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Críticas en controversias
Animal (2018) de Armando Bó, es el cuarto film que dirige el nieto del homónimo director de, El trueno entre las hojas (1957), La leona (1964), La mujer de mi padre (1968). 


 

Animal hace que el espectador se sienta incómodo, con el film, consigo mismo. Las críticas en las que se basa el artículo, Nada peor que un burgués asustado de Gaspar Zimerman, (23/05/2018, Clarín), El guión del descenso a los infiernos de Horacio Bernades (25/05/2018, Página12) y Animal, por Ignacio Izaguirre (7/06/2018, Hacerse la crítica), la describen desde desagradable, sufrida hasta como si fuese un descenso a los infiernos. La comparan con Alejandro Iñárritu, director de Birdman (2014), Biutiful (2010), y compañero en ambas películas del joven guionista Armando Bó. Buscando expresar el mismo sentido (intencionado o no) que Iñárritu, el símil que estas reseñas observan, posee una relación lógica con la narrativa de esta dramática historia de penumbras y atrocidades. Estas críticas llegan a desligar un concepto que es intrínseco en la estructura narrativa de este thriller desesperante. Como si no se expresara el drama sin tristeza o la oscuridad sin unas imágenes a medio ver.
 
Comenzar por la reseña de Zimerman, es interesante ya que posee una estructura bastante simple de descripción cronológica de la película y análisis los personajes, se queda en la superficie de la significación que Armando Bo muestra en el filme. Tras una introducción poco elocuente en la búsqueda de parecidos con Relatos Salvajes y El Secreto de sus ojos lleva la crítica a partir de su estructura dramática, cuestionando cada duda de cada personaje del argumento sin hacer mención a la parte estética, sonora o la actuación de los personajes. Simples menciones que llegan hasta el final de la película sin decir nada. De hecho, hasta la mitad de la descripción de la sinopsis no menciona el nombre del personaje sino del actor, Guillermo Francella. Como si de una película de títulos se tratase. 
 
En cambio, lo escrito por Horacio Bernades es una reseña crítica más completa, más profunda en lo que al film corresponde. Una película no son simples personajes encontrados en cualquier escenario que tienen algo que decir, son colores, son momentos, son silencios. Si el autor es bueno, todo estará pensado, calculado y desarrollado para una comprensión, para comunicar. Si no, será para entretener, o faltarán datos para su comprensión. En este caso, Armando Bo consigue ese ambiente de comunicación en el que hay información como si hablara directamente con el espectador. Horacio Bernades lo entiende así, aunque comienza describiendola cómo “el guión del descenso a los infiernos”, completa más el análisis que su compañero Zimerman hablando en cada párrafo de un aspecto importante. Bernades llega a explicar plano por plano el comienzo de este filme para entrar en calor. Desde sus palabras expresa un contacto con la película, los que la vieron entenderán perfectamente que se siente tras esas imágenes, los que no, querrán sentirlo. Sin maldad, la compara con Biutiful, Fargo, y El último Elvis, quitándole personalidad, haciendo un guiño a los grandes hermanos Cohen o al mismo Iñárritu. 
 
En el medio Hacerse la crítica, Ignacio Izaguirre escribe una reseña que comienza y termina en la catarsis de sentimientos encontrados y reflexiones angustiosas. Llega a parecer demasiado personal, habrá lectores críticos que se sentirán identificados con este análisis y habrá quienes puedan encontrar las palabras de Izaguirre como puñales constantes a Animal. Comienza su desmembramiento por el guión desde una estructura, según él, basada en estereotipos que desarrollan una historia simplona. Sin matices. Aunque pareciera que el que se queda sin matices es él mismo, ya que de principio a fin es un reproche a Francella, en este personaje tan fuera de Francella. Sin odio, aunque con resquemor, se observa una crítica escasa con un análisis de la historia interesante pero insuficiente para lo que podría haber sido si no olvidase lo que envuelve a la película y dejase de lado el clásico guión que expone.
 
Finalmente, se puede ver tras la lectura de las críticas contemporáneas al estreno de Animal que es un thriller estremecedor, con fallos, desencuentros y tal vez demasiado dramatismo. En todas las reseñas encontramos el símil innecesario con Iñárritu, el cual parece una bajada de línea para el propio nieto de Armando Bó. Se limitan a compararla con otras películas del género o que están relacionadas con el director, pareciera que no llegan a comprender la película o a su vez, ellos no se entienden. Estas críticas se ven en la búsqueda de una identificación con los personajes o la historia, que con Animal no llega a suceder, porque a veces es vacía, no profundiza o se basa en la estética lúgubre que deja resquicios de una intención no muy clara por parte del director. Tiene una impronta personal, de Armando Bó y del género con el que juega, y eso parece confundir.
 


 

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