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El cuerpo como fuerza primigenia y misteriosa
Entrevista al bailarín y director Federico Fontán, integrante de la dupla de artistas/coreógrafos de danza contemporánea Cortez-Fontán que crea, dirige y encarna la Trilogía de las mutaciones, conformada por su primera parte Los cuerpos, expandida en La corporación y que se cierra con el estreno de El otro lado en El Portón de Sánchez. 
 
 
Federico Fontán es bailarín egresado del Taller de Danza Contemporánea del Teatro Gral. San Martín. Se formó con Andrea Fernández, Carlos Casella, Marina Giancaspro, Rodolfo Prantte, Emanuel Ludueña, Fabiana Capriotti, Gustavo Lesgart, Eugenia Estevez, Christopher Roman, David zambrano, Martin Piliponsky, Peter Jasko, Milan Herich y Claude Brumachon. Fue seleccionado para participar en La consecuencia de  Claude Brumachon y Benjamin Lamarche en el año 2012.  En sus inicios estudió teatro y, como actor de cine independiente, participó en las películas Donde cae el sol, La madre, Elegía de Abril bajo la dirección de Gustavo Fontán y protagonizó la película Jesse y James de Santiago Giralt, estrenada en 2015. En el mismo año, participó del videoclip de “Ritmo”, canción del último disco de Diego Frenkel.
 
Desde 2013 trabaja en codirección con Ramiro Cortez, a quien conoció en el Taller de Danza Contemporánea del TGSM. Finalizando el 2013 estrenan su primera obra Los cuerpos en el marco de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires, con tutoría de Ciro Zorzoli, seguida por La corporación en la que sumaron catorce bailarines. Con luz, música y movimiento, crean una poética en la que el cuerpo se expande y se abre a  un espacio que se vuelve sensorial, cargado de extrañamiento y conocimiento al mismo tiempo. El trabajo de los cuerpos es el elemento que basta para salirse de la materia física y llevar esa poética al entorno escénico.
 
 
-Desde el inicio con Los cuerpos, primera obra de la Trilogía de las mutaciones, ¿pensaron en un conjunto de tres obras?
- No. Los cuerpos fue el comienzo de una investigación acerca del cuerpo, sus límites, sus extremos y las múltiples maneras de relacionarse. Allí encontramos un caudal de material físico que no pudimos explorar en toda su dimensión en una sola obra. La trilogía surgió como una necesidad de darle un concepto total a tres espectáculos que son exploraciones hermanadas.
 
-Por ser el punto de partida, ¿cómo definirían a Los cuerpos dentro de la trilogía?
-Los cuerpos fue un trabajo con muchos descubrimientos, muy intuitivo y con la magia de los primeros encuentros. Como bailarines trabajando en dúo, como creadores individualmente y en conjunto; como directores de un proyecto que convoca a muchos artistas. En este sentido, fue un trabajo expansivo y que sentó ciertas bases que nos acompañan hasta el presente. Este proyecto fue acompañado por la mirada de Ciro Zorzoli y allí encontramos un soporte y guía muy importante para nosotros. La mirada de Paula Fraga en las luces y de Martín Minervini en la música original también nos dio cauce para crear el imaginario de la pieza.
 
-¿Cómo es la experiencia de ser únicos intérpretes y directores?
-Es una experiencia esquizofrénica. Hay que confiar mucho en la intuición, habilitar el diálogo todo el tiempo para discernir qué es importante y qué no, confiar en el equipo que armaste previamente y que te acompaña en el proceso. Por otro lado, dependiendo del proyecto, vas desarrollando ciertas herramientas que te permiten dirigirte de alguna manera, por ejemplo, la filmación.
En definitiva, creo que existe una forma de dirigir especial, con características particulares cuando uno está adentro y afuera a la vez. No creo que un estado intermedio sea algo que uno tiene que intentar evitar, creo que el intérprete dentro de uno comienza a hablarle al director dentro de uno y viceversa.
 
