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Regocijo de humanidad
El repostero de Berlín. Título original: The cakemaker ( Israel-Alemania 2018), Director y Guionista: Ofir Raul Graizer, Actores: Sarah Adler, Zohar Shtrausser, Tim Kalkhof, Duración: 101m. , Drama


 

El repostero de Berlin (2018), se basa en una historia real, sencilla, y casi sin interés, un ingeniero que lleva una doble vida y ante un hecho trágico todo se descubre. La riqueza de ésta película es que partiendo de la simplicidad temática, todo lo que  se plantea a su alrededor es intenso, inteligente y amoroso.
En un café  en Berlin, pequeño,  coqueto y con deliciosa repostería,  se inicia un vínculo amoroso. La relación guarda un secreto, que lo comparte con el espectador y lo convierte en cómplice en todo el desarrollo de la trama. Saber de antemano el núcleo de la historia permite gozar sin interferencias de todo lo que el film propone.
En Jerusalem, otro café, Kossher, si bien su dueña no es religiosa, lo mantiene con los controles rabínicos correspondientes, ella y su hijo forman parte del secreto.
La elección de estas dos ciudades una alemana e israelí la otra, potencia todos los postulados del drama. La desconfianza hacia lo alemán por gran parte de la colectividad judía. El holocausto sigue presente, especialmente entre los religiosos ortodoxos. Al  joven alemán este tema le es ajeno e indiferente. Ser goy (gentil), es otro elemento de desconfianza. La religiosidad, contiene a sus practicantes, quesin cuestionamientos, aceptan su vida bajo los preceptos del Talmud y el Rabinato. Deja entrever un problema existente y casi insoluble en el Israel moderno. El tratamiento de la homosexualidad es otro problema planteado,  no es bueno que el hombre esté solo, sin familia, ese es un mandato social, casarse y tener hijos, que hay que cumplir, acepta uno de sus protagonistas .
Aparece otro componente inesperado, la celebración de un placer culinario. Sutil forma de dar a conocer la idiosincrasia de los personajes. La comida constituye el elemento que une y entrelaza a todos. El placer por la repostería del joven alemán, heredado de su abuela, el enamoramiento de la dueña del bar que ver al visitante cocinar la erotiza, la importancia de demostrar solidaridad cuando uno de los personajes, observa la soledad del joven y le alcanza a su departamento una vianda de comida típica judía.
 Abundan largos primeros planos y silencios prolongados, evitando el tedio visual mecha estos recursos con un recorrido por Jerusalem, el ajetreo permanente del mercado, la elección de la fruta y la verdura y, con el sonido de fondo, llamando a shabbat.
Todo lo mencionado resulta marginal sin el análisis de  los personajes de ésta historia, se ven tristes, con su duelo a cuestas. Los primeros planos, casi teatrales,  permiten que se sienta la respiración,  que se vean las lágrimas que dan cuenta de ese dolor que significa la pérdida de un ser amado. Miradas, que dicen más que mil palabras. Esta lentitud casi en tiempo real consiente en compartir su desconsuelo. El pesar se mitiga, van comprendiendo, perdonan y apuestan a la vida. En su primer largo metraje, Graizer elige actores impecables y expresivos que consiguen transmitir la gran sensibilidad del film.


 

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