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Pasarla bien en el horror
Es uno de los historietistas del momento. Docente y cofundador del grupo Niños, Pedro Mancini ha publicado sus trabajos en distintas partes del mundo. Es conocido por sus relatos intrigantes, sus tiras humorísticas y su cautivante impronta gráfica.
 
Alabado y cuestionado por la oscuridad de sus narraciones, el también creador de una autobiografía delirante de implacable comicidad Pedro Mancini aborda en esta intensa charla sus principales obras, sus tópicos narrativos y visuales, las próximas publicaciones, la relación con colaboradores, la creación artística, la herencia de su abuelo, sus comienzos en el humor y cuestiones absurdas varias.
 
-Tus historietas, como el arte modernista, tienen esa cualidad de “necesitar” ser explicadas, por lo cual le resultan atractivas a los críticos. ¿Lo notás? ¿Te parece positivo?
 
-Eso lo puedo entender. Pero es una cosa que no es buscada, que sale así. Cuando salimos con el grupo Niños lo que sucedía es que estábamos muy influenciados por cosas externas a la historieta, nos gustaban la literatura, el cine, la música, tanto como las historietas. No en ese gesto snob de “no me gustan las historietas” que solo a Breccia se lo permitimos. A mí me fascinan, soy fan, consumo, hago, estoy pendiente de lo que hacen los demás, pero me gusta toda expresión artística. Tengo una influencia del teatro zarpada porque toda mi familia viene del palo teatral. Supongo que todo eso se recontra coló y eso es lo que condensa el atractivo que por ahí puede llegar a tener para la crítica.
 
-¿El tratamiento sobre el status de la realidad que aparece en tus historietas tiene que ver con una cosa tuya, propia, de como ves la vida o es algo inherente al arte más allá de tus concepciones sobre lo existente, el universo, o lo que fuera? No sé si me explico…
 
-Sí, algo. Es difícil de responder. Tiene que ver con la personalidad que uno va construyendo con el tiempo, el niño que fui, ultra introspectivo, muy colgado y muy del consumo de ficción de manera casi adictiva. A los tres años vi Laberinto y me flipó, quedé enganchado ahí. Esto de la teatralidad también, o sea, ver a mi abuelo ensayando con una capa tipo conde Drácula, yo no entendía qué carajo era la normalidad. El concepto de normal me costaba, la ficción se colaba permanentemente.Y después muchas lecturas, uno llega a adolescente y empieza a leer a Castaneda, a Burroughs, Aldous Huxley. Las drogas también se meten ahí y se abren puertas en la cabeza. Claramente yo entiendo que hay múltiples realidades todo el tiempo y hay pequeñosdestellos de realidades ajenas ¡No puede ser esto solamente!
También creo que la obra que sea, en cualquier disciplina, tiene que ser el acceso a un mundo ficcional, o a un mundo que el autor te proponga. Sea una canción, una obra de teatro, una peli, debería transportar al que la consume, al espectador. Entonces trabajo en eso, en armar un mundillo ficcional al que llevarlo.
 
-¿Se puede decir que esos personajes estrafalarios que aparecen en No soy Hordak o en El jardín increíble son seres del ultramundo?
 
-Sí, totalmente. Es un mismo mundo ficcional. Hay un mundito creado al que accedo y saco de ahí el material. En Hermano está bien visible, viste que es una historia que escribió Darío Fantacci, si se entiende, es un tipo que está viviendo el conflicto de transitar esos dos mundos y no entender del todo cuando está en uno y cuando está en otro, ni de que manera actuar en cada uno.Si bien la escribe Darío, nosotros en Niños hicimos una simbiosis y laburábamos ultra conectados.
 
-Al respecto de Darío y de Federico (Grunauer), en los trabajos que hiciste con ellos (Hermano y la historia paraMal Tiempo respectivamente), me llama la atención cómo se nota la colaboración del guionista y al mismo tiempo es tan afín a tu propio universo creativo. ¿Cómo pasó eso?
 
