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El arte como último lugar de resistencia
El  multifacético pintor Nicolás Menza, que se autoproclama matancero, abre las puertas de su casa-taller y su mundo. Por medio de diversos encuentros y algún que otro mail nos adentramos en el interior de un universo plástico en el que la predominancia de colores magnéticos y escenarios surrealistas se convierten en el eje central para desplegar toda su poética.
 
Con sus veinte años de trayectoria, Nicolás Menza exhibe los vestigios de una carrera pictórica diversa y prolífera. En cada nueva realización, el artista se sumerge en la aventura casi obsesiva de ahondar, a través de sus motivos predilectos, en un mundo poético en el que una espacialidad con límites difusos y de extrañamiento ante lo cotidiano marcan el leitmotiv de sus obras. Sus orígenes italianos (signados por la migración de sus padres en el marco de la Segunda Guerra Mundial) se vuelven un elemento fundamental a la hora de comprender tanto su obra como su personalidad. Su carácter histriónico, abierto y sociable es un claro ejemplo de esto. En más de una ocasión, entre charla y charla, para justificar esa facilidad que tiene para hablar de casi cualquier tema con la misma pasión que aborda su pintura, se refiere a sus raíces. Siguiendo esta breve presentación dejamos la puerta entreabierta para introducirnos en el mundo conceptual de un artista que busca de manera incesante construir un fuerte alrededor del arte cómo el último gran lugar para ejercer la resistencia.
 
 
-¿Cómo fueron sus inicios en las artes visuales? ¿Por qué se definió por la pintura como medio expresivo?
-En la primera infancia todos somos grafoplásticos, para comprender, conocer y experimentar el mundo que se descubre ante nosotros desde el primer garabato en adelante. Siento que, ese estado de la primera infancia, quedó en algunos casos como signo para entendernos, expresarnos y conectarnos con el mundo que nos rodea y con nuestro propio mundo interior, que por trágico o bello que sea,  nos produce un desgarro a causa de esa conmoción que nos supera. Algunos tenemos la necesidad de comunicarnos a través de lo visual; las formas, los colores, la materia, experimentar con la expresión para que ella nos alivie, nos conduzca hacia el encuentro de la revelación, y así obtener más luz sobre lo oscuro. Durante mi adolescencia, ante el despertar de la conciencia emocional y comprometida con mi realidad, ya que soy de la generación de los chicos de la noche de los lápices, me sumergí en el mundo íntimo para sentir aire fresco. La música, el rock, el teatro, la poesía y la pintura me marcaron como último punto de resistencia. Escribía cuentos, poemas, actuaba, dibujaba todo el día… y después de mucha tensión interior, la pintura se me reveló.
 
