Búsqueda
críticas
televisión, radio y web
Un "glitch" en la memoria
Sharp Objects (2018). Dirigida por Jean-Marc Vallée, basada en la novela de Gillian Flynn. Producida por HBO. Con Amy Adams, Patricia Clarkson, Eliza Scanlen, Chriss Messina, Matt Craven, Henry Czerny.
 
La metáfora de la biblioteca como descripción del funcionamiento de la memoria individual, un modelo que hace pensar en los recuerdos como datos fijos, inmóviles, que pueden ser recuperados con mayor o menor fidelidad, ha dado paso en la contemporaneidad a otros modelos, como el de la computadora o, incluso, el de la orquesta sinfónica. Para la ciencia actual, la memoria individual se presenta como una performance, siempre distinta, de diferentes partes de la mente (y del cuerpo) que funcionan a la vez. Ese modelo de memoria, que implica un proceso de reconstrucción constante donde el recuerdo, la percepción y la imaginación se hacen indiscernibles, es el que aparece en los 8 capítulos de la sorprendente Sharp Objects de Jean Marc Vallée, y del que ya se mostraban algunos destellos en los confusos recuerdos de una madre víctima de violación en la exitosa Big Little Lies (2017), realizada por Vallée para la misma cadena. En Sharp Objects este modelo de memoria alcanza, por momentos, el paroxismo.
La secuencia inicial es ejemplar: una chica adolescente recorre en patines, junto a su hermana menor (quien sostiene en la mano una barra de caramelo Abba-Zaba), las apacibles calles de un pueblo del sur de los Estados Unidos, empapelado con una serie de avisos publicitarios derruidos que remiten a la estética de la posguerra y con los afiches de la campaña presidencial Bush vs. Clinton del 92. Acto seguido, entran a hurtadillas a la casona de su madre donde, luego de subir las escaleras, un afiche de “HOPE” con el rostro de Obama y otro de la feminista Gloria Steinem advierten al espectador, no sólo del carácter elíptico de este trayecto, sino de la transformación cultural que lo atraviesa. Las chicas ingresan al desordenado cuarto de una mujer en sus treintas y la despiertan pinchando con un clip su dedo anular. Se trata del sueño de la periodista Camille Preaker (Amy Adams) despertándose a sí misma en compañía de una hermana muerta 20 años antes. Y, sin embargo, la envoltura de Abba-Zaba aparece en el piso junto a su cama al levantarse; ¿es esa envoltura parte de la realidad objetiva de Camille? Esta pregunta que remite a la indiscernibilidad de los recuerdos, la percepción y la imaginación es la que se hará el espectador de aquí en adelante y hasta el último capítulo de la serie.
Camille, afectada por el alcoholismo y los traumas de la niñez, regresa a su natal Wind Gap, en el sur de Missouri, enviada por Frank Curry (Miguel Sandoval), su jefe y editor del Saint Louis Chronicle, a cubrir los misteriosos asesinatos de un par de chicas adolescentes acontecidos durante los últimos meses. La historia, basada en la novela policial del mismo nombre escrita por Gillian Flynn, se enmarca dentro del sureño gótico, un género que toma elementos de la literatura gótica y los transporta al escenario norteamericano: el castillo pasa a ser la enorme mansión victoriana insertada en el ambiente agrícola de los estados del sur; aparecen lo barbárico, el tabú y lo irracional asaltando a la psique humana, no obstante, en un contexto social decadente con las cicatrices dejadas por la abolición de la esclavitud y la derrota en la guerra de secesión. En ese contexto, Camille (una mujer autónoma, soltera y sin hijos) deberá enfrentar a su autoritaria madre Adora (Patricia Clarkson), a su siniestra hermanastra Amma (Eliza Scanlen) y a una colección de pueblerinos para quienes la maternidad es el rasgo definitivo de lo femenino.