-En el caso de Darío, creamos eso juntos. Nos conocimos en un taller de historietas y empezamos a frecuentarnos, a idear el grupo (Niños) y la publicación (Ultramundo). Fue como un año entero de conocernos y pasarnos data, contagiarnos un poco los gustos del uno y del otro. Y si bien no tengo una colaboración directa con Santiago (Fredes), la concepción es de los tres. Fue armado en conjunto, en reuniones, de juntarse a tomar unas birras, muchas charlas, muchas trasnochadas, de mirar pelis, de flashearla. Y de ir al grano también, de experimentar, de filmar cosas, aprender a editar video, hacer música. Lo lindo de ese grupo es que lo único claro y concreto era la revista, todo lo demás era algo espontáneo, surgía de golpe hacer lo que pinte y lo hacíamos.
 
- Queda explicado para Darío, sigue siendo muy llamativo para Federico…
 
- Hay un montón de formas de laburar con guionistas o hacer colaboraciones. Podría mandarte un guión por mail un yanqui que no te conoce y te pasa algo re exacto con lo que quiere que vos hagas, entonces ahí sos como una especie de androide que laburas en función de lo escrito. Pero tenés los casos en los que podés colaborar con gente cercana, donde hay un diálogo más fluido y podés llegar a acuerdos. En el caso de Fede, él pensó ese guión, creo, ya teniéndome en cuenta a mí como dibujante, o sea “voy a escribir este guión para mi libro, pero lo va a dibujar él, así que voy a arrimarme a su mundito, a eso que ya maneja bien”, digamos. Lo escuché en alguna charla diciendo que él siempre se ajusta al dibujante, de última la historia va a tener su impronta gráfica, entonces más vale hacérsela fácil. Después tuvimos otro intento con Fede que no funcionó muy bien. Hicimos toda una historia para proponer a Fierro, llegamos a hacer un capítulo y los dos concluimos que no habíamos logrado mimetizarnos bien, estaba más forzado. Por suerte, en esa de Mal Tiempo quedó mejor. No siempre se logra.
 
- ¿Tenés algún proyecto en marcha con él?
 
-No. Hace poco él hizo un quiebre, cortó con la editorial Agua Negra, que pasó a ser un pequeño sello dentro de Hotel de las ideas. Lo que me puso contento es que él vuelve a escribir, porque estaba muy colgado, me dijo que estaba retomando…
 
- No sé en qué parte de internet leí que estabas haciendo algo con él. Me había generado expectativas.
 
- Por ahí te confundís con Damián Connelly, con él estoy laburando ahora. Estamos empezando una novela que habíamos dejado colgada hace unos años.
 
- ¿Es una propuesta surgida de su cabeza, como acostumbra, o tiene que ver con estos mundos que solés plasmar?
 
- Yo creo que es un punto intermedio. Por suerte tenemos un montón de cosas en común, gustos, estéticas y esa cosa de atmósfera medio pesadillesca, nocturna, que en sus historias también está. El guión, la verdad, es perfecto, estoy fascinado con la historia. Se llama Felicidad, me pasó el otro día las últimas correcciones, lo leo y no lo puedo creer, ¡ya lo veo! Y hay una voluntad de su parte, yo creo que le puso garra para acercase a mi mundo. Por un lado, está eso, la intención de él de arrimarse a mi forma, pero me agrega mucho laburar con guionistas. Capaz que en la apariencia, en la superficie, vas a ver una historieta más mía, pero te das cuenta que tiene mecanismos narrativos que no me saldrían. Está buenísimo eso, porque, sino, uno se ensimisma. Me aburro de mí, llega un momentoque los recursos se me agotan. Esto me abre posibilidades.
 
- Tendés a plantear los temas de manera muy directa (se lo decís al lector), sin esa ficcionalización compleja, muy propia de los guionistas.
 
- No tengo formación de guionista, aprendí a hacer historias en el camino. Las primeras historietas mías eran historias cortas, en general mudas, medio experimentales. En Paranoia Normal, el primer material de Ultramundo, las historias son como anécdotas deformes, con un toque medio onírico. Contaban un montón, no digo que no contaban, pero con una narrativa nada clásica, nada explicado, dejaban más en banda al lector por ahí. Después cuando me metí con el humor, o casi por accidente se coló ese ingrediente, empecé a entender un poquito más de la dinámica de qué cosas deben suceder para provocar cierta reacción, por ejemplo, que haga gracia una tira. Aunque sea un humor raro.
 
-Es muy raro esa especie de remate que inventaste en Alien Triste, ¡es como un temblor en el tentáculo!
 
