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Hablar de cine para hablar de uno mismo: análisis de las críticas de Isla de perros, de Wes Anderson
 
En las críticas sobre el último largometraje del director norteamericano Wes Anderson, publicadas durante el 23 de mayo de 2018 por el diario Clarín, el portal Alta Peli y la página web del programa radial Malditos Nerds (Vorterix) emerge una temática en común: la experiencia del crítico respecto a la obra del director. Bajo esta premisa, se articulan sus estrategias argumentativas.
En la crítica de Pablo O. Scholz, publicada en el diario Clarín (Crítica de “Isla de perros”: Festival de canes), al gusto del crítico se le suma la recurrencia a clichés para desandar la temática de la película que, según sus palabras, “habla del basural en el que vivimos hoy los humanos” y “de las relaciones humanas”.
Sin embargo, el problema no radica en la apelación a lugares comunes, ni en la falta de lenguaje técnico; cabe decir que lo único que se anima a mencionar es que no se trata de “una película de animación para los más chicos (…) No tiene nada que ver con Coco”, una comparación muy poco feliz para aquelles que conocen, aunque sea de oído, la obra de Wes Anderson.
Tampoco el problema mayor es que el periodista decidió llenar el típico molde de la crítica cinematográfica de Clarín, en el que parece condición necesaria linkear la película difundida con otras obras del director, sino que la incomodidad aparece tras una densa seguidilla de preguntas retóricas y apelaciones directas al lector tales como: “¿Es una película tragicómica? “Sí”/ “a partir, sí, de las relaciones caninas”/ “Es cierto: el estilo Anderson es muy similar al que utiliza en sus largometrajes con actores “… que cristalizan el tipo de consumidor de cine construido en su texto: un inexperto alejado de “la causa Anderson”.
En esta configuración de su lector modelo, el crítico evidencia su vínculo con la obra del cineasta, camuflada a través de sugerencias, aclaraciones y advertencias, más que evidente en su última línea: “No se arrepentirán si quieren ver algo distinto, original y jugado”.
Por su parte, la critica firmada por Sol Videla para Alta Peli (Rewiw: Isla de perros), hace visible, de modo más honesto, su posición respecto a la obra andersoneana a través de adjetivaciones como sobresaliente, experto, prodigioso, (una película) sofisticada y ambiciosa, grandiosa.
También utiliza, claro, otras estrategias como la apelación a un nosotros inclusivo con el fin no sólo de mirar a los ojos a su lector, sino también, incluirlo dentro de su fascinación por la obra del cineasta, muy bien defendida a lo largo de la crítica.
Otra estrategia día sido dividir su texto en tres partes. La primera vinculada con la difusión más “tradicional” en donde describe el género, la trama y la técnica de la película, pero también cita declaraciones del director de arte.
La segunda parte, titulada con un refrán modificado para la ocasión, “Perro que habla no muerde”, se ocupa del sonido: de los actores hollywoodenses que dieron voz a los protagonistas de la película y de la banda sonora. Siempre vinculando este último trabajo con obras anteriores de Wes Anderson.
El tercer y último subtítulo, “Conclusión”, resulta muy interesante ya que realiza un resumen de Isla de Perros al mejor estilo crítica televisiva; una enumeración rápida, concisa, que resalta las virtudes de la película y la recomienda.
Si bien la periodista no utiliza un lenguaje técnico, despliega su conocimiento de la carrera del director y vincula, de forma pertinente, aspectos de este nuevo filme con otros anteriores: “segunda incursión en el stop motion luego deFantastic Mr. Fox, sin contar las veces que utilizó esta técnica para evitar los efectos especiales mediante computadora (como en la persecución en esquíes en El gran hotel Budapest)”. A su vez, define al estilo del director de un modo literario, así esta película se trata de “un cuento más de Anderson”. En este sentido, el destinatario no es subestimado, se le ofrece un análisis temático de la obra y estructural que brinda ciertas guiños: “Anderson desnuda el artificio, ya que la misma arranca con un  prólogo (…) para luego dividirse en capítulos, además de que cada flashback será anunciado” para incentivar el consumo de la película.
Finalmente, Jessica Blady en Marlditos Nerds (Análisis: Isla de perros (2018)) deja aún más explícita su posición sobre la obra de Wes Anderson:
“El mundo se divide (¿?) entre aquellos que aman los “universos” creados por Wes Anderson y los que no. Para muchos, un realizador con un estilo único, para el resto, un hipster que se repite a sí mismo. Acá estamos del lado del bien (…) ¿Cómo no amar a cada uno de sus personajes y esas historias que, a pesar de parecer un tanto ficticias, logran conectar con los sentimientos más reales?”
 
Con ese primer párrafo lo ha dicho todo (ya en la bajada interpelaba al lector respecto de “esta genialidad”). El cuerpo de la nota será entonces la defensa de esta afirmación.
A través de un tono cómico, coloquial y, nuevamente, un nosotros inclusivo, la periodista establece una relación simétrica con su lector, evidenciada en sustantivos como “amigazo”, “bichitos”, “perritos”, “pequeñines”, “muñequitos”, que refuerzan ese tono coloquial propio del lenguaje radial de medios como Vorterix, Metro, Rock and Pop y la casi desaparecida Blue.
Construido este escenario “amiguero” entre crítica y lector, no se utiliza un lenguaje técnico ni especializado, más bien se detiene en la descripción de la trama --y abusa-- que entremezcla con algunas referencias a la cultura japonesa y al universo del cineasta, siempre en tono jocoso y emotivo. No le interesa ostentar conocimientos de cine, simplemente, conocido el director, recomienda --y mucho-- su última película. 
Blady envía a Isla de perros “derechito al top 10 de lo mejor del año” y se mofa de la objetividad periodística. Pues bien, alguien reconoce que en las críticas de cine lo primero que se pone es la experiencia personal y el corazón. Tal como califica Malditos Nerds: 5 corazones para Wes Anderson.


 

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