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Ye, más que nunca
 
Ye (2018). Kanye West. / G.O.O.D. Music, Def Jam / hip-hop, pop, rap, hip-hop experimental  /Productores: Apex Martin, Benny Blanco, Che Pope, Francis and the Lights, Kanye West & Mike Dean /23 min.
 
Cada lanzamiento de un nuevo disco de Kanye West es un hito en la cultura pop estadounidense. Tal vez no tan conocido localmente, el rapero de Chicago es considerado uno de los artistas más influyentes del hip-hop de los últimos años. Se ganó el respeto de sus colegas como artista de hip-hop y productor gracias a su sonido fresco e innovador, a la vez que ganó fama por su excéntrica personalidad pública. Tan artista como celebridad, el esposo de Kim Kardashian no es extraño a los tabloides ni agenerar controversia. No necesitó esforzarse mucho para ganarse la reputación de “asshole”.
 
Pero Kanye es Kanye y siempre su música fue lo suficientemente buena como para olvidarnos de su vida personal. En abril 2018, West comenzó una serie de provocaciones: publicó una foto mostrando su apoyo a Trump y exclamó que “la esclavitud le sonaba a que fue una elección” en una entrevista ‒su público sintió que había ido demasiado lejos. Fuese esa su postura política real o no, el gesto fue considerado un recurso bajo y facilista de publicidad previa al disco. Si hay algo que puede reflexionarse sobre lo sucedido, es que si el rapero decidió “cruzar la línea” con sus dichos republicanos, fue porque entonces tenía la certeza de poder grabar un disco incuestionable. ¿Tenía razón?
 
Según el mismo Kanye, después de su public meltdown en abril, descartó el álbum que tenía, se fue a un rancho en Wyoming y produjo un disco de cero en un mes. Ye (título en referencia al apodo del artista) es difícil de describir. Por un lado, se aprecia el disco más honesto e íntimo de West, en el que se muestra como un hombre partido al medio entre su amor a su familia y sus pensamientos oscuros. A veces avergonzado, el artista deja vislumbrar el estado de su salud mental en un disco que puede pasar de la euforia a la depresión en segundos. Por otro lado, encontramos que Kanye no tiene nada inteligente para decir. El artista no logra ser profundoo memorable; en el mejor de los casos, sus letras son problemáticas. Por ejemplo, en “Wouldn’t Leave el rapero hace una oda a las mujeres que no dejan a sus esposos. Podría pensarse que hay una intención romántica si no fuese porque está glorificando esa lealtad a hombres abusivos y autodestructivos. En “Violent Crimes”, título inesperado para una canción sobre su hija de cuatro años, el músico trata el ya viejo y gastado tema de “tuve una hija y me di cuenta que las mujeres son personas”. “Yikes” incluye los versos “Russell Simmons quiere rezar por mí también / Yo voy a rezar por él porque lo marcaron en el #YoTambién / Pienso que pasaría si eso me pasara a mí también / Entonces aparecería en E! News”. En estas líneas, Ye hace referencia a Russell Simmons que fue acusado de abuso en la campaña #MeToo, y reflexión al respecto es que, si a él lo acusaran, entonces aparecería en E! News, un programa de noticias de celebridades. “Nada de verdades a medias, solo mentes al desnudo” dice en “Ghost Town”. Este disco se siente como la mente al desnudo de Kanye y ésta decepciona por su superficialidad.
 
Con más aciertos que fallas, la música y las colaboraciones sostienen este disco que parece tener sus puntos más débiles cuando el artista rapea. Pero no todo está perdido para el rapero de Chicago, por momentos sus letras brillan, como en el track apertura del disco “I Thought About Killing You” en el cual reza “Pensé en matarte hoy / asesinato premeditado / pienso en matarme también / y me amo mucho más de lo que te amo a vos”, confesando desde un lugar de profunda vergüenza. “Los pensamientos más bellos siempre están al lado de los más oscuros”. La canción comienza con una voz distorsionada en loop que dice “I know” como base para el verso del rapero, que lo graba como voz hablada. A la mitad el track cambia abruptamente, irrumpe un ritmo y West comienza a rapear. A pesar de la gran diferencia entre las dos mitades de la canción, la transición está bien lograda y el tema es una perfecta apertura del disco.
 
