Búsqueda
críticas
Boleto de ida y vuelta

Tarsila viajera, de Tarsila Do Amaral. Curaduría de Teixeira de Barros. En el Museo de arte latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). Figueroa Alcorta 3415. Del 28 de marzo al 2 de junio de 2008.

 
“Antes de que los portugueses descubrieran al Brasil, Brasil había descubierto la felicidad.”
Oswald De Andrade


Lo que la curadora Teixeira de Barros plantea en esta muestra no es ningún secreto. Ya desde el título -Tarsila viajera- nos introduce a un posible recorrido de su obra que, en este caso, va a estar ligado directamente a los diferentes paseos de la pintora por el mundo y la influencia que cada uno tuvo sobre ella. Cada serie de obras está separada por un texto en la pared de la galería que nos informa acerca del viaje inmediatamente precedente a la serie que sigue para poder apreciar los cambios en su trabajo.

Resultado de los estudios iniciativos de Tarsila con los pintores Pedro Alexandrino y George Elpons en San Pablo son las obras con las que nos topamos al inicio del camino: algunos paisajes con dejos impresionistas. Del primero de estos artistas toma la costumbre de llevar siempre consigo un cuaderno en el cual irá plasmando en forma de dibujo las distintas experiencias de su itinerario. El primer viaje a París le aporta conocimientos bastante tradicionales de la mano de Emile Renard. Pero es al retornar de allí cuando su estilo comienza a establecerse. En contacto con los intelectuales que habían participado de la Semana del arte moderno en 1922 en San Pablo, los nuevos lenguajes llaman su atención y van a guiar su investigación plástica futura, junto con la búsqueda de una mirada innovadora sobre la identidad nacional. A partir de este encuentro, con un grupo de trabajos que será conocido como Pau-Brasil, su país se convierte en un tema recurrente en sus pinturas. Mostrando tanto las características de su naturaleza: los colores saturados verdes, azules, amarillos que observamos en Morro da favela y la exuberancia tropical que notamos en el tamaño de las hojas y los frutos de los árboles de Tarjeta postal; o el avance de la urbanidad con la incorporación de autos, surtidores de gasolina, etc., en São Paulo (Gazo).
 
Intercaladas en el recorrido de los cuadros encontramos en paredes de un color azul eléctrico hojas del cuaderno de apuntes de Tarsila con dibujos en tinta o en lápiz de paisajes de su itinerario con marcas que luego podremos observar en sus pinturas.

Un interesante período comienza en 1928 con una serie de obras en las que encontramos elementos surrealistas que nos hacen entrar en el mundo mágico y onírico de Tarsila. Este es el año en que pinta su famosa Abaporu (“hombre que come al hombre” en tupi-guaraní) que inspira la redacción del Manifiesto antropófago por Oswald de Andrade, un texto importantísimo para la vanguardia brasilera del siglo XX. Regina Teixeira ubica este cuadro junto con otros dos: Antropofagia (1929) y A negra (1923) y no por casualidad ocupan el centro de la galería apartadas del resto de los cuadros. Este trío representa el momento más elevado del modernismo en Brasil, así como también el de la artista. Figuras con pies y senos gigantes, signos de fertilidad, abundancia y contacto con la tierra, con lo autóctono; soles cítricos, cactus enormes.

Finalmente, la curadora nos habla de un viaje por la Unión Soviética en 1929 que origina en Tarsila una serie de pinturas con motivos sociales incorporadas, seguramente, por la diferencia que presentan en relación a toda la producción anterior. En Operarios y Segunda classe observamos un cambio estético: la naturaleza desaparece de la tela, los tonos se vuelven grises y encontramos un gran detalle en los rostros y actitudes de las personas.

Nombre
Email
Comentario