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Poner el cuerpo en palabras
Call Me By Your Name (2017), dirigida por Luca Guadagnino. Con Timothée Chalamet, Armie Hammer y Michael Stuhlbarg.
 
Cuando nos recomiendan una película catalogada como “amor de verano” ya sabemos, aproximadamente, qué podemos esperar: paneos largos a playas de arenas blancas y escenas de luz cálida posándose sobre los cuerpos de los dos enamorados que se acaban de conocer, y ya se han prometido la vida. Nos la imaginamos como uno de los más típicos clichés cinematográficos, a los que nada nuevo puede ser añadido. El director italiano Luca Guadagnino nos prueba que estamos equivocados.
 
Transcurre el año 1983. Elio Perlman, un joven de 17 años, dedica sus días a la música clásica y a la lectura en la enorme casona vacacional de sus padres en Crema, una pequeña ciudad al norte de Italia. Annella, su madre, es traductora, y su padre, un eminente profesor que ha dedicado su vida a la arqueología greco-romana.
 
Elio cede su habitación a Oliver, un graduado norteamericano de 24 años que es acogido por la familia para completar su tesis de doctorado, mientras ayuda al Sr. Perlman en sus tareas arqueológicas. Al comienzo Elio le tiene recelo porque lo encuentra engreído y arrogante, pero más adelante admite haber sido demasiado duro con él y empiezan a pasar el rato juntos. De aquí en más Guadagnino construye la relación entre los dos de la manera más natural posible a partir de recursos cinematográficos: no se maneja con el plano-contra plano, innova optando por la frescura de los planos abiertos y apuesta por acciones desarrolladas en silencio a tiempo casi real. Nos sumerge en la historia como si estuviéramos en el cuadro al lado del protagonista, y así vamos redescubriendo junto a él las sensaciones y los pensamientos ante los que un adolescente sucumbe bajo el efecto del primer amor.
 
En una escena Elio les confiesa a su padre y a Oliver que casi mantuvo relaciones sexuales con Marzia, su amiga, la noche anterior. El director devela con este guiño que el adolescente está dando sus primeros pasos en materia del sexo y del enamoramiento. Más tarde podemos espiar una situación familiar que Guadagnino retrata de manera impecable y con la mayor de las intimidades: una toma de costado, casi escondida, una luz tenue, el sonido de la lluvia de verano de fondo, un abrazo entre padre, madre e hijo en el sillón, y una historia que se encarna en la voz femenina de Annella en un idioma tan conocido por su musicalidad como lo es el francés. La historia de un caballero al que le resulta imposible poner en palabras su amor por una princesa, hasta que un día le pregunta: “¿es mejor hablar o morir?”.
 
A partir de esta escena la trama se complejiza poco a poco. La cámara sorprende a los dos muchachos en el centro, hablando mientras caminan alrededor de una estatua. En un momento la estatua los separa, y cuando Elio es incapaz de ver a Oliver se anima a poner en palabras lo que le está sucediendo. “Porque quería que lo supieras”, repite una y otra vez. La palabra cobra importancia, el adolescente descubre que puede encarnar sus sentimientos en palabras, y  llega un punto de la historia en el que los dos jóvenes concretan sus palabras en acto.
 
Guadagnino no mezquina en matices ni metáforas. Detalla la complejidad del cuerpo de una manera apasionante: los movimientos errantes producto de la maravillosa actuación de Timothée Chalamet, que reflejan la curiosidad adolescente, contrapuestos a los de Oliver, decididos y concisos; las estatuas greco-romanas, de una sensualidad tal que el Sr. Perlman juzga “como retándote a que las desees”; la sangre, el vómito y el semen, las reacciones involuntarias y penosas; la metáfora del albaricoque, que se construye como leitmotiv constante y ayuda a construir la vergüenza que siente el muchacho cuando su enamorado destapa su intimidad.

Call Me By Your Name es más compleja de lo que aparenta: refleja el proceso de descubrir el propio cuerpo y la dificultad de poner ese proceso en palabras. “Llámame por tu nombre, y te llamaré por el mío”, es la frase que Oliver le susurra a Elio la primera vez que se encuentran sexualmente. Y no es casual, deja entrever las ansias del film por mostrar cómo nos construimos como sujetos a través del otro y cómo construimos nuestro cuerpo a partir del cuerpo del otro. Es una película increíble, porque logra condensar todos sus guiños y metáforas en una escena de riquísima sencillez: la escena final, en la que el padre de Elio profiere amorosamente un consejo a su hijo y en la que el cuerpo se hace palabra por última vez.

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