-Si te ponés a pensar es casi como un “plop”de Condorito. Hace poco me pusieron en un programa que tiene Sasturain (Juan), que se llama Plop, los mecanismos del humor, y yo decía “por qué carajo me pusieron ahí”. Y entonces me cayó la ficha, ¡claro!
 
-¿No fue consciente la creación de ese mecanismo?
 
-La verdad que yo no lo podía asociar a eso. Uno tiene la pretensión de hacer algo original, especial. De golpe está todo hecho.
 
-Pero sí lo haces, sino por el remate, por otras tantas cosas.
 
-Es gratificante que lo digas. Si ves el librito, El jardín increíble, recopila unas tiras que hacía para un diario del oeste. Un amigo me dice “por qué no presentás algo”, qué voy a presentar pensé, las deformidades que yo hago en un diario, con tirada más grande. O sea, en mi fanzine está bien que haga lo que quiera, pero en un diario me sacan cagando. Voy y propongo, no sé por qué motivo, no se dieron cuenta y entré. Presenté tres tiras, había una que por lo menos tenía secuencia, las otras eran dibujos, unos paisajes con un honguito y unas cosas, no tenían sentido. Me hizo entrar un flaco que al instante se fue. Quedé metido en un lugar en el que no sabía si era del todo bien recibido. Proponía las tiras y se me quedaban mirando como diciendo “y el remate lo mandás la semana que viene”. De todas formas, hay algo con el humor absurdo que volvió gracias a Liniers.
 
-En El jardín increíble están las que son de un humor absurdo como estas, están también las que son de un humor muy negro. ¿Qué pasa con las mutilaciones, Pedro?
 
-Lo de las mutilaciones es jodido. No sé qué carajo pasa. Me acuerdo que estaba viendo justo a Buñuel, Freaks, las clásicas con mutilados digamos. Hay un corto de Lynch también que se llama La mutilación, soy fan de Francis Bacon. No le quiero encontrar tanta explicación, no quiero indagar mucho. Es el agente perturbador.
 
-También están las tiras caracterizadas por la presencia de un elemento extraño, pero la gente que lo atestigua se lo toma con normalidad. ¿Las tenemos que interpretar como metáforas? ¿Es que esa gente está loca?
 
-Hay una cosa de esa ultra-realidad invadiendo la realidad y de cómo se lleva, que sucede, cómo reaccionan ante eso. Algunos no dan bola, o no lo ven… no lo había analizado. Ese es tu trabajo. Hay cosas que, te juro, del primer material,sobre todo, que hay un punto en que me jodía cuando me daba cuenta qué era lo que estaba contando. Contaba algo que me parecía interesante y he llegado a tener las cosas ya publicadas en la mano y después de un tiempo leerlas y decir “ah, la puta madre, mirá lo que tenía en la cabeza en este momento”, uniéndolo a alguna circunstancia real, una separación o algo bien concreto.
 
-Es una interpretación que un lector no podría tener supongo.
 
-Para mí, de alguna manera tiene que funcionar esa intuición de que está sucediendo algo por tal lado, por lo menos si es bueno, o malo, o terrible o increíblemente feliz. Al menos la emoción debería estar capturada y transmitida. Después es libre interpretación, todo el mundo hace lo que puede con “la obra”. Durante mucho tiempo yo sentía que había humor en mis historias, pero era un humor difícil de entender, a veces no se captaba y eso era frustrante, ¡no se dan cuenta que me estoy cagando de risa con esto! Sería como tratar de pasarla bien en el horror.
 
-¡Me acabás de tirar el título de la entrevista! En No soy Hordak hay un pasaje en el que Hordak, según dice, vuelve a combatir al infierno, entonces se interna en el ultramundo, en lo que aparenta ser una alegoría de la creación artística ¿Concebís a la creación como una lucha y al artista como un guerrero?
 