“Yikes” muestra al artista confesando que su abuso de drogas lo llevó a lugares oscuros y que necesita ayuda para combatir sus adicciones y bipolaridad. La base instrumental es una percusión en loop, minimalista comparada con el sonido esperado de Ye, pero ideal para que el rapero despliegue sus versos con el flow más al estilo de Kanye hasta el momento. Existe una contracción entre lo positivo del sonido y lo oscuro de la letra en el tema que trata más abiertamente su enfermedad mental. El tercer track del disco, “All Mine”, es el corte más comercial del mismo y también el más débil. Un ritmo sintético, posiblemente escuchado en otras cien canciones de hip-hop y un coro irritante tanto por su letra como por su cadencia son la base sobre la cual el artista rapea sobre las mujeres con las que querría acostarse y demás. Este tema cierra la mitad del disco que muestra su lado más de douchebag, como él mismo se ha denominado en otras ocasiones.
 
De forma opuesta, la otra mitad del álbum muestra un lado lleno de soul, Groove y emoción. “Wouldn’t Leave” es una balada que, de forma muy sencilla, combina percusión, piano y coro. El resultado es una melodía casi de góspel en la que el rapero se sumerge para agradecerle a su esposa por quedarse a su lado incluso cuando sus locuras lo llevaron al borde del abismo.Uno de los favoritos de los fans, el track “No Mistakes” trae el sonido a lo vieja escuela que lo hizo famoso en su debut. El estribillo repite en loop “Make no mistake girl, I still love you” cantado por Charlie Wilson y, un viejo colaborador de West, Kid Cudi. Ligero y alegre, el único problema es que este track es muy corto, con apenas dos minutos de duración. Inmediatamente después, el otro gran favorito porel sonido nostálgico y positivo característico de Ye es “Ghost Town”. Comienza con un sampleo de Shirley Ann Lee, la instrumentación evoluciona, a la batería se le suma un órgano, luego un solo de guitarra y, más adelante, una base de bajo. El sexto tema parece ser el mejor producido y el más terminado. Si bien el verso de West es uno de los mejores del disco, la atención se la lleva 070 Shake. La joven cantante hace que los últimos dos minutos de la canción sean de lo más memorable de los veintitrés minutos totales de Ye.
 
El cierre del disco, “Violent Crimes” se compone por el sonido de  un órgano y la voz de 070 Shake que generan un clima espiritual, un momento de desesperación. Una canción bella y sencilla en la que West vierte sus sentimientos sobre ser padre. Sin embargo, la letra deja entrever una postura machista y posesiva sobre su hija, que en vez de emocionar al oyente más bien lo incomoda.
 
En resumidas cuentas, la bipolaridad entre ambas partes del disco refleja la complejidad de retratar una persona. West, en este caso, no es ni una cosa ni la otra, es ambas. Su subjetividad se constituye en esa contradicción que convive dentro de sí. Ye se equivoca, se confiesa, se asusta a sí mismo y reflexiona sobre su rol de hombre de familia en el disco más humano que ha editado hasta el momento. No obstante, lo humano es imperfecto. El hallazgo del artista es haber hecho algo orgánico y honesto. Es un disco que respira, inhala y exhala. Incluso, es un disco que permite el desacuerdo, de Kanye consigo mismo y de los oyentes con Kanye. Ye es un disco sobre la urgencia de decir algo para no volverse loco. Volvemos al problema inicial. ¿Se puede separar la música del artista o se debe dejar de consumir lo producido por un artista porque no estamos de acuerdo con sus ideas? Tal vez los fans estaban más cerca de la segunda opción hace unos días; ahora la elección es más difícil. 
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