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Unas lágrimas verdaderamente amargas

Las amargas lágrimas de Petra von Kant, de Rainer Werner Fassbinder. Dirigida por Leonor Manso. Con Muriel Santa Ana, Belen Blanco, Marita Ballesteros, Dolores Ocampo, Miriam Odorico, y Victoria Gil Gaertner. En la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín, Corrientes 1530 de miércoles a domingos a las 20:30 hs.

En esta nueva versión de la obra escrita y filmada por Fassbinder, la directora local Leonor Manso nos acerca la obra conservando el argumento principal que cuenta las angustias de Petra von Kant, una mujer marcada por el éxito económico aunque en el amor solo conozca fracasos. Su vida se tornará aún más triste cuando se enamore de Karin, que la hará infeliz. Durante todo el relato, Petra es siempre observada por su criada casi esclavizada, Marlene, que se mantiene estoica frente a cualquier circunstancia.

 En la película esta observación constante había sido lograda con recursos de transparencias y planos a través de ventanas entreabiertas o de cortinas mal cerradas. Aquí, la escenógrafa Graciela Galán ha intentado reconstruir este mundo en el que el espectador es cómplice de la criada, al reforzar la cuarta pared y poner una red blanca, muy fina, que separa a los espectadores del escenario. Esa malla blanca se adentra en el escenario y construye otras divisiones que definen salas y pasillos translúcidos, como si no existiera un lugar privado en la casa de Petra. Sin embargo, esta construcción le ofrece al espectador una sensación de distancia física de la escena, aún cuando la sala Cabanellas, de dimensiones pequeñas, no posibilita tales juegos de profundidad.

 Mientras el escenario usa este recurso para mostrarse como profundo, es el texto el que no necesita artilugios para mostrar su profundidad. El espectador que haya visto la película previamente encontrará que el texto es una muy fiel traducción de la obra original, con muy pocas adaptaciones y correcciones, en el que se presentan diálogos con discursos más plantados en 1972, año de estreno de la película de Fassbinder, que en temáticas de nuestros días. Sin embargo, no es necesario modernizar las conversaciones que como tratan sobre los temas humanos del poder, la dominación, los celos y el sufrimiento se pueden actualizar en cualquier tiempo. En los diálogos descubrimos una Petra von Kant muy lejana a la imagen de maniquí inmóvil, con movimientos imperceptibles y controlados, de la versión alemana. Es más bien una  desbordada, verborrágica y violenta tirana en la interpretación de Muriel Santa Ana, que se enamora perdidamente de una abúlica y frívola Karin Thimm encarnada por Belén Blanco.

 Mientras que Dolores Ocampo es una irritante sobreactuada Sidonie, que disfruta de las desgracias de Petra, Marita Ballesteros (Valeria, la madre de Petra) y de Victoria Gil Gaertner (Gabriele, la hija de Petra) desarrollan actuaciones más realistas. El único personaje que parece conservar el dominio de sus acciones, en sintonía con la versión fílmica, es la silenciosa Marlene magistralmente actuada por Miriam Odorico. En esta versión, la directora argentina borra de los personajes, exceptuando de esta última, toda la contención actoral que Fassbinder había plasmado en su universo de actrices que tendían a la inmovilidad y a la estética de los maniquíes, y propone actuaciones desbordadas, enérgicas y sanguinales.

 Los personajes tan carnales contrastan con muchos maniquíes esparcidos por el espacio, que no generan ningún universo simbólico, ni refuerzan ningún significado, como en la versión fílmica. Aquí son solo utilería, elementos que justifican la profesión de diseñadora de Petra, sumergidos en una escenografía blanca que los hace desaparecer como camaleones inmóviles, intentando mimetizarse con el medio que los rodea.

 En ese universo blanco, las figuras femeninas son resaltadas por el vestuario de Renata Schussheim que remarca lo carnal de las actuaciones con trajes rojos rabiosos y maquillajes resaltantes que se catapultan de la tan pálida escenografía. Esa carnalidad, típica de nuestros países latinoamericanos termina convirtiéndose en la característica principal de esta versión local, en la que las lágrimas, que en el film parecían hilos de cera en rostros plásticos, muestran una tristeza profunda y vívida y se vuelven verdaderamente amargas.

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