-En el paso de Los cuerposLa corporación, en la que no fueron intérpretes sino que ocuparon el rol de la codirección, ¿cómo fue proyectar desde afuera algo que inicia en la primera obra con sus propias experiencias corporales?
-Ese segundo proceso fue bien interesante. Por un lado, sabíamos que queríamos trabajar con la multiplicación de cuerpos, o sea que queríamos un grupo grande de personas. El desafío estuvo en aprender a traspasar a otros aquello que en un principio fue muy innombrable e intuitivo para nosotros. Entonces fuimos haciendo pruebas para lograr, por un lado, transmitir nuestro material físico y, por el otro, escuchar aquello que los intérpretes nos devolvían. Creo que La corporación fue muy importante como momento para procesar todo lo que habíamos comenzado a desarrollar con Los cuerpos.
 
 -¿Hay una línea narrativa previa a la hora de pensar las tres obras?
-No. De hecho no hay una narrativa. Nos gusta pensarlo más como un mundo, o un imaginario, una serie de ideas concretas y específicas en las que nos posamos, sobrevolamos, nos dejamos atravesar, pero el intento es de no fijarlas, de no literalizar porque en ese momento nos parece que la ambigüedad se pierde y que el producto pierde la fuerza de lo misterioso.
 
-Estamos acostumbrados a dividir en una dualidad lo que entendemos como razón de lo que concebimos como cuerpo. ¿Cómo piensan esa dualidad a la hora de proyectar las ideas para sus obras? Para ustedes, ¿hay un aspecto que pese más que otro en algún momento?
-Las criaturas en nuestras obras están motivadas por impulsos muy primarios, impulsos que los poseen. Eso, las empuja a relacionarse al costado de la realidad cotidiana, es la realidad pero está corrida, son humanos, pero también son animales y son de este mundo pero también de otro. Para responder la pregunta concretamente, nuestro foco está, principalmente, en el cuerpo, desde ahí la razón aparece, pero está en función de algo antiguo, oculto, con sus propios códigos indescifrables.
 
 -En la última obra, ¿vuelven a poner sus cuerpos en escena?
-Sí. El otro lado, la tercera parte de la trilogía, vuelve a ser un dúo dirigido e interpretado por Ramiro y por mí.
 
-¿Cómo fue la creación de la música? ¿Cómo la pensaron en relación a lo corporal?
-La música en El otro lado es un concepto que nos deleita mucho. Tuvimos la suerte de encontrarnos con un músico y compositor llamado Facundo Negri que está en una búsqueda muy cercana a la nuestra. La intención del concepto sonoro es cinematográfica. Entonces teníamos de referencia a David Lynch, a ciertas películas de ciencia ficción, suspenso y terror clase b. Partimos de la base de que queríamos trabajar la música como atmósfera, como espacio que se condensa, un espacio con fuerzas que lo empujan a transformaciones y relaciones. Nos enfocamos en crear un diálogo constante entre el mundo del sonido, la luz y nuestro accionar físico.
 
-¿Qué expectativas tienen para el estreno que ya se aproxima a fines de este mes? ¿Lo ven como un cierre?
-Algo se cierra, eso seguro. Pero creo que estamos permitiéndonos atravesarlo con la inocencia de no saber qué nos depara del otro lado... Lo que sea lo haremos con absoluta entrega.
 
-Como artistas/directores de esta trilogía, ¿qué aspecto les parece indispensable mencionar sobre las tres en general?
- Creo que una apuesta que la trilogía hace es hablar con pocos elementos. El cuerpo, la luz y la música. Siempre nos decimos que si las escenas funcionan en la sala de ensayo, tan solo con nuestros cuerpos y las transformaciones que buscamos desde ahí, entonces lo logramos. A eso apuntamos, poder tocar fibras bien físicas del espectador a través de conectar con las propias, en cada ensayo, en cada función.
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