamos: una mano comienza a tensarse y a tomar formas extrañas, la boca se empieza a abrir en un gesto sin organización, imposible de dilucidar, un hilo de baba comienza a caer, sus ojos parpadean, la boca se abre más. Hay un grito guardado entre los dientes.
 
Mientras tanto, en las demás intérpretes, pequeñas modificaciones se van sucediendo sin que no demos cuenta. Se hunde el pecho de una, se inclina un lateral en otra mostrando unas costillas flacas, aparece una sonrisa tonta en la muñeca de porcelana. Y cuando estamos por terminar de correr la mirada, un grito agudo se escucha y rápidamente volvemos a buscar. ¿De dónde salió ese grito? ¿De los dientes, de la mano, de la concha, de la boca, de la muñeca, de la otra que hasta ahora no se movió? Sin tener el tiempo necesario para obtener una respuesta adecuada, la sonrisa de porcelana de más allá comienza a convertirse en una carcajada que no termina de salir, que está ahí, pero que no fluye. Una risa guardada.
 
Aquellos interrogantes dan paso también a un llanto que antes no estaba. Un llanto que parece venir de un enojo guardado, de una bronca acumulada que se transforma en provocación, en sensualidad burda, en mostración: “¿esto querías?, ¡acá está!”.
 
El tiempo de la escena y el tiempo de nuestra mirada están conectados de una manera que no tiene que ver con una organización en donde mis ojos ven una cosa que se mueve o algo que pasa. La mirada se ve transportada no por intérpretes ni por coreografías ni por partes de sus cuerpos sino por densidades, por olas de tiempo y espacio que nos sumergen en distintas continuidades para las que no tenemos nombres.
 
La Prehistoria se define en función de la escritura. La Prehistoria es antes de lo escrito. Lo escrito organiza no solo el inventario de la humanidad, un inventario, sino también la memoria. Tiene la capacidad de organizar la memoria del hombre separada del hombre, de su cuerpo, de sus palabras que antes sólo eran tiradas al aire fresco. La escritura puede organizar la memoria separada de su propia memoria. También se define como el período de gestación de un futuro “hombre moderno”, como una etapa de emociones e impulsos básicos.
 
Una intérprete que hasta ahora había permanecido sin movimiento aparente nos atrae y nos muestra un cuerpo en extrema tensión, una fuerza guardada que transita hacia adentro. Mientras la primera gatea, la segunda baila, la tercera llora y sostiene la pollera en un gesto de resignación. La mano en la boca. Queda lo que queda del llanto, del cansancio, de la duda: la introspección.

¿Qué gestan estas cuatro mujeres? ¿Qué están incubando? Excavan en los restos del tiempo sus propias huellas humanas.

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