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Pop psicodélico y misticismo que convence

 

7, de Beach House. Publicación: 2018. Discografía: Sub Pop Records. Formato: LP, CD, descarga digital. Duración: 47:04 minutos. Productores: Alan Moulder / Beach House / Sonic Boom.

Beach House se ha reinventado con sofisticación y ha logrado, junto con los productores Peter Kember (Sonic Boom) y Alan Moulder, un sonido etéreo, acertado para noches melancólicas. El dúo compuesto por Victoria Legrand y Alex Scally continúa en su zona de confort melódica combinando en su nuevo trabajo dream pop con retazos de electrónica soft. La grabación del séptimo álbum titulado 7 se inició en un estudio casero en Baltimore para ser, posteriormente, finalizado en Los Ángeles a medida que se componían las canciones, sin pensar en su exposición en directo. Se presenta un collage sonoro concebido en blanco y negro que lleva el número de la reflexión, el perfeccionismo y la espiritualidad.

“Dark Spring” (el tercer adelanto que se presentó) da la bienvenida a un oscuro y vertiginoso viaje compuesto de once temas. La canción que inaugura el álbum es un indicio de que la introversión de la que presumía Beach House en Depression Cherry (2015) y Thank Your Lucky Stars (2015) se ha debilitado. Con potentes baterías y un ritmo acelerado, el dream pop comienza a fluir. El dúo místico de Baltimore confía en su magia para crear canciones como “Pay No Mind”, que recuerda a baladas de grupos new wave de la década de 1980 como The Cure. “Lemon Glow”, presentado como primer adelanto, es construido con sintetizadores que hipnotizan generando una atmosfera asfixiante; pero con un corte abrupto el efecto hipnótico desaparece. La cuarta canción del álbum, titulada “L’inconnue”, es una grata sorpresa, ya que es la primera en la que Victoria Legrand canta en su francés nativo. A continuación se escuchan hielos golpear un vaso al inicio de “Drunk in LA”, que trata de un rock star que ahoga sus penas en la barra de un bar y reflexiona sobre su descontrolada vida: “I had a good run playing horses in my mind / On a hillside I remember / I am loving losing life”.

En “Dive” se presenta un sonido in crescendo, con cambios métricos y rítmicos, que busca grandilocuencia y una épica melódica similar a la que U2 entregaba en canciones como “Where The Streets Have No Name” o “I Still Haven't Found What I'm Looking For”. “Black Car”, como si fuera un mantra, está construida a base de un loop rítmico, un elemento característico de Beach House, mientras se recita: “You want to go / Inside the cold / It's like a tomb / But it's something to hold / And in the time before it ends / When the stillness bends”. Es claro que el dúo continúa siendo un gran exponente del dream pop, que sin grandes pretensiones, en la abstracción lírica y en los largos desarrollos melódicos mantiene su esencia inicial.

De esta forma ya se está surcando entre melodías que dejan en claro la nueva dirección del grupo, luego de haber publicado sus B-Sides and Rarities (2017) como manera de cerrar una etapa. La psicodelia es ahora más explícita y el sonido más shoegaze. Esto es evidente en la utilización de guitarras que generan melodías ruidosas y distorsionadas. En “Lose your smile” se percibe la voz de Victoria Legrand difusa acompañada de una guitarra acústica en contraste con una guitarra eléctrica y distorsiones que recuerda a Mazzy Star. Al llegar a “Woo” toda la solemnidad construida se desarma para dar paso a una canción nostálgica que remite a Bloom (2012). Esta es otra prueba de que la introducción de la batería en el nuevo trabajo potencia el ritmo. “Girl of the Year” es un canción saturada con una batería constante y guitarras que comienzan a desvanecer para dar paso al último tema: “Last Ride”. Esta pieza carece de innovación pero es asertiva, y utiliza otra vez un sonido in crescendo que, sin llegar a niveles épicos, construye una canción de siete minutos (la más larga del álbum) que da fin al viaje espiritual propuesto por Beach House. Más allá de la numerología barata y divertida o del misticismo que le funciona al dúo a la hora de encender velas o incienso, el nuevo trabajo crea en su trayectoria un punto de inflexión. La experimentación es la nueva opción ante lo repetitivo y el adormecimiento. Distanciándose de lo previsible y trabajando un sonido más inmersivo, el nuevo disco y el misticismo de Beach House convencen. 

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