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Parodia Groovy
Ash vs. Evil Dead (2015-2018). Creada por Sam Raimi, Ivan Raimi y Tom Spezialy. Producida por Renaissance Pictures y Starz Originals. Con Bruce Campbell, Lucy Lawless, Dana Delorenzo, Ray Santiago, Jill Marie Jones.
 
Toda parodia, como intertexto que dialoga con otras obras, manifiesta una marcada conciencia sobre el género o estilo al cual apunta como a un blanco, ya sea en tono de burla o de homenaje. Con respecto al cine de terror, algunas parodias, efectivamente, ridiculizan sus convenciones manteniendo una relación destructiva con el género. Tal es el caso de las infames sagasde los hermanos Wayans y su inacabable chabacanería que las transforma en comedia simple y llana: las Scary Movie (2000-2013) o las parodias de Paranormal Activity (Oren Peli, 2007). En otros casos, la parodia aparece como homenaje y, a la vez, como continuación del género, no obstante la intrusión del humor; este es el caso de The Evil Dead (Sam Raimi, 1981, 1987 y 1992), convertida en saga de culto desde la década del 80 y con un pasaje relativamente exitoso al formato serie en la actualidad con Ash Vs. Evil Dead.
Ash… es una digna continuación de la trilogía iniciada por Sam Raimi, Rob Tapert y Bruce Campbell en 1981y no escatima en el gore, la comedia física y el humor negro y escatológico que caracterizaba a sus antecesoras. La violencia sigue haciendo de las suyas con secuencias tan extravagantes que llevan al espectador, con facilidad, del asco a la risa y viceversa. Si a la saga le quedaba algún fluido corporal por explorar, ya colmó este vacío con la divertida batalla de Ash (Bruce Campbell), en un banco de esperma, contra una enfermera poseída y la modelo de una revista pornográfica al ritmo de “Take on Me” (A-ha, 1985); si quedaba pendiente alguna forma extrema de profanar un cadáver, el bebé-demonio que se zambulle en el recto de una robusta escandinava decapitada, para luego asomarse por su cuello y manejarla como a un robot, pone la vara muy alta.
La serie, por otro lado, se queda corta en brindar una historia y unos personajes más complejos e interesantes. El defecto de Evil Dead ha sido, desde siempre, una falta de rigurosidad en las reglas que componen su universo diegético, esto producto de un guión que se construye sobre la marcha. En consecuencia, ni la trilogía original ni la serie resisten un análisis de continuidad: si la primera temporada de la serie parece tomar como punto de origen la segunda entrega de la saga, es decir, el reboot de 1987 que marca un nuevo comienzo para el canon y que establece las características definitivas del protagonista (especialmente desde ese legendario tour de force de Bruce Campbell luchando contra su propia mano poseída, para luego amputarla), en la segunda temporada reaparece un personaje de la película de 1981, Cheryl, hermana de Ash y, seguramente, la primera y única víctima de violación por parte de un árbol en la historia del cine. No obstante esta debilidad, si la serie ha acertado en algo, ha sido en profundizar en la estilización del horror y en esa permanente conciencia de su mal gusto y de su escritura perezosa.
En Ash… abundan los chistes fáciles, algunos de ellos cargados de incorrección política; el blanco principal: un sidekick hondureño (Ray Santiago) con poderes chamánicos que termina vendiendo tacos mexicanos en la fachada de la ferretería de Ash. Para rematar, responde al nombre de Pablo Simón Bolivar (así, con el acento mal puesto), convirtiéndose en un pastiche cultural de lo latino que desconoce cualquier diferencia histórica, política y geográfica entre Centro y Sudamérica. Podría pensarse que la creciente sensibilidad sobre los derechos de las minorías ha arruinado la posibilidad de construir humor a partir de lo políticamente incorrecto. Realmente, lo que no se perdona es no hacerlo de manera consciente y, para ello, la televisión contemporánea ha recurrido a desadaptados sociales entrañables quienes, en su intolerancia, son a la vez blanco de burla: es el caso del misántropo protagonista de House M.D. (David Shore, 2004-2012) y los constantes chistes racistas a su colega Foreman; es el insoportable (y probablemente víctima de ese sesgo cognitivo poco conocido de Donin-Kruger) David Brent de The Office (Ricky Gervais,2001-2003) y sus prejuicios hacia los inmigrantes; es el ingenuo reportero kazajo Borat quien, antes de su exitoso pasaje al cine, hizo sus primeros reportajes en Da Ali G Show (Sacha Baron Cohen, 2000-2004) exhibiéndose como un ser abiertamente racista, homófobo, misógino y antisemita. A este selecto grupo de antimodelos se suma el machista, simplón, flojo, inmaduro y un poco chovinista, Ash Williams. Y no debe ser casual, en esa autoconsciencia que caracteriza a la serie, que una de sus primeras aventuras sea, justamente, contra un grupo de hombres blancos de escasa educación, fanáticos de las armas y odiosos con los inmigrantes, aquellos que en USA llaman despectivamente hicks o rednecks.
La incorrección política o la falta de sensibilidad aparecen entonces ridiculizadas en este humor autoconsciente para el que la parodia se muestra como un receptáculo ideal: House M.D. parodia, no sólo a las series médicas, sino a la serie policial, tanto en los rasgos detectivescos del protagonista como en una estructura que, desde el teaser, abre el juego a través del enigma; The Office es una clara subversión del formato de telerrealidad que experimentó un boom en la década del 90; los sketches de Borat son una sátira de doble filo, no sólo hacia el imaginario occidental de un Otro barbárico, sino también hacia la sobriedad del documental y de la crónica periodística. Ash…, fiel al legado de la trilogía original, continúa siendo una parodia de distintas variantes del género de terror: el cine de zombies, las películas de posesión, las sagas de slasher, pero también del slapstick comedy, con muchos de sus gags inspirados en el trío cómico americano de Los tres chiflados.
Después de una tercera temporada que, luego de un baile escolar que sale de la nada misma (síntoma de esa escritura perezosa), se convirtió en un descaradísimo rip-off del mundo sobrenatural construido por la exitosa Stranger Things (Matt y Ross Duffer,2016- ), la cancelación de la cuarta temporada de la serie ha caído como baldazo de agua fría para una legión de fanáticos que ya rondan o sobrepasan los 40 y que, desde la época del VHS, ha contribuido a construir el mito alrededor de la saga creada por Raimi, Tapert y Campbell. Los últimos minutos de la serie son el teaser de lo que pudo haber sido una temporada más: Ash subiendo a su mítico auto Delta 88, completamente tuneado en una onda muy Mad Max (George Miller, 1979), y compartiendo escena con una exótica cíborg en un futuro postapocalíptico. Con seguridad, una parodia de la ciencia ficción cyberpunk que hubiera hecho exclamar a más de un fan esa famosa expresión que se convirtió en marca del personaje interpretado por Campbell: ¡Groovy!
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