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El amor que pende de un hilo

El hilo fantasma (Phantom Thread. Estados Unidos, 2017). Dirección, guion y dirección de fotografía: Paul Thomas Anderson. Con Daniel Day-Lewis, Lesley Manville y Vicky Krieps.

 
Hay películas y hay cine, una diferencia que puede verse en el nuevo film de Paul Thomas Anderson. El hilo fantasma no deja la habitación desde donde Alma (Vickie Krips) lo relata. La intimidad, la luz, la voz de la actriz y otras sutilezas se expandirán durante el resto de la película mientras el espectador, como el Dr. Hardy (Brian Gleeson), no se levantará de su asiento y escuchará atentamente.

Revisitando el melodrama, el director hace del espectador un voyeur frente al encuentro de las dos caras de una misma moneda. El amor como obsesión y la obsesión como amor. Temas que por separado ya alcanzarían a Anderson para hacer dos tipos de películas. Una historia romántica con el desarrollo de un amor (desde el punto de vista de Alma) o una que trate sobre el carácter humano deformándose (desde el punto de vista del Dr. Hardy observando a Alma). El director de Magnolia (1999) produce un relato donde no se puede separar una cosa de la otra revelando la naturaleza humana de la cual nadie realmente puede escapar. Muy pocos films se atreverían a incluir el envenenamiento, trastornos psicológicos, la autoflagelación y la objetivización de la mujer como elementos para enhebrar una historia romántica. Sin embargo, de la forma en que ésta es narrada, con ese piano como música incidental, un mal lleva suavemente al otro y así hasta llegar al amor.

Daniel Day-Lewis es Reynolds Woodcock, un modisto británico en quien su obsesión por la perfección es más la consecuencia de un pasado tortuoso, en el que se vislumbra un Edipo no resuelto, que el resultado del desarrollo de una práctica. De todas formas, su pasado no importa a ninguna de sus clientas que van desde la empleada que ahorra toda una vida por un vestido de Woodcock  (“para ser enterrada en él”) hasta las princesas de la realeza. La delicadeza de sus vestidos impregna a quien los porte y de ahí la tendencia adictiva de los sentimientos de las mujeres por Woodcock. Ellas lo detectan: este modisto es el Rey Midas de la belleza y, antes que todo, en la Inglaterra de los 50s ser bella es lo que más desea una mujer. Vickie Krips no se deja opacar por Day-Lewis en su interpretación de Alma, la camarera francesa que trabaja en la campiña al norte de Inglaterra y que es descubierta por el modisto tropezándose (literal y metafóricamente) con él. Entre Woodcock y Alma se irá cociendo una relación amorosa que visitará prácticamente todos los opuestos posibles. Pero esta historia de amor no se sostendría sin la participación de Cyril (Lasley Manville), la hermana, secretaria y socia de Reynolds. Las dos mujeres se van empoderando y aprendiendo una de la otra, sutilmente, hasta transformar la casa y la vida del modisto.

El hilo fantasma es una película que trata sobre las mujeres y de cómo la vida de los hombres, incluidos genios como Woodcock, son influenciadas, sostenidas y hasta modificadas por ellas. Prácticamente, no hay personajes masculinos e inclusive una mujer ausente como la madre de Reynolds (ya fallecida) dirige la unión de Woodcock con Alma, siempre “anunciándose” de alguna manera misteriosa antes de un nuevo compromiso de su hijo (y sin olvidar que fue la madre del modisto quien le enseñó a coser y a quien él le hizo su primer atuendo).
 
Como los vestidos del modisto, la producción de la película de Anderson es para paladares exquisitos. Con una puesta en escena a punto, con tiempos lentos que ayudan a elaborar la relación compleja entre estos tres personajes, con música de Johnny Greenwood (casi un Erik Satie contemporáneoo). Debajo de eso, sin embargo, están los instintos básicos que se encuentran en todos: sobrevivir y amar o, mejor dicho, amar para sobrevivir.


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