-Volviendo a su producción, observé en varios de sus cuadros una utilización de la espacialidad y de la figuración del cuerpo que evoca un sentimiento de extrañamiento. ¿Cómo opera, si así lo hiciera, el efecto de lo siniestro en su trabajo?
-No sé si es exactamente lo siniestro, sino lo oscuro. En la oscuridad, puede también estar lo noble, lo bello. De todas formas, allí habita el misterio y genera tensiones ante lo desconocido y lo que no comprendemos. Habitan nuestros sueños y pesadillas, nuestras ansias y temores. Un poeta muy querido por mí como Artaud decía: “voy de lo claro a lo oscuro para aclarar lo oscuro” y ese es un concepto que asumí como propio. Asimismo, los trabajos disparan a la conciencia, no solo mía sino también del espectador, llevados por una obra a puntos inconscientes; eso ya no depende de mí, por eso creo que el arte cumple una función social, no solo de goce estético, sino también de catarsis, de conciencia y de compromiso. Como en la serie “Ella y los Dinosaurios” o  “El Banquete”, es la necesidad de exhumar y sublimar poéticamente los fantasmas, las dudas, la injusticia, el dolor, pero sin resentimiento y sin especulación, sino también como un acto de ternura y amor.
-Profundizando nuevamente sobre sus cuadros, podemos decir que usted sabe hacer del uso de color una marca de estilo. ¿Qué lo impulsa a la utilización de paletas vibrantes o del monocromo? ¿Cómo cree que incide la aplicación del color en la figuración de estos escenarios surrealistas?
-Sí, en todos mis trabajos hay contrapuntos de construcción de una cierta sub-realidad, sea algo onírico, de cierto tinte expresionista, escenográfico o de un tinte metafísico. Esto, no es descriptivo sino más conceptual, donde por conciencia e intención poética dejo aflorar mi expresión a través del dibujo, suprimiendo más el color y reduciéndolo al mínimo, llegando al blanco y negro justamente para que la sensualidad y el carácter psicológico y sensible del color no interfiera o sobreactué en el contenido de la obra. Cuando mi expresión se aboca a lo gestual, utilizo una pintura vibrante y matérica, para que el color se resignifique por sobre las formas y los espacios, llegando a puntos de tensión donde el clima se defina en  su carácter más poético.
-En la búsqueda de este proceso, ¿piensa que el artista explora diferentes temas o siempre persigue las mismas obsesiones?
-En general, puede haber una especie de fantasía con respecto al desarrollo creativo. Al menos en mí, el tema no es significativo, ya que no me considero un “pintor de temas”.  Si sólo se tratase de eso sería como un objetivo pobre y muy literal. Lo importante de abordar un tema es que te brinda la excusa para explorar de manera antropológica la multiplicidad de posibilidades, en la búsqueda de hallar la metáfora que lo sintetice. La excusa desde donde plantear la duda poética y plástica que quiero resolver, resignificar o descubrir. Son dos o tres obsesiones que te persiguen toda la vida y que, en las diferentes etapas de madures, las seguís explorando para hallar otros puntos de vista.
 
 
-Retomando la idea de una cierta funcionalidad del arte en lo social. ¿Cree que su obra tiene una función ética frente al espectador? ¿El contexto político se refleja en algún aspecto de la misma?
-No sé si corresponde decir en primera persona cómo la obra puede o debe relacionarse con el espectador, lo que sí creo como filosofía de vida es que lo poético y lo ético son indivisibles. Allí surge la verdadera resistencia del hombre, de sus necesidades expresivas íntimas y viscerales. También es recíproco el contexto político, pero no como un panfleto sino desde lo ético–poético, como una síntesis de la metáfora que nos involucre en un todo universal. El “Guernica” de Picasso no es el de la atrocidad en la localidad española bajo las circunstancias históricas, es la metáfora de todas las Guernicas  que sucedieron antes y los que podrán suceder, lo mismo con los fusilamientos de las pinturas de Goya.Es un hecho puntual que nos atraviesa y nos involucra cuando la poesía, aun la más dramática, nos sintetiza y nos es propia. “Juanito Laguna” de Berni son las reflexiones poéticas y éticas de un artista que sublima el dolor de todos los “Juanitos” que siguen brotando con la injusticia y avaricia, de esta manera la metáfora trasciende las fronteras del tiempo. Cuando el arte está pasado por el tamiz político individual, cuando la mirada es corta y sectoriza, esto se desplaza, se transforma en marketing, es pequeño, es mezquino, es panfleto publicitario, y deja fuera la función social y de inclusión que creo debe tener el arte. Sería lo contrario a lo ético – poético como algo indivisible y universal. Al menos así lo siento y creo que es el legado de los grandes maestros.
 
-El motivo del desnudo femenino aparece incluido en varias de sus obras, ¿cuáles son los discursos construidos alrededor de esos cuerpos?
-El cuerpo y el desnudo tienen un estado de roce con lo erótico a través de su sexualidad, pero más bien es el punto de tención existencial donde la luz, el cuerpo, la carne y las certezas del almaexudan las dudas. En síntesis, los conflictos existenciales,  como  también decía que en mis composiciones no hay tiempo y lugar, en esa puesta compositiva el desnudo tiene una metáfora, es democrático. Desnudos todos somos iguales.
 
