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Esquivar el golpe de la mente con el cuerpo

El golpe en la cabeza, de Natalia Coluccio. Buenos Aires, Zindo & Gafuri, 2017. 

 
Luego de la tormenta no somos los mismos. Algo se conmueve dentro de nosotros una vez que cae el agua con violencia, una vez pasado el estruendo y la posible inundación. Hay un hexagrama del I-Ching, el milenario libro de las mutaciones, que se llama “El Trueno”. Este trueno “irrumpe desde las entrañas de la tierra causando temor y temblor con su conmoción”. Algo de estas características sucede en El golpe en la cabeza, el más reciente libro de poesía de Natalia Coluccio. Hay un golpe, una conmoción. Pero el sonido del trueno es demasiado inmaterial para encarnar un golpe como éste. En los poemas hubo un impacto y el efecto rebote invadió todo, como una bomba atómica que transforma los cuerpos y los daña de forma irreversible.
 
El golpe en la cabeza (Zindo & Gafuri, 2017) es el tercer libro de la autora. Le sigue a Parca (2016) y a Aire (2017) publicados por La ciudad de las mujeres, editorial feminista de Rosario. Natalia es Licenciada en Letras y trabaja como docente de Latín y de Literatura en secundarios y terciarios. En El golpe en la cabeza hay cuerpos, trabajo, comida, hospitales. Cosas básicas, bajas, pero esenciales. Vitales. La muerte, como parte de todo eso, está ahí, al acecho.
 
¿Cómo es este golpe en la cabeza? ¿De qué está hecho? ¿Qué lo causó? Y ¿cómo es la materia sobre la que impacta? En estas páginas el estado de las cosas está alterado. El cuerpo se manifiesta una y otra vez a lo largo de los poemas, sugerido a través de médicos y dolencias diversas. El cuerpo pesa, está enfermo, fragmentado: los ojos en un poema, el brazo en otro, el hígado en otro, los dedos en otro. ¿Es el cuerpo, o es la alteración de la saludla que pesa? Todo duele, se sufre, el mal se va extendiendo por todo el cuerpo (el ritmo del golpe en el cráneo/en el corazón pesa más”).
 
Las palabras también se alteran, y con ellas los sentidos. No hay nada en las palabras de Coluccio que se parezca al sentido común: aunque trabaje/no pierdo/del todo el tiempo” o y yo/que tanto esperé el día/cargo el insomnio hasta la noche”, dice en esta clave. Las cosas no son como deberían, o al menos no son como suelen ser. El golpe es en la cabeza. No es en la mano, en la pierna o en el pecho. Quizás, justamente, las palabras son piedras que golpean adentro de la cabeza, nos martillan y nos hacen desesperar en la búsqueda del sentido (“digo no/la piedra tendría que estar presa/por invadir un cráneo”).
 
En algún rincón de estas páginas, medio al pasar, aparece un tsunami. Lo que es arrasado por la ola no puede volver a su estado anterior. Lo que nos ataca nos transforma, lo que nos golpea nos ablanda y nos amenaza con la muerte. ¿Qué hacemos con eso? ¿Qué hacemos con el lenguaje cuando se nos aparece como una amenaza, como una ola que va a arrasar con todo lo que había?: “¿en qué hospital nos van a coser la herida del sentido?”
 
Los poemas, al comienzo, se presentan con cierta liviandad: juegos de palabras, casi trabalenguas, como “el aniquilador olor del níquel”. Pero el níquel es un metal, y los metales dentro del cuerpo son tóxicos. A medida que avanzan las páginas, el juego de palabras se va perdiendo para dar lugar a un territorio áspero, o más bien denso. En este sentido, podemos hacer una lectura astrológica. Natalia dice ser una aficionada a esta disciplina. Eso aparece en sus textos, como en el primer poema de Parca, que se llama “sol en ocho” (el sol en la casa ocho, la casa escorpiana). Si leemos en esa clave, El golpe en la cabeza es un recorrido por el eje Tauro-Escorpio, desde la boca, lo que comemos ya sea la cena navideña o bolas de fraile, y cómo eso se digiere y transforma hasta ser expulsado. Todo se manifiesta así, de a pares: lo duro y lo blando, la salud y la enfermedad, lo fresco y lo podrido, las palabras y las cosas. El cuerpo y las palabras. Entramos por la boca, nos hundimos cada vez más adentro, deglutidos por las vísceras del lenguaje. Hacia el final del libro vuelve a aparecer un poco el juego, el alivio. No es para asustarse, pero El golpe en la cabeza es un libro con densidad, con peso, con materialidad visible, macizo como una piedra. Aunque esté hecho de palabras. 
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