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Ninja Rojo: arte callejero in your face

La obra del artista argentino Ninja Rojo podría ser leída como heredera de la tradición más transgresora del arte callejero. Su cuerpo de trabajo está compuesto por pegatinas elaboradas pictóricamente y luego adheridas con engrudo sobre paredes en la ciudad de Buenos Aires. Los temas de sus ilustraciones refieren en su mayoría a íconos de la cultura gay o queer, o figuras masculinas sexualmente explícitas, muchas veces con inscripciones escritas que aportan cierto carácter jocoso o humorístico. En esta conversación con Ninja Rojo se aborda el estatuto del arte callejero y la identidad del artista enmarcado en este género, además de las peculiaridades del arte queer y las novedades que plantea la circulación de los discursos artísticos en el nuevo escenario que representan las redes sociales.

 
-¿Crees que la circulación de tu obra en las redes sociales ha influido sobre su alcance y su difusión? ¿Fue algo planificado?
-Cuando empecé haciendo Ninja, lo hice como algo personal, como un deseo, y la verdad no sabía que iba a pasar todo esto. Lo hice porque necesitaba decir algo y necesitaba que ese algo esté en la calle. Siempre fui re de la calle, siempre me gustó que pasen cosas en la calle, pero nunca me sentí cien porciento identificado con lo que veía. Entonces ahí pensé “¿por qué no hacerlo yo? ¿Por qué no hacer lo que quiero ver y nadie hace?”. Sí lo pensé en cierto modo, y por eso fue que me puse Ninja, porque pensé que habría gente que me odiaría, o me querría cagar a piñas, pero la verdad es que siempre fue muy buena la devolución. Tengo haters, pero en comparación con la gente a la que le gusta, nada.
 
-Justamente, sobre tu identidad, tal vez fue sorprendente cuando te descubriste la cara en redes sociales. Venías consistentemente ocultándola y de repente la mostraste.¿Hubo alguna razón detrás de ese gesto?
-El tema con la cara y la identidad era, al principio, porque no sabía qué iba a pasar, si me iban a odiar. En un principio, empecé a pegar por mi barrio primero, por Villa Urquiza, o Belgrano. Siempre pensé que tenía que ir a pegar en Palermo, porque tal vez iba a estar más aceptado lo que hacía, y la verdad que no, al final es lo mismo. Hay barrios que te sorprenden. En Villa Urquiza tengo una pieza que sigue estando y en Palermo un dibujo mío dura una semana. Más de eso no dura. No porque se lo lleven, porque el papel es muy finito, es imposible que se lo lleven. Lo rompen. Depende de qué tan explícito sea. Mientras más explícito, dura menos. Si no, por ahí dura un poco más, pero por lo general lo escrachan encima o lo rompen. No duran mucho mis dibujos, lamentablemente.
 
-El que digas “lamentablemente”, ¿puede entenderse como que te molesta, aunque la naturaleza del arte callejero implique que sea efímero?
-Sí, obvio, lo que hago tiene un trabajo. Yo no hago fotocopias ni imprimo, como hace un montón de otros artistas. Yo lo hago a mano, es un laburo mío. Yo sé que una vez que se pegaen la calle ya no me pertenece, sino le pertenece a la calle, eso lo tuve que aprender a la fuerza, pero es un tiempo que es mío. Lo pego sabiendo que en algún momento no va a estar más, pero mientras más dure, mejor. Y volviendo a tu pregunta, Ninja empezó sin cara porque realmente lo importante no era yo, ni quién lo estaba haciendo, sino lo que yo quería decir en su momento y me gustó el juego. Y tuve varios años así, pero me aburrí. Perdía mucho tiempo pensando cómo taparme la cara en lugar de que fuera natural.
 