Wind Gap es un pueblo dominado por mujeres que, paradójicamente, asumen el rol tradicional femenino anteriora la llegada de la contracultura. Son mujeres que mandan desde la pasividad, rodeadas de hombres que funcionan como accesorios; muestra de ello, el inoperante jefe de policía Vickery (Matt Craven) que necesita la ayuda del policía de Kansas, Richard Willis (Chris Messina), para resolver los asesinatos; o el inútil padrastro de Camille, Alan (Henry Czerny), cuya única ocupación parece ser la de reproducir viejos acetatos en un tocadiscos adaptado a un lujoso sistema de sonido que ocupa la sala de la gran casa de Adora. Es natural que las asesinadas sean un par de chicas descritas todo el tiempo como marimachos (tomboys) en una sociedad que rechaza las anomalías, como la misma Camille, quien al llegar al pueblo siente abrirse sus viejas heridas: las dejadas por la muerte prematura de su hermana y el desamor de su madre; las del mismo hecho de haberse rehusado, como las víctimas, a asumir el rol tradicional de la mujer en un entorno hostil.
La herencia de Camille, marcada por la locura, se refleja en cada una de las mujeres de la familia; un mal que se lleva en la sangre y que hace pensar en ese gran relato del sureño gótico que abre el género: La caída de la casa Usher (E. A. Poe, 1839).Por ello, no es casualidad que en Sharp Objects aparezca la conexión entre la casa y el linaje, o el persistente motivo de la grieta con forma de corazón en el techo del cuarto de la protagonista (que recuerda un poco a la que termina por destruir la casa del relato de Poe), o el macabro hallazgo que se hace esperar hasta el último minuto del show. La locura de Camille, manifestada en una serie de palabras que exorcizan sus traumas y que ella misma ha tallado en su piel desde la adolescencia, es la presencia más externa de un trastorno mental que la lleva a autolesionarse. Sin embargo, la manifestación más interesante de este trastorno se encuentra en las palabras que aparecen disimulada y fugazmente, plano a plano, en una puesta en escena en la que imaginación y percepción se entremezclan. En ocasiones, la implantación de estos detalles sutiles roza el paroxismo, convirtiendo a cada secuencia en una auténtica sopa de letras donde encontrar las palabras ocultas puede constituirse en todo un pasatiempo para el espectador.
Si el acceso a una realidad objetiva se encuentra imposibilitado por la indiscernibilidad entre percepción e imaginación, algo similar sucede entre percepción y memoria cuando los recuerdos de Camille se manifiestan a través de veloces flujos de imágenes del pasado que la protagonista revive en perfecta sincronización con el presente: con frecuencia, sobre todo en la casa de la madre, las secuencias que inician con un plano de la protagonista son intercaladas en raccord con planos de su contraparte juvenil (Sophia Lillis, el casting perfecto para una Amy Adams adolescente) recorriendo los mismos lugares. Y, desde luego, la imaginación también se entremezcla con la memoria, como cuando Camille le reclama a su madre por aquella ocasión en la que tuvo que raparse el cabello para evitar que le hiciera el peinado que detestaba; un recuerdo que el espectador puede impugnar, puesto que corresponde a la información que el padre de la primera víctima suministra sobre su propia hija en una entrevista con Camille.
La música de Sharp Objects, como es habitual en Vallée desde filmes como C.R.A.Z.Y (2005), tiene un papel protagónico. Camille, en un Ipod con la pantalla quebrada, escucha una playlist con temas de Led Zepellin que le permiten escapar, por momentos, de la sofocante Wind Gap y, de paso, mantener viva la conexión con una ex compañera de rehabilitación muerta por suicidio y antigua dueña del aparato de reproducción. El tocadiscos de Alan y su enorme colección de acetatos con viejos temas románticos de los años 50, corresponden a una tecnología analógica que evoca el anticuado modelo de la memoria como biblioteca, en contraste conla memoria digital del dispositivo de Camille que, como su propia mente, es siempre maleable, abierta a la sobreescritura y a la recombinación de elementos discontinuos, a esos fallos imprevistos que los informáticos llaman glitches. No es esta una interpretación disparatada sobre una miniserie que ha sabido subordinar el policial al drama psicológico, mucho menos interesada en recomponer el rompecabezas de los crímenes que los fragmentos de la psique de la protagonista.
Nombre
Email
Comentario