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El Spielberg que extrañábamos
Ready Player One. Estados Unidos, 2018. Dirección: Steven Spielberg. / Fotografía: Janusz Kamiński/Reparto: Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Mark Rylance/ Guión: Zak Penn y Ernest Cline basado en la novela Ready Player One de Ernest Cline.
 
En ésta última década las pantallas se plagaron de nostalgia ochentosa. En el 2010, Tron Legacy inauguró una seguidilla de productos audiovisuales que rememoran la cultura pop de aquella década: Super 8 (2011), It (2017), Blade Runner 2049 (2017), Cazafantasmas (2016) y Mad Max: Fury Road (2015) son algunos ejemplos de esta tendencia. En el mundo de las series, Netflix apostó a esa nostalgia con el capítulo “San Junipero” de Black Mirror (2016), la serie Glow (2017) y, la más conocida, Stranger Things (2016). Los ochenta están por todos lados, estamos saturados de disc-mans, “Walking on Sunshine” y niños con walkie-talkies jugando al Dungeons & Dragons. En este contexto Ready Player One llega como la frutilla del postre, el cúmulo de la nostalgia. ¿Quién más para rendirle culto a la cultura pop de los’80 que uno de los directores que la moldeó? Spielberg homenajea a Spielberg en esta aventura emocionante.
 
La historia se sitúa en el año 2045 en un mundo en el que la desigualdad social aumentó exponencialmente, por lo que todos escapan de la miseria en el Oasis, un juego de realidad virtual en el quericos y pobres interactúan. En él, las personas pueden ser quienes quieren ser y liberarse de las limitaciones que la realidad les impone. Por lo menos, ese es el caso de Wade, el protagonista, un joven fanático del juego y muy pobre, quien está determinado a salvar el Oasis de la amenaza de sucumbir en las malvadas y corporativas manos de Nolan Sorrento, el villano. Es que James Halliday (brillante Mark Rylance), el creador del juego, murió cinco años antes, en 2040, y dejó tres easter eggs (un objeto oculto o disimulado dispuesto en forma de chiste interno, guiño o recompensa para los espectadores más atentos), cada uno con un desafío, escondidos en la inmensidad del Oasis. Quien pueda encontrarlos y superar los desafíos se convertirá en el nuevo dueño de la compañía. Bajo esa consigna, millones de jugadores comenzaron la búsqueda del tesoro de Halliday. Sin embargo, cinco años más tarde, nadie pudo aún superar los retos del juego. El protagonista emprende una aventura peligrosa para resolver los desafíos mientras hurga minuciosamente en las memorias del creador en busca de pistas que lo lleven hacia los huevos de pascuas. Mientras tanto, no se da cuenta de que está poniendo en riesgo no solo su vida virtual sino también la real.
 
Como los protagonistas en la historia, el espectador comienza su propia búsqueda de “huevos”, un juego de encontrar las referencias a la cultura pop del film: Atari, Volver al futuro, Akira, Star Wars, Alien, el film está atestado de ellas. En  la web pueden encontrarse decenas de páginas que sirven de “guías” de todas las referencias en la película, que en algunos casos llegan a más de 120. Esto lleva al espectador a tener una mirada más atenta para captarun mayor número de citas que el director dispuso de manera minuciosa.
 
Ready Player One marca el regreso del director a la ciencia ficción luego de más de diez años. Spielberg retorna al género para hacer un verdadero tanque taquillero, arte del que es maestro indiscutido. Sin embargo, este blockbuster tiene como punto débil el guion. Éste cae en lugares comunes y resuelve de manera superficial los planteos más interesantes de la trama.Los personajes están delineados de manera arquetípica y chata, sin matices, incluso Halliday, aunque es el mejor escrito y el más logrado en pantalla. La historia de amor del protagonista, un poco forzada, no consigue sino aportar otro cliché, el del héroe que vence al villano y se queda con la chica. Pero, quizás, lo menos convincente de la historia, es la falsa disyunción entre el bien y el mal del capitalismo. Al capitalismo “malo” de Sorrento le responde con el capitalismo “bueno” de Halliday.
 
Más allá de los problemas de guión, el film funciona porque está bien realizado, es dinámico. El director sabe regular las velocidades y momentos de tensión, así como las transiciones entre el mundo real y el virtual. El humor es genuino, las batallas son épicas y la forma de realidad virtual abre la posibilidad de crear un mundo de imágenes espectaculares. Una larguísima lista de créditos al final muestra los nombres de los profesionales que contribuyeron a realizar este verdadero despliegue técnico de sonido, imagen, edición y efectos especiales que acompañan a un relato redondo, entretenido y emocionante.
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