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Oportuno momento para lo Invisible.
Invisible. Dirección Pablo Georgelli. Guión de Pablo Giorgelli y María Gargarella, Con Mora Arenillas, Mara Bestelli y Diego Cremonesi. Argentina, 87minutos.
 
A pocas semanas de suscitarse en nuestro país el intenso debate por el proyecto de ley acerca de la despenalización del aborto, es imposible no hacer mención de la última producción de Pablo Giorgelli, recientemente estrenada y ya disponible en plataformas como Netflix o Cuevana.
En efecto, la trama ronda las vicisitudes que enfrenta una adolescente que ha tomado la decisión de abortar en Argentina. Eli vive con su madre enferma o deprimida. No hay un padre a la vista. Tiene una única amiga. Luego de la escuela trabaja en una veterinaria, y mantiene una relación secreta y desabrida con el hijo del dueño, que le lleva bastantes años. Si bien este sería  el hilo argumental de la película, afirmar que fuera su tema principal posiblemente sea un error.
El film de Giorgelli evoca un clima híper naturalista, con largas escenas silenciosas donde vemos a la protagonista, generalmente sola y sumida en sus pensamientos. El director construye el relato a partir de extensos planos donde no sucederá otra cosa que aquello que sucede. De iluminación fría y monocorde paleta de colores, propiciando a la vez destemple y subyugante cercanía mediante sus encuadres, de a poco nos irá sumergiendo en el universo de Eli hasta constituirnos en testigos silenciosos.
De algún modo el espectador es puesto en una subjetiva a tiempo real con el pensamiento y la toma de decisiones que atraviesa la heroína, pero manteniendo siempre la distancia, como si se intentase señalar a cada instante, que la lógica adolescente nunca dejará de ser un misterio. Por su parte Eli no es especialmente bonita, ni simpática, ni da muestras de una particular inteligencia. Apenas una persona más, es la antítesis de  aquellos personajes que en algún momento revelarán su ser especial en ese cine que ostenta grandes historias.
Podría decirse que lo que se pone en primer plano es la crudeza de la soledad, profundizada por la incertidumbre propia de la adolescencia. La apuesta del director no parece ser una argumentación a favor o en contra del aborto, sino más bien la de llevar al espectador a experimentar el miedo y la ausencia de compasión –en el sentido de padecer con- lo que en suma vendría siendo sentirse invisible.
La actuación de Mora Arenillas es creíble, aunque se debilita en la única escena que le exige una interpretación comprometida, cuando su personaje confronta con su madre. Para hablar de sus cualidades como actriz, habrá que esperar a verla en futuras producciones, lo cierto es que su desempeño está bien sostenido por el trabajo de planos y secuencias del director y en todo caso, de un registro de actuación naturalista entendida como ser en acción, más que actuar situaciones, y en ese sentido, la película funciona con unidad y coherencia.
Invisible  vio la luz el año pasado en el Festival de Venecia y viajó por varios otros antes de estrenarse en Marzo pasado en nuestra ciudad. Si bien su llegada parece más casual que oportunista, el contexto de su aparición no pudo ser más propicio, tanto para la película, como para polemizar el debate coyuntural. Invisible no es una película para los amantes de las tramas plagadas de giros e intrigas y de actores consagrados, pero será bien recibida por aquellos espectadores que disfrutan del simple drama cotidiano y la exquisita sutileza que tienen algunos directores argentinos a la hora de narrar.
 


 

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