-Por momentos sí tengo ese flash de la cosa épica que al final creo que es una pelotudez, que hay que relajarse un poquito también. O sea, tengo esas dos instancias. Por momentos un artista me conmueve y digo que increíble que esta gente exista, que nos pase data tan valiosa y nos haga la existencia mejor. Después, cuando uno es el que está ahí laburando, si me cargo con todo eso, no puedo hacer nada. Además, es creerse mucho pensar que uno está para resolver o ver algo. Tranca, somos laburantes también. Me gusta el concepto de entretenimiento, de hacer algo para entretener. Estoy haciendo una historia como de superhéroes ahora, más extraños, marginales o lo que sea.Me importa que sea divertido. Crear es algo que hacemos para hacer, día a día, en esta existencia.
 
-O sea, ¿vos disfrutás cuando te ponés a laburar?
 
-Cuando empecé a hacer historietas (la primera época del grupo Niños) yo estaba bastante para atrás, muy deprimido, no sabía para dónde agarrar. Había dejado todo junto, el laburo, una primera novia que tuve, bandas en las que tocaba. Fue un corte grosso y las historietas me sirvieron para sobrevivir, para drenar demonios y oscuridad. Tenía el mambo o pensaba que funcionaba de esa manera: yo hacía historietas para salvarme. Además, tenía el concepto de mi abuelo, que fue un actor muy famoso en los años 30-40. Después tuvo problemas, lo pusieron en listas negras y le cortaron el laburo. Fue famoso grosso, tapas de revistas, no podía salir a la calle y de golpe se le corta toda la joda. El resto de su vida se la paso dando clases, vivió una existencia de frustración, esa cosa de haber tenido algo y que te lo quiten, entonces era un tipo muy dramático. Igual era re mágico y re flashero.
 
-Estabas haciendo una historieta de tu relación con él, ¿no?
 
-La estoy retomando. Pasó con esa historieta que me restaban por hacer unas 30 páginas, muere mi abuelo y yo me quedo en blanco. Resulta que ese es el proyecto que ahora estoy reflotando para una residencia en Francia. A mi editora allá le gustó esa historia, pero la decisión fue redibujarla. Así que justo en estos días, después de 5 o 6 años, estoy rehaciendo las páginas de prueba. Tengo hechas 50 páginas del proyecto original, pero el dibujo ya no lo soporto, es de otra época, no me gusta el estilo, quiero actualizarlo un poco. Me gusta mucho el ritmo que tiene, estoy cambiando detalles.
 
-¿Es una historia autobiográfica realista?
 
-No, es lo menos realista que hay. Es una recontra deformidad. Pero toda la información está. Había fallecido mi abuela y mi abuelo era recontra apegado a ella. Cae enfermo, mi familia no tenía un mango y me mandan a cuidarlo. Era un manicomio, yo lo adoraba, pero era un loco. Hablaba solo, tenía sus personajes internos, miraba todo el tiempo sus películas. Era como una capsula del tiempo esa casa. Tenía una magia re linda, pero también tenía una cosa re oscura, densa. Y yo con mis crisis de adolescente y mis quilombos yendo a cuidar al viejo, salió esa historia. Es recontra ficción, con el pibe que le salen tentáculos de la cara porque es tímido y nervioso, son todas metáforas de algo real que yo vivía. Está el viejo ese que accede al ultramundo, es una historieta típica mía. Es necesaria esta historia para cerrar una etapa relacionada a mi primer material. Es la más densa emocionalmente.
 
-Me encanta el humor, pero, ¡no cortes los delirios, por favor!
 
-No voy a cortar nada seguro, pero hay cosas que tienen una profundidad emocional que no la podés forzar, la estás viviendo o no la estás viviendo. Ahora estoy cagándome de risa haciendo historias de superhéroes, sé que no van ahí, tienen otra cosa distinta.
 
- Igual, dentro del humor, creo que en No soy Hordak hay pasajes muy profundos, hasta conmovedores.
 
-Bueno, sí. En Hordak hay una fusión de las dos cosas. Yo creo que estoy haciendo permanentemente lo mismo, es como si tuviera una consola en la que voy dándole distintos tenores a los ingredientes.  Hay cosas más ancladas en el humor, otras que tienen la cosa dramática-emocional y todas están contaminadas las unas de las otras. En el caso de el Niño Oruga, que así se llama la novela sobre mi abuelo, va más por lo dramático y lo delirante. Hay un concepto que a mí me quedó grabado, el tema del “realismo delirante”, que es como Alberto Laiseca llama a su propia obra. Es esa cosa de un realismo más real aún…, si te ponés a observar un pequeño pedazo de realidad seguramente va a pasar algo extrañísimo que no podrías inventarlo.
 
