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El amor más allá del aire
Quiero decir te amo. Dirección:Juan Parodi. Texto: Mariano Tenconi Blanco. Intérpretes: Clara Miglioli y Jorgelina Balsa. Escenografía e iluminación: Merlina Molina Castaño y Mariano Tenconi Blanco. Música: Santiago Johnson. 
 
“El teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana”, dijo en una entrevista Federico García Lorca. Es cierto que no en cualquier sitio se encuentra un poema y, más difícil quizás, uno que a su vez logre traspasar las páginas. Sin embargo, a veces ocurre y un buen ejemplo de ello puede ser Quiero decir te amo: una obra escrita por Mariano Tenconi Blanco y dirigida por Juan Parodi. Con una simple puesta en escena, dos actrices que destacan –Clara Miglioli y Jorgelina Balsa– y una música excepcional, los realizadores se acercan, y mucho, a cristalizar esa idea del escritor español.
 
La apuesta de estos dos creadores argentinos es una obra epistolar. Cuenta sobre una joven que, luego de ver a un hombre en un accidente vial, se enamora apasionadamente. Sus sentimientos desbordantes la llevan a escribirle una gran cantidad de cartas. La ilusión y desesperación aumentan, porque las respuestas no llegan, hasta un día que encuentra la primera sin imaginar de quién era. Ellas, quienes no dicen sus nombres, jamás dialogan; son las cartas y diarios los que cuentan la historia que comienza un verano en Buenos Aires. Según el vestuario y los arreglos, durante los años ’50.  
 
A través de los relatos, Tenconi Blanco y Parodi parecen escribir, entre líneas, un ensayo en el que las protagonistas reflexionan sobre la vida, el amor y los mandatos sociales en esta parte del mundo. La transgresión y la provocación también están presentes a medida que se desarrolla la representación: la liberación de los cuerpos y, sobre todo, de los corazones, establece una posición firme que a varios parece incomodar. Y es que en muchos lugares donde se estrenó la obra, la gente se divierte, ríe, pero cuando toma noción de hacia dónde se dirige la historia, se empieza a notar un silencio diferente. En muchos otros casos, parecen irse con otra visión de las cosas.
 
El público se acomoda en las butacas frente a una obra sin telón que ya comenzó. Y es que, mientras los espectadores ingresan a la sala, la protagonista enamorada –a un costado de la escenografía– canta lo que aquel desconocido le hace sentir, como si se tratara de un prólogo performático de lo que está por venir. Otro elemento que también sorprende es la utilización del espacio fuera de escenario por parte de la otra protagonista: sale de escena hacia el público, dice unas líneas y vuelve a entrar. Tal vez, romper ese contrato con el espectador plantea la posibilidad de crear otro, uno más cerca de la visita, de la invitación a la casa de dos amigas que de la mera observación de un par de extrañas.
 
Hay momentos en que las palabras cobran una densidad distinta y hacen tangible la interioridad de las protagonistas. El amor no solo está en el aire, sino en sus voces, sus cuerpos y movimientos, sus lágrimas y rayones compulsivos sobre el piso y la pared cuando, por ejemplo, la mujer más joven entiende que hay algo que no puede tener o comprender. De este lado del escenario, también hay algo que se pone a flor de piel y despierta una necesidad de expresión íntima y personal.
 
El espacio y la escenografía minimalistas –dos pequeños muebles, un espejo y un piloto sobre un perchero– se combinan con una iluminación plena, siempre en comunión con el poético texto, dulce en su justa medida. Sin bien las cartas crean tiempos y espacios distintos, la yuxtaposición de los textos de ambas actrices crea un momento único que, con magistral interpretación, nos incita a cuestionar los postulados culturales de una sociedad siempre en transformación.
 

Además, la música de Luciana Jury –sobrina del gran Leonardo Favio– complementa un ambiente lleno de emociones que no deja de exponer lo más profundo de la condición humana y lo más básico de los placeres sensibles. Con su canción “En tu pelo”, se apagan las luces y se percibe el deseo de encontrar aquello que los personajes insinúan y no tanto. Tal vez se trata de querer decir “te amo” o, más aún, de escucharlo.

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