-Y ahora que te pueden identificar, ¿ha cambiado tu interacción con la gente? ¿Se han tomado el trabajo de buscarte en las redes para mostrarse agresivos?
-Ha pasado que la gente me reconoce, pero siempre que me reconocen es para decirme algo copado, nunca algo malo. Por ahora, lo más agresivo en las redes son las denuncias (de contenido), que hicieron que me cerraran dos veces la cuenta de Facebook. Por eso no tengo Facebook: yo manejaba la cuenta de Ninja, pero ahora no puedo acceder. Me dieron de baja la cuenta que utilizaba para administrar el fanpage de Ninja. Te bloquean de la nada, un milímetro de pija y quedas bloqueado. Al principio quería conservar la cuenta. Pero llegó un momento en que pensé: “Chau, no quiero conservar nada, si Facebook va a ser así, yo no quiero ser parte”. Lo único malo es que la cuenta quedó abierta y la gente piensa que soy un garca porque no contesto los mensajes y hay un montón de contactos con gente de otros países que perdí. Pero intenté volver a acceder y no hubo caso, así que me mudé a Instagram, que por lo menos si te tienen que bajar una foto, te la bajan, pero no te cierran la cuenta. Esa censura en las redes creo que es el máximo hate que recibo. Lo siguiente ya es cuando veo mi obra tachada, rota o escupida, que también pasa, pero de eso ya estoy curado, no me hace daño.“Jo sóc una dona que provoco”[1] (risas). Me gusta mucho provocar, me gusta ir al choque. Me gusta causar algo, no me gustaría que lo que hago no provocara algo –bronca, ganas de arrancarlo, vergüenza, algo–. A mí lo erótico me encanta porque causa sensaciones, más allá de lo crudo. Yo miro mucho porno –desconfío del que no mira porno–, pero hay cierta rama que me llama más la atención, que es el más artístico, e intento ir por ahí. Si bien sigue siendo porno, el fin de la imagen es comunicar algo o hacerte sentir algo más que calentarte. Me parece que voy por ese lado. Quiero que lo que hago genere algo.
 
-¿Tienes otros artistas callejeros queer que te sirvan como referentes?
-Hay re poquitos artistas callejeros que hacen arte queer. Hice una investigación antes de empezary encontré pocos que lo hacían: Jeremy Novy, Paul Le Chien y Homo Riot. Después, Jeremy Novy, que tiene un museo único en el mundo de queer street art en San Francisco –un museo chiquito, pero divino-, se contactó conmigo y me explicó que hay trece queer street artistsen el mundo. Los googleé a todos y la verdad es que hacen alguna que otra cosita. Los que sí hacían mucho eran él, Homo Riot y Le Chien. Y todo bien, pero no me siento identificado con ninguno de los tres. Obvio, también me encanta Banksy, que es un genio. Otro, Mr. Brainwash… odio decir que me gusta, pero me gusta. Me da bronca.Es de esa gente que de repente no tiene nada que decir pero descubre la ecuación. Mr. Brainwash se dio cuenta de que mezclando un par de cositas y tomando de lo que hacen otros, le sale bien y a la gente le gusta. Lo que más bronca me da es que a pesar de todo eso, de repente veo imágenes y pienso que es lindo lo que hace. Por ahí no tiene un valor agregado, pero me sigue pareciendo lindo. Por otra parte, el arte homoerótico en Argentina no está tan aceptado todavía. Acá hablé con varias galerías, me cruzaba con dueños en los eventos, y me decían que les encantaba lo que hago, pero “es muy fuerte para mi galería, como que no va con el perfil”. Entonces, lo que hago no va con el perfil de ninguna de las galerías que hay en Buenos Aires, y ante eso, ¿qué puedo hacer? Seguir pegando en la calle. Me encantaría que mis dibujos se vendieran por el valor que tienen, pero no lo voy a vender por poca plata, prefiero quedármelo yo. Si no se vende, igual a mí me encanta. Por otro lado, salir a pegar es costoso, y requiere un tiempo, pero no me interesa otra forma. Me parece que el stencil lo despersonaliza todo. Si lo hago yo o lo hace otro da igual, tiene un look muy parecido. Se pierde lo personal. Yo soy muy dibujante, vengo de ese palo y me cuesta dejar el dibujo. Eso es lo que soy. Yo hago esto y lo dejo al universo, no estoy buscando que la gente me lo reconozca.


[1]“Soy una mujer que provoco”, cita de un video viral de la mezzosoprano transexual Manuela Trasobares (https://www.youtube.com/watch?time_continue=230&v=tkJ5jdmuAIo
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