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La escritura como camino de salvación
El atelier (L'atelier, Francia/2017) / Dirección: Laurent Cantet. GuiOn: Robin Campillo y Laurent Cantet / Fotografía: Pierre Milon / Música: Bedis Tir y Edouard Pons / Edición: Mathilde Muyard / Elenco: Marina Foïs, Matthieu Lucci / Duración: 113 minutos.
 
 
El film se inicia con imágenes del videojuego The Witcher 3: Wild Hunt, tercera entrega de la saga del brujo Geralt de Rivia, quien aparece empuñando su ballesta en un escenario de montañas nevadas. Es un plano subjetivo de la mirada de Antoine protagonista masculino de L’Atelier, un adolescente con un psiquismo complejo que, en la soledad de su habitación, consume videos poblados de violencia, de guerra, de discursos de ultraderecha y de convocatorias para ingresar al Ejército francés. Le fascinan las armas y, sin lugar a dudas, lo aburre la vida sin sobresaltos de la pequeña villa marítima de La Ciotat en la que vive con sus padres.
 
En un programa de inserción social, Antoine ha sido seleccionado junto a otros jóvenes para concurrir a un taller de escritura que dirige una novelista que ha venido de París, Olivia Dejazet (Marina Fois), y así, ya las primeras escenas muestran los encuentros diarios en el taller, levantando el velo de la intimidad de las conversaciones y debates del grupo. No parece una ficción sino, antes bien, es como si una cámara se hubiera infiltrado en aquellas sesiones para registrar la dinámica del taller de escritura, para ver la manera en que se va gestando colectivamente una novela de suspenso. Los asistentes son jóvenes de un pueblo de la Francia actual que experimentan los conflictos de sus enfrentamientos raciales: un joven afrodescendiente y dos de ascendencia musulmana recordarán al resto del grupo que son tan franceses como ellos. El espectador participa de sus discusiones como si estuviese sentado allí, gracias al recurso frecuente al "plano con escorzo" o "sobre el hombro", uno de los planos más utilizados en el film y característico en otros films del mismo director, mostrando la nuca del personaje que escucha mientras el que habla es visto con de frente, con la cámara colocada a unos 45º del sujeto. Este recurso construye un efecto inmersivo con relación al enunciatario, crea un ambiente más íntimo y cercano, y hace que las situaciones se perciban no como una representación diegética sino como una auténtica presentación de los sucesos, en los que la ficción dejaría su lugar al formato de documental.
 
La temática se corresponde así con el dispositivo técnico: mostrar el “detrás de escena”; en este caso, de composición de una novela, de funcionamiento de un taller literario, de creación de una obra artística, de cómo la generación de la obra colectiva pone sobre el tapete la conflictividad de los integrantes del grupo, cada uno como expresión de un mundo con sus propias idiosincrasias, en una bien lograda manifestación de la heterogeneidad de la composición social de la Francia actual.
 
Las sesiones del taller van mostrándose con sonido ambiente en el que sólo se distinguen los diálogos que se suscitan, con excepción de unos pocos momentos en que irrumpe una música extradiegética, que acompaña con acordes disonantes las instancias en que surge una tensión en el grupo. El efecto que se crea es de un suspenso que va en aumento, en paralelo con el suspenso de la historia del asesinato que construyen en el taller como ejercicio literario. Y por sobre este telón de fondo de los conflictos que surgen al interior del grupo, comienza a recortarse otra historia de tensión creciente entre Antoine y la profesora Olivia.
 
Antoine ha escrito un texto que ha provocado el rechazo de sus compañeros por su extrema violencia. Olivia calma la situación explicando que las acciones de los personajes no tienen por qué expresar necesariamente las opiniones del autor, y que en ello reside muchas veces la fuerza del arte: utilizar la ficción como un modo de denuncia de comportamientos que el propio escritor rechazaría de modo enérgico. Pero Antoine percibe el poder del amedrentamiento y de la provocación a sus compañeros; le fascina morbosamente el sometimiento que la violencia desata en los demás, y vislumbra en ello un escape a su aburrimiento existencial.
 
En la soledad de su cuarto, Antoine lee una novela escrita por Olivia. En una sesión del taller lee un fragmento delante de ella y del resto del grupo y le recrimina que esas palabras no dan cuenta del sentimiento feroz de quien se dispone a matar. A su juicio, Olivia no ha logrado reflejar la profundidad de los impulsos que mueven a los hombres, el gusto de matar por matar, un sadismo que ella desconoce. Olivia se enoja con Antoine, pero siente curiosidad por acercarse al mundo del joven. Una parte de ella se fascina con la oscuridad de sus pensamientos. Un abanico de emociones la atraviesa: la provocación del alumno, la fascinación morbosa frente a sentimientos que ella desconoce y que vislumbra como posibilidad de dotar a su propia literatura de una vivacidad que sus personajes han perdido. Y Antoine avanza en provocarle una experiencia concreta en la que ella se someterá al miedo que, sin más, el joven le hará sentir de manera directa. En ese punto el film amenaza con desbordar las previsiones del género hacia el "suspense", pero se reconduce finalmente para dejar en claro que no es sino una instancia que el joven hará transitar a la profesora, en una búsqueda por experimentar la densidad, intensidad y autenticidad de las pasiones y sentimientos necesarios para inspirar un proceso de creación artística.
 
El director logra atravesar en la trama los conflictos de la convivencia en la diversidad racial, como también el juego de un erotismo velado y el disfrute morboso del sometimiento a través del miedo; la provocación del alumno y la seducción que le genera a la profesora la riqueza de la mirada de aquél, como aporte novedoso a su propia literatura ‒que advierte ahora como anquilosada‒; la apelación a la violencia como final del juego, a la sublimación de las emociones violentas del alumno a través de la palabra como camino a la libertad o a la superación de esa violencia; el recurso al arma como imagen de la impotencia y la palabra como sustituto de aquélla, que permitirá finalmente la redención del sujeto. El taller de escritura ha sido entonces ese espacio donde esos procesos de salvación han podido gestarse y el arte parece haber cobrado así su mayor sentido.
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