-En una época en la que la necesidad de renovarse, y ampliar la gama de posibilidades aportadas por el  arte  parece cada vez más apremiante, ¿qué opina sobre de la incorporación de herramientas digitales como el modelado 3d, la robótica o la informática? ¿Usted hace uso de ellas?
-Siempre me defino como pintor. Desde allí me interesa abordar las oportunidades expresivas que nuestra época otorga, quizás con una amplitud nunca antes vista en la historia… ahora el nudo crucial es el mismo, ¿qué hacemos con estas posibilidades? No creo que un lenguaje y sus herramientas anulen o extiendan el certificado de defunción de otros lenguajes, al contrario se potencian. Nunca sentí la necesidad de negar al otro para justificar mi hacer. Entonces desde esta construcción  cuando persigo alguna idea selecciono el lenguaje que más me  aproxime a esa metáfora, incluso a veces,  tuve la necesidad de explorar un concepto  al mismo tiempo en diversos lenguajes visuales para ver que me proporcionaban en cada caso.
Paralelamente a la pintura  trabajo en video-arte, instalaciones escultóricas,  fotografía, arte digital, libro de artista y  litografía. Voy del plano al espacio real siempre que lo necesite. Como decía Leonardo Da  Vinci, el artista debe tomar lo que cada época le da. El verbo será siempre el cómo, no el qué.
 
-Abandonemos por un instante el contenido de su obra para centrarnos en su carrera. Con una trayectoria fuertemente galardonada que lo ha llevado a ganar premios, menciones y a exponer en los espacios más prestigiosos de nuestro país. ¿Cómo es su relación con la crítica y con las instancias de premiación?
-Me he llevado muy bien con muchos, más distante con otros. Tengo muy buena relación y amigos desde la crítica, donde discutimos, coincidiendo o no, con las coyunturas de las interpretaciones intelectuales de nuestro mundo visual.Creo que mis diferencias es con lo que yo llamo la “intelectocracia”, dogmáticos poseedores de un pensamiento hegemónico que actúan según los mandatos para ser obsecuentes con el discurso global. Me revela la dogmatizacion del pensamiento y la mirada que no sea capaz de asumir su libertad plena.
Las instancias de premiaciones son relativas; si te rechazan, no sos un desastre ni tenés que cambiar tu camino; y si te premian, no sos Picasso. Siempre digo que son contingencias, el problema visceral de uno en necesitar hacer pasa por otros puntos neurálgicos del cuerpo y del alma.
 
-¿Y qué piensa de los circuitos de legitimación y comercialización, tales como ARTEBA?
-Las ferias se han transformado en bienales, las bienales en ferias. Son formatos que están en transición, ya no son lo que eran, se han desfigurado debido a una visión muy monocular de intereses y de legitimación que está dominada por las ansias de pertenecer. Participé cinco o seis veces en Arte Ba desde 1997 a 2003. En esos años me tocó estar en un momento más pluralista de participación, cuando había artistas y propuestas de todo tipo y concentraba la atención como un gran festival visual. Ahora ya es más exclusivo, creo que como formato de convocatoria se ha transformado en algo funcional a intereses que pasan por otros puntos muy distorsionados. Además, participé de muchas ferias aquí y en el exterior, y estas se transformaron en círculos muy específicos con objetivos muy puntuales y hegemónicos de negocios y de discursos, en el cual todos se aplauden a sí mismos. Sigo creyendo que las obras no pueden ser legitimadas por otros, ni siquiera aún  por el autor, las obras se legitimaban por su propio peso.
 
-Tomando en cuenta sus respuestas anteriores y su rol como educador, ¿qué consejo les daría a los jóvenes creadores que quieran ingresar en el mundo del arte?

-A los jóvenes creadores no sé si podría darle consejos, sólo contarles mi vivencia por si les sirve, y esta es la experiencia de ser libre sin ataduras, sin mandatos y sin correr tras la aprobación ni la mirada de los otros. No responder al pensamiento hegemónico de cómo debemos expresarnos, pensar, escribir, pintar o ver, sino ejercer el derecho de libertad profunda a la hora de expresarnos. En nuestro caso, el lenguaje visual es un viaje extremadamente alucinante, intransferible y único. Les diría que sólo sean fieles a sí mismos. La poesía como madre de todos los lenguajes artísticos es el último refugio de resistencia del hombre; no la prostituyamos.

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