-Ya que estamos con proyectos postergados, ¿había uno sobre la juventud de Burroughs?
 
 
-Ese justamente estamos presentándolo en un par de semanas. Acaba de salir de imprenta, lo editó Hotel de las ideas.  Se llama Detrás del ruido, el subtítulo es La infancia de William Burroughs. Es un libro que en verdad fue pensado para una editorial española que se llama Bang Ediciones, me lo propuso Ed Carosia, un autor importante que es editor en Bang. Lo conocí en el festival de Lyon, me dijo que quería proponer algo mío para la editorial, pero nada de lo que yo tenía dando vueltas. Le entro a proponer, fuerzo un poquito cosas que tenía, una idea que tenía dando vueltas la armo rápidamente como proyecto. Me dice “No, nada de esto. ¿Qué pasaría si laburáramos con…?” y me da el proyecto ahí servido. La idea fue de él. William Burroughs aparece en historietas mías, de hecho, en todas…
 
-Aparece como narrador, eso es muy loco.
 
-Si no me equivoco, estábamos con Darío, fascinados con Burroughs, permanente hablando de cosas que habíamos leído. En un momento fue casi natural y lógico que, si alguien te tenía que explicar el ultramundo, fuera Burroughs, alguien que estaba conectado con esa realidad. En el epílogo de Hermano, se corre el foco del personaje central y Burroughs te cuenta que pudo haber pasado. Después quedó, es un personaje más del ultramundo. Con Darío lo que sucedía era muy mágico, las cosas no era que las inventábamos, sino que estaban ahí y las descubríamos. El ultramundo es como un lugar que existe y uno accede y agarra cosas. Ed fue muy piola porque me invito a jugar con mis propios elementos, me dijo algo así como:“vos tenés algo con Burroughs claramente, tenés también algo con la niñez, con los personajes de niños, ¡hagamos la niñez de Burroughs!”. Pero no solo fue eso, hay un gancho más, que me parece que no podría haber salido de otra persona que no fuera un editor piola: se están cumpliendo 20 años de la muerte de Burroughs. Esa estrategia no la hubiera pensado yo, me la dio servida. Se planteó: “como puedo hacer para sacar lo mejor tuyo y que cierre comercialmente”, que no sé si va a resultar o no. Un libro mío en Europa es re difícil, porque no me conocen. Me tienen que empujar, tiene que haber un gancho extra. En esa monstruosidad de mercado tenés que tener una estrategia.
 
-Hablando de estos descubrimientos que hacen al entrar al ultramundo, este personaje que no tiene brazos, tiene una cara de rana con dientes, es como un personaje de He-Man y aparece repetido en todas tus historietas. ¿Me decís algo de este tipo? ¿Por qué aparece en todos lados?
 
-Sí, es como un reptiloide gigante. Esa fue la primera vez que se coló una cosa más relacionada a la infancia. En el momento en que todo eso del ultramundo estaba confluyendo teníamos como una estética más solemne que remitía a los autores con los que flasheábamos, Lynch, Cronenberg, Polansky, algo denso, oscuro, misterioso, poco explícito, más de atmosfera. Yo había anulado por completo todo mi amor por He-Man, por Transformers, todas las cosas de la infancia estaban como contenidas. Pensaba que era el momento de otro palo o que eso no estaba surgiendo. Y este personaje está en el medio, es del tipo de personajes que unen esos mundos. Tiene esa cosa absurda de que no tiene brazos, es medio feroz, pero en su ferocidad no puede agarrarte. Es una amenaza a medias. Esta integrado al ultramundo, pero se parece a un muñequito que tenía de chico.
 
-La nieve, o no sé como llamarlo, esos copos redondos que caen constantemente, en todas las historias, que están presentes en todas las portadas. ¿Qué son?
 
-Es el elemento fantástico invadiendo la realidad. Son unas pelotitas que flotan, tienen un tiempo distinto al real y dan cuenta de una densidad diferente, de un paso del tiempo distinto. Justamente están como suspendidas, es como un efecto de cámara lenta muy pronunciado en el que, me parece, uno se puede sumergir cuando entra en esa otra realidad y el tiempo corre de